Doble cara (Harriet Blue 2) 113
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Lo había planeado ella. Todo. Y había disfrutado con ello, se había regodeado contando los días que faltaban para su gran golpe.

El día diecisiete de la cuenta atrás. El día diez.

El Día Cero. Eric Harris y Dylan Klebold habían seguido su cuenta atrás hasta el Día Cero desde más de un año antes.

Y el día de la masacre se habían despertado con la emoción de dos críos en Navidad.

Hasta aquel momento nadie los había escuchado, pero había llegado el momento de que lo hicieran.

—La primera vez que se lo conté a alguien abiertamente fue al jefe Campbell —dijo Bella—.

Pensé en ir primero a la sargento Snale, pero me pareció que no podría aguantar su conmiseración.

Se habría mostrado tan... comprensiva. Tan delicada con sus preguntas.

Y ¿sabes?, eso no podría aguantarlo. Así que me fui directo un día a la oficina de Soupy Campbell y se lo dije, tal cual.

—Y no te creyó.

—No, no me creyó. Y entonces supe que no valía la pena hablar con Snale, pese a lo asquerosamente comprensiva que pudiera llegar a ser.

El jefe le habría advertido que no debía hacer caso a nada de lo que yo le dijera.

Y ella le habría hecho caso. Era su mentor, y Campbell estaba convencido de que era todo mentira.

Por supuesto. Había escogido a la persona menos indicada para su primera denuncia de abusos sexuales: un hombre mayor en una posición de autoridad, alguien que no la conocía, alguien más que dispuesto a involucrarse en una actividad ilegal.

Theo Campbell debía de conocer bien el drama existencial de los adolescentes del pueblo.

Estaban atrapados, sin futuro, y de pronto se le presentaba la hija de uno de los hombres más honorables del pueblo con una denuncia ridícula, sin pruebas y sin testigos, confesando que había sido su cómplice durante años.

Se la había quitado de encima. Total, solo era una jovencita cabreada porque el egoísta de su padre se negaba a pagarle la universidad.

La estudiante de buen ver que flirteaba con los profesores para que le pusieran mejores notas y que los denunciaba por agresión sexual si no lo conseguía, la vecina de al lado que se desnudaba junto a la ventana abierta, fingiendo que no veía al vecino que la observaba, hasta que la pillaban, y entonces se hacía la tonta.

Era una seductora peligrosa, una guapa mentirosa, el terror de los hombres de mediana edad.

Yo había conocido a otras como ella. La chica a la que nadie cree, a la que hacen creer que debe avergonzarse y sentirse culpable, socavando su confianza hasta que acaba no creyendo en sí misma. La que se queda callada, la que espera hasta que no puede más, escribe una nota y se suicida.

Pero Bella no iba a suicidarse. Haría algo mucho más vistoso: un espectáculo, un despliegue terrorífico, en el que tendríamos tiempo suficiente para pensar antes de morir todos, abatidos por sus balas, corriendo para intentar salvar la vida. Había planeado un final de acto al estilo Carrie.

Y se acabarían las risas.