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Whitt estampó el papel contra el plexiglás de la cárcel y lo señaló.
—¿Quién cojones es este?
No era de los que sueltan tacos con facilidad, pero ya no podía más.
La charla con Caitlyn McBeal en una habitación llena de gente que prácticamente se habían resignado a no verla nunca más lo había llevado al límite.
El instinto le pedía cogerla en brazos, darle de comer, cuidarla como si fuera un bebé.
Sam examinó el papel que sostenía Whitt contra el cristal del centro de visitantes, el retrato robot del hombre que había estado a punto de matar a Caitlyn. Sam miró a Whitt y se encogió de hombros.
—No tengo ni idea.
—Ya basta de tonterías —dijo Whitt acercándose hasta situar la nariz a apenas unos centímetros del cristal—.
Este es el tipo. Lo tenemos grabado en vídeo, comprando la cámara que se encontró en tu apartamento.
—Rebuscó entre sus papeles y extrajo la imagen de la tienda de empeños—.
Tenemos la declaración de Caitlyn, que afirma que cuando se enteró de tu detención, se desesperó.
Tiene tu edad más o menos, delgado, brazos largos.
Este tipo podría ser tu gemelo. ¿Quién cojones es?
—¡No lo sé! —exclamó Sam con tono suplicante—. Lo llevo viendo toda la mañana en las noticias. ¡Te digo que no conozco a este tipo! ¡No lo he visto en mi vida!
Whitt dejó resbalar el papel por el cristal y se dejó caer en el respaldo de la silla.
—No te creo —dijo, y luego emitió un suspiro—. Ya no puedo creerte. El tipo no tenía ninguna necesidad de decirle a la chica que erais socios para cargarte el muerto. Sobre todo porque no esperaba que sobreviviera.
—¿Le dijo que éramos socios?
—De forma indirecta.
Sam se rascó el cuello y luego sacudió la cabeza con fuerza, como si intentara quitarse agua de los oídos.
—¿Cómo sobrevivió? —preguntó.
—Consiguió escapar.
—A lo mejor es lo que había planeado él.
—Lo dudo. La chica mató a un indigente. Luchó a muerte para salir de ese lugar. Cuando Tox la encontró, estaba arrastrándose por el suelo. Los expertos calculan que apenas le quedarían unos días de vida.
—Mira —dijo Sam acercándose al cristal—, necesito que sigas creyendo en mí o no saldré nunca de aquí.
—Si quieres salir de aquí, más vale que mires bien este maldito dibujo y pienses en quién demonios es este tipo. —Whitt dejó la imagen boca arriba sobre el mostrador y se fue, sin decir palabra al pasar frente a los guardias de seguridad y salir al vestíbulo.
Odiaba reconocerlo, pero empezaba a preguntarse si Sam Blue no estaría exactamente donde le correspondía.