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Tox hizo chasquear los nudillos y sonrió, el hombre sonrió y se lanzaron el uno contra el otro.
Aquel tipo había peleado en la cárcel. Tox enseguida se dio cuenta.
En la cárcel tienes que pelear rápido para que los guardias no te detengan antes, así que Regan hizo solo una finta antes de lanzar el primer puñetazo.
Tox le agarró el puño en cuanto le pasó junto a la oreja, tiró de su brazo y lo golpeó con fuerza en el esternón.
Regan se quedó sin aliento, se plegó en dos y cayó sobre la mesita auxiliar, rompiéndola en pedazos.
Tox agarró algo (un jarrón, una escultura o algo así, no miró lo que era) y le golpeó con ello una vez. No pudo darle una segunda.
La patada en la rodilla fue inesperada. Tox cayó de espaldas sobre una estantería, y más objetos salieron despedidos.
Tenía a Regan encima. Recibió un puñetazo en la mandíbula que le hizo temblar los dientes.
Tox bloqueó el segundo directo y luego le dio un manotazo en la nariz.
Regan empezó a sangrar profusamente, manchándose la camisa, pero hizo caso omiso.
Era un buen luchador, concentrado, decidido, que respondía bien a la presión.
Seguro que era un buen asesino. Esas chicas no habían tenido ninguna posibilidad.
Tox las vio por un momento, una imagen fugaz en su mente, con aquellos dientes relucientes y los ojos radiantes, un futuro brillante ante ellas.
Fue lo que necesitaba para recuperar la concentración. Dio un salto adelante.