Doble cara (Harriet Blue 2) 65
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Caitlyn se giró y aprovechó la inercia para levantar el cuerpo, lanzando el hombro, el brazo y la mano hacia arriba. La varilla de metal brilló al contacto con la luz.

Encontró menos resistencia de la que se esperaba. El extremo de la varilla se clavó directamente en la cuenca del ojo del hombre, tembló un momento al abrirse paso por el hueso y se quedó alojada en su cerebro.

Se puso en pie y dio unos pasos atrás mientras el hombre se tambaleaba, gruñendo, tieso como un pescado, hasta que cayó de espaldas, con la boca abierta y la varilla saliéndole de la cabeza, en una imagen grotesca, sin sangre.

Caitlyn se estremeció. Lo miró de arriba abajo: sus viejas ropas y botas mugrientas, los largos tentáculos de cabello gris y castaño que le caían a los lados del cráneo, pero el resto sin un pelo.

Un indigente. Uno de esos que debían haber ocupado el hotel, dejando toda esa basura que había visto en el vestíbulo. Ahora que la puerta de su prisión estaba abierta, oía la lluvia, que caía con fuerza.

Se tambaleó, intentando contener las arcadas.

Su estómago se rebelaba contra la imagen que tenía grabada en la memoria de la varilla disparada hacia arriba, su víctima quedándose sin aliento.

Contuvo las náuseas, animada por la perspectiva del oscuro umbral que se abría ante ella.

Al subir las escaleras, sintió la presión de los sollozos que se abrían paso por su garganta, pero no los oía.

Le pitaban los oídos. Le pareció que pasaba una eternidad antes de sentir el contacto del marco de la puerta en la mano y poder contemplar el largo pasillo.

Él estaba allí.

Con la mirada fija en la puerta abierta, y luego en su rostro.

El captor de Caitlyn echó a caminar hacia ella.