105
—¿Cuántos agentes tiene disponibles?
Kash estaba en el coche, con el teléfono pegado al oído. Sabía que estaba hablando con el jefe de policía de White Cliffs, que nos había dejado agentes para patrullar por la calle principal de Last Chance Valley mientras se congregaba la gente.
—Necesito al menos dos para proteger unos cadáveres y poner a dos sospechosos bajo custodia. ¿Puede enviármelos? No, no el que estábamos buscando. Otro. Le mando la ubicación.
Les ordené a Frank y John que se quedaran tendidos en el suelo, y me situé en la entrada de la cueva por si Mick se despertaba e intentaba salir. No esperaba que lo hiciera. Le había golpeado bastante fuerte. John Stieg estaba llorando, con la cabeza pegada al suelo de piedra. Kash vino a mi lado.
—¿Tú los crees? —me preguntó—. ¿Respecto a lo del diario?
—La verdad es que sí.
—Entonces el pueblo sigue en peligro —dijo.
Tras una hora tensa, sin palabras, Kash y yo volvíamos a estar en la carretera.
Kash había conducido a toda pastilla, aplastando plantas y ramas, hasta llegar a la carretera.
Habíamos tenido la muerte muy cerca. Me había lanzado sobre una pistola sin pensarlo.
Mi mente insistía en convencerme de que estaba a salvo, liberando sustancias químicas a través de mis venas para que mis pulsaciones bajasen.
Pero no habíamos encontrado al autor del diario.
Nos habíamos equivocado con respecto a Jace Robit y su pandilla.
No me di cuenta de la fuerza con la que apretaba el asiento del coche con mi mano buena hasta que Kash alargó la suya y me tocó el brazo.
—Me estás poniendo nervioso.
—Tú mira hacia delante —dije.
Llegamos a la carretera. Me removí incómoda en el asiento.
Tenía arena por todas partes, en la camisa, en los pantalones, y eso me estaba poniendo de los nervios.
Me quité el sujetador y me cayó un montón de arena sobre el vientre.
Me sacudí de un lado a otro, intentando quitármela de dentro de los vaqueros.
En el bolsillo delantero izquierdo, otro montón de arena, y un papelito. Saqué la nota plegada y la abrí. Encendí la luz interna del coche. La caligrafía era menuda e irregular, pero enseguida la reconocí. La había estudiado a conciencia.
Querida agente Blue:
Que lastima que no quisieses venir conmigo. Creo que abríamos formado una pareja estupenda. Perdón por el robo! Se que está mal. Pero ahi fuera ay todo un mundo de perdición y quiero ver si acava conmigo. ¡Por fin me voy de aquí! Eres una tía guay. Espero que nos bolvamos haber.
ZAC TABY
—¿Qué es? —preguntó Kash.
—Nada. —Me pasé la mano por la cara y guardé la nota. Zac debía de habérmela puesto ahí antes de salir a hurtadillas de casa de Snale y dirigirse hacia su perdición. Le había fallado. Y mucho.
—¿Harry?
—No es nada. Todo bien. Volvamos al pueblo. Si el asesino se deja ver, quiero darle hasta reventarle los huesos.