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La gente cree que en el desierto australiano no hay donde esconderse.
Que eso lo convierte en un terreno de caza perfecto porque no hay refugios en cientos de kilómetros.
Un mar de arena con algún grupito de árboles finos aquí y allá, muertos o moribundos.
Pero lo cierto es que el desierto está lleno de recovecos.
Desde donde yo estaba con Kash, Last Chance Valley era casi invisible a lo lejos, salvo por una pequeña elevación donde el borde de roca se asomaba sobre el horizonte.
Yo sabía que, más allá de donde estábamos en ese momento, había grietas y fisuras que se adentraban en la tierra, algunas de kilómetros de profundidad.
Era un lugar traicionero, por donde no convenía merodear en noches sin luna.
Sería el terreno de caza perfecto, pero no por su aridez. Es un lugar poroso, lleno de secretos.
Y fue allí, en la profundidad del desierto, donde me encontré con el equipo de la Policía Científica. Habíamos pasado el día en la cresta, observando la casa de Jace Robit.
Dos hombres del equipo que se había ocupado del coche calcinado en casa de Snale se acercaron en un todoterreno cubierto de polvo hasta el lugar del desierto donde nos encontrábamos. Uno era el tipo del bigote que me había mirado tan raro en el recibidor de la casa de Snale.
—Hola, soy Glen y este es Wayne. —Le estrechó la mano a Kash. A mí me ignoró—. Acabamos de terminar con el vehículo. Aquí está todo.
Le dio un informe a Kash.
—Necesitaría que os quedarais por el pueblo, para echarnos una mano si la necesitamos. Hoy va a pasar algo a las ocho —les dijo Kash—. Tenemos a unos sospechosos interesantes en movimiento. Harry y yo nos encargamos de esta posición, y en el pueblo tendremos a Snale y otros agentes.
Glen me echó otra mirada de desprecio. Yo levanté la barbilla en un gesto desafiante.
—¿Qué problema tienes conmigo, colega?
—Nada —dijo él encogiéndose de hombros.
—Venga, suéltalo.
Él suspiró y le echó una mirada a su compañero.
—Sé quién eres. Yo estuve ahí, en el piso de tu hermano, cuando entraron después de detenerlo.
Se hizo un silencio profundo, y sentí un peso cada vez mayor sobre los hombros.
—¿Sí? —dije yo—. ¿Y qué quieres decir con eso?
—Quiero decir que vi las pruebas, inspectora Blue.
La cinta adhesiva en la cama. Las sábanas revueltas.
La cámara de vídeo. Era algo macabro. He tenido pesadillas sobre lo que pasó en ese apartamento.
Me resulta algo irritante que hayas seguido respaldando a tu hermano todo este tiempo, eso es todo.
—En ese apartamento no pasó nada.
—Quizá deberíamos... —intervino Kash.
—Entonces, ¿cómo te lo explicas? —dijo Glen—.
Te he oído decir que le han tendido una trampa.
Debes de creer que ha sido ese tío al que está buscando ahora la policía, el de la cabeza rapada, el que secuestró a Caitlyn McBeal.
El que le dijo a Caitlyn que era compañero de Sam.
O sea, que ese tipo secuestra a las chicas ante las narices de tu hermano, las asesina salvajemente y tira los cuerpos por ahí como si fueran basura.
Espera a que Sam se vaya al trabajo y dice: «¡Ajá!
¡Es mi ocasión para volver a hacerlo!». Secuestra a Caitlyn, y se dispone a hacerle también a ella todas esas salvajadas cuando...
¡Oh, joder, han arrestado a Sam! ¡Mierda! ¡Eso no estaba en el guion!
—Colega —dijo Kash dando un paso adelante y alargando una mano—. Ya basta.
—Así que el tipo piensa: «Joder, podría pasarme por casa de Sam y dejar las pruebas antes de que la policía vaya a examinar el lugar».
Ahora Glen ya había empezado a mover las manos con gestos enfáticos. Esperaba que le diera algún tipo de respuesta. Pero yo no encontraba palabras.
—¿No es más probable que Sam fuera a ir esa noche a su casa y que fuera a encontrarse con el hombre de la cabeza rapada, y que fueran a matar a Caitlyn McBeal juntos?
Tú eres violenta, inspectora. Todo el mundo lo sabe.
¿No es más probable que tu hermano también lo sea, en lugar del hombre inocente e incomprendido que afirmas que es? ¡Seamos realistas!
Una parte de mí, la Harry que tan bien conocía, habría dado un paso adelante y le habría soltado un gancho.
Un puñetazo rápido, de abajo arriba. Pero cuando la interpelé, me encontré con que estaba demasiado agotada para reaccionar.
Me giré y me fui hacia el coche, y oí que Kash me llamaba justo cuando me metía dentro.
Esta vez no tenía fuerzas para luchar, para afrontar mis problemas. Y hui.