83
Era un plan para una masacre. A medida que iba emergiendo la página que faltaba, el corazón se me iba encogiendo más y más.
Antes, cuando el diario no era más que un opúsculo para cantar las alabanzas de unos cuantos asesinos en serie y un compendio de tecnología armamentística, podía restar importancia a los planes de su autor para con la gente de Last Chance Valley.
Pero ahora veía claramente que el asesino quería asegurarse de que no sobreviviría nadie.
Los edificios de la calle principal formaban dos columnas idénticas en el centro de la página: a la derecha, la oficina de correos, una ferretería, una minúscula cafetería y un supermercado, entre otros; a la izquierda, frente a la oficina de correos, estaba la pequeña comisaría de Snale, una casa de una sola planta con una sala de interrogatorios, una celda, espacio de oficina para dos personas y la armería.
Luego venía el pub, con el aparcamiento detrás, una tienda de suministros para granjas y un taller mecánico, también con un amplio aparcamiento de asfalto.
Cuatro edificios principales, uno junto al otro, formando dos bloques idénticos.
Y en torno a los edificios, el autor del diario había marcado una línea de puntos que indicaba las fases de su plan.
PASO UNO : matar a la agente Snale en la comisaría. Conseguir armas.
PASO DOS : colocar el artefacto #1 en el aparcamiento detrás del pub. Activar el temporizador.
PASO TRES : coger el camión articulado del aparcamiento del taller y usarlo para bloquear el extremo inferior de la calle principal, creando un espacio en forma de U para atrapar a las víctimas.
PASO CUATRO : colocar los artefactos #2 y #3 en el camión articulado. Activar los temporizadores.
PASO CINCO : atrapar a John Destro y tomar el balcón superior de la oficina de correos.
Kash, Snale y yo nos quedamos mirando el plano sombreado, siguiendo los pasos con la vista.
—Esto es aterrador —murmuró Snale. Una fina pátina de sudor le brillaba bajo la línea de nacimiento del cabello.
—Tú eres el experto en táctica —le dije a Kash—. ¿Qué te parece?
Kash sonrió brevemente. Una tregua por fin, sus conocimientos en tácticas terroristas por fin entrarían en juego.
—Es una operación para un solo hombre. Todos los pasos son secuenciales.
No hay nada que indique que pueda haber dos personas actuando simultáneamente.
Quienquiera que sea, tiene mucha confianza en sí mismo.
El paso uno, acabar contigo, Vicky, mientras estás de servicio en comisaría.
Eso no es moco de pavo. No me lo imagino entrando ahí sin más y exigiéndote las llaves de la armería.
—A menos que ya esté armado —dijo Snale—. Y piense sorprenderme y pasar del arma que tenga a las semiautomáticas.
Se hizo un silencio tenso. Kash puso un dedo sobre el papel y resiguió la línea de puntos.
—Luego va y coloca una de sus bombas en el aparcamiento, detrás del pub.
Coge un camión articulado y lo usa para bloquear la calle, creando una trampa.
Su primera bomba debe hacer salir a todo el mundo del pub a la calle.
El camión explota, bloqueando esa salida.
Todo el mundo huye hacia este espacio. —Señaló el centro del plano, el espacio en forma de U entre los edificios y el camión en llamas—.
Quedan atrapados, como ganado. La única salida es pasando frente a la oficina de correos.
Y él espera en el balcón, con una semiautomática, listo para ir acabando con todos, uno tras otro, mientras corren desesperados.
—Es...
Snale se había quedado sin palabras. Frunció los labios.
—Es muy sofisticado —dijo Kash, acabando la frase por ella—.
Usa tácticas de control de masas para aumentar al máximo el número de víctimas.
Eso lo habrá aprendido de los asesinos en serie que ha estudiado.
Calcular dónde se concentrarán las víctimas.
Predecir sus movimientos cuando se desate el pánico, y guiarlos hacia la línea de fuego bloqueando las salidas.
Pero es curioso que no quiera llevar a los supervivientes de las primeras explosiones hacia una explosión final. Quiere abatirlos uno a uno.
—Por el mismo motivo que dejó una nota en el volante —dije yo—. Y por lo mismo se paseó ante Theo Campbell justo antes de su muerte. Quiere darles tiempo para que se den cuenta de lo que les está ocurriendo. Tiempo para... —Me encogí de hombros—. No sé, para que sientan...
—¿Remordimientos? —sugirió Kash.
—¿Remordimientos por qué? —preguntó Snale.
Pasé unas cuantas páginas del diario. Lo único que tenían en común todos los asesinos en serie del diario era su rabia. Su deseo de castigar.
No quería morir, pero no tendré elección. La venganza es el único camino posible.
Me lo pagaréis todos.
Esto podríais haberlo evitado.
—Tenías razón, Harry —dijo Kash—. Tenías razón desde el principio.
No es terrorismo. No está intentando hacer una declaración política, espolear a la gente para que actúe.
Esto es pura venganza. Quiere que la gente de Last Chance Valley se arrepienta de lo que sea que hayan hecho para merecerse esto.
—¿Y qué es lo que hemos hecho? —preguntó Snale, sin poder contener el llanto. Me la quedé mirando mientras se levantaba de la mesa en dirección al baño, limpiándose las lágrimas de las mejillas.
Me giré otra vez hacia el mapa.
—El plan parece buscar realmente crear el máximo número de víctimas —dije—. Así que podemos suponer que lo pondrá en marcha en el momento en que más gente haya en el pub del pueblo, si es que el asesino no ha abandonado su plan.
—No veo por qué iba a hacerlo —dijo Kash—. Sabe que tenemos el diario, pero no que tenemos la página del plan. No tiene motivos para sospechar que este se ha visto comprometido.
—Bueno, ¿y cuándo hay más gente en el pub?
—El sábado por la noche está ahí casi todo el pueblo —dijo Snale desde el umbral.
Todos nos giramos hacia el calendario colgado de la pared. Teníamos dos días para evitar la masacre.