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Kash me despertó dando un empujón al borde de la cama con su pesada bota, aunque no es que estuviera durmiendo profundamente. Lo había oído haciendo ejercicio hacia las tres y daba la impresión de que no se había duchado. Olía a sudor.
—Es todo un montaje —dijo.
—Si vas a ser tan críptico, necesitaré un café —respondí con un atisbo de esperanza, pensando que quizá me estuviera hablando del caso de Sam. Pero tenía un portátil en la mano, y cuando se sentó a mi lado vi que en la pantalla había un montón de información sobre billetes de avión.
—Jace Robit y su pandilla van a salir por patas —dijo señalando la pantalla—.
Un colega de la ASIO me ha enviado esto después de que lanzara una orden de seguimiento contra Robit y sus tres colegas.
En los últimos seis meses, los cuatro han solicitado el pasaporte.
Y todos ellos se han comprado un billete solo de ida al aeropuerto Ngurah Rai de Bali. Todos se van el mismo día.
—¿Cuándo?
—La semana que viene.
—Podría ser una escapada de turismo sexual —alegué mientras me frotaba los ojos.
—John Stieg —dijo Kash, poniendo en pantalla una foto de cara del amigo de Jace, bajito y corpulento—. Ha cerrado todas sus cuentas de juego en internet y ha retirado todo su saldo. Y Damien Ponch ha vendido la camioneta.
—Un gran fin de semana de turismo sexual.
—Billetes solo de ida, Blue —señaló, dándome un codazo—. Concéntrate. Yo creo que todo esto ha sido una distracción, una estrategia de huida. No es un plan de ataque. Están intentando frenarnos, asegurarse de que solo reaccionaremos si pasa algo gordo.
—No lo entiendo.
—Coge tus cosas. —Se puso en pie y me acercó la bolsa con el pie—. Te lo explicaré de camino. Last Chance podría correr más peligro de lo que pensábamos.