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«¡Seamos realistas!».
Conduje por el desierto, intenté ser realista.
Sí, mi hermano había confesado los asesinatos de tres bellas jóvenes que estudiaban en la misma universidad en la que él trabajaba tres días por semana.
Habían desaparecido, tal como había dicho el cabrón de Glen, el tipo de la Científica, justo ante las narices de mi hermano.
Así que era «probable» que se debiera a que fuera él quien las había matado.
Sí, encontraron una enorme cantidad de pornografía de contenido violento en el apartamento de mi hermano. Y era «probable» que eso se debiera a que el propio Sam la había comprado porque le gustaba, porque eso alimentaba sus fantasías. Porque era un asesino.
Sí, era «probable» que, quienquiera que fuera el hombre de la cabeza afeitada, le hubiera dicho a Caitlyn McBeal que era socio de mi hermano porque efectivamente lo era.
Sí, era «probable» que Sam fuera violento porque yo era violenta.
Que tuviera un lado oscuro, una bestia en su interior que no podía controlar.
Un feroz perro guardián idéntico al que había empezado a crecer en mi interior desde el momento en que nací.
Un Cerbero, un sabueso del infierno, una bestia feroz que dejaba suelta cuando me resultaba útil.
Le daba rienda suelta de niña, cuando los padres o hermanos mayores de mi familia de acogida se colaban en mi dormitorio por la noche.
Cuando llegaba a un nuevo colegio y los niños la tomaban conmigo.
Cuando los hombres que perseguía en mi trabajo se libraban de responder por lo que les habían hecho a sus víctimas y alguien tenía que encargarse de arreglar las cosas.
Mi bestia era peligrosa. Saltaba antes de que pudiera dominarla. A veces conseguía hacerla retroceder. Pero había hecho tan buen trabajo todos aquellos años protegiéndome, que ahora ya era demasiado fuerte como para plantearse que pudiera llegar a domesticarla.
¿Tenía Sam una bestia igual en su interior? ¿Y se había desbocado? ¿Había desarrollado unas ansias de sangre insaciables?
No, eso no me lo creía. Y nunca podría creérmelo.
Porque si podía sucederle a él, también podía pasarme a mí.