Doble cara (Harriet Blue 2) 104
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Era una pelea sucia. A Tox eso le gustaba. Había inmovilizado a Regan sobre la alfombra, tirando de él y torciéndole el cuerpo en una llave de cabeza, pero el otro se había hecho con una esquirla del jarrón roto y se la clavó en el antebrazo.

Tox retrocedió, entrando en la cocina a trompicones, y se arrancó la esquirla de la herida, salpicando sangre sobre los armarios.

Tenía a mano un hervidor de agua con el asa curvada.

Lo agarró y lo lanzó, y oyó cómo resonaba al contacto con la cabeza de Regan.

Junto a la puerta de la cocina había un botellero.

Regan cogió una botella de vino por el cuello a modo de maza.

Se lanzó contra Tox, pero este le agarró el brazo antes de que pudiera darle con la botella, que impactó con el borde superior de la nevera, rompiéndose en pedazos.

Tox consiguió encajar un par de puñetazos aprovechando la distracción.

Ambos cayeron sobre la nevera, haciendo entrechocar los frascos y botellas del interior.

Tox fue a por la garganta de Regan y le apretó la tráquea con los pulgares, aplastándole los tendones.

Las botas de Regan resbalaban por culpa del vino.

Estaba debajo de Tox, entre sus piernas, y lo agarró de la camisa.

Regan le agarró el tobillo y tiró de él, haciéndolo caer.

Intentó apartarse, a rastras, mientras Tox volvía a levantarse, apoyándose en la encimera.

Vio el bloque macizo que servía de soporte a los cuchillos.

Regan estaba tosiendo, hacía sonidos guturales.

Algo le pasaba en la garganta: o la tenía rota o fuera de sitio.

Tox cogió un cuchillo del soporte. Un fileteador, fino y de tamaño medio, afilado.

Se giró hacia su víctima. La fantasía de cualquier padre o madre ante el violador de su hija, con la bestia a su merced, una cuchilla afilada y él con las piernas abiertas.

Tox sabía que debía entregar a Regan vivo a la policía.

Pero quizá pudiera hacer algo para asegurarse de que aquel tipo no volvía a violar a ninguna jovencita.