Doble cara (Harriet Blue 2) 60
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El chico se durmió enseguida, ajeno a los ronquidos del cerdo. Yo me quedé estirada de lado, a oscuras, con la mirada fija en la pared. Al rato suspiré, cogí el teléfono y envié un mensaje de texto.

«Si rechazas la entrevista de la revista, te pagaré cincuenta mil —escribí—. No puedo dejar que sabotees la defensa de Sam».

Esperé. Al cabo de un rato, el teléfono vibró entre mis manos y la luz de la pantalla me iluminó el rostro.

«¿Cuándo puedes conseguir el dinero?», preguntaba mi madre.

«Te lo mando mañana», escribí.

«Lo preferiría en efectivo», respondió ella.

«Sí, claro. Cómo no», pensé.