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—Esto es lo que pasa cuando mandas a tus hijos a la universidad —dijo Dez pasándose la mano por el escaso cabello pelirrojo oscuro y aplanándoselo—. Siempre quieren cuestionarlo todo.
—¿Tiene razón? —pregunté, en el momento en que Bella aparecía con unos platillos de entrantes—. ¿Sus antepasados mataron a la población indígena del valle?
—La historia no es tan clara como quiere hacerles creer Bella —dijo Dez—.
Los Destro escribían diarios y llevaban registros, y por las cartas que mandaban y recibían de Inglaterra podemos deducir algunas cosas.
Pero eran sobre todo las mujeres las que escribían, y ellas no hablaban sobre ese tipo de cosas.
Por supuesto que habría muertes. Pero no sabemos si fue a causa de accidentes cuando los indígenas intentaron ayudar a la familia Destro a asentarse.
Por lo que yo sé, los antepasados de Jed eran nómadas, así que no veo por qué los nuestros no habrían podido forzarlos a cambiar de ubicación en caso de desacuerdo.
—El valle en el que está el pueblo es único en la región —puntualizó Bella—.
Tal como habrán observado, la tierra es diferente: conserva el agua y el valle está protegido.
Y las altas paredes de roca facilitan la caza.
Es el mejor lugar para un asentamiento en cientos de kilómetros a la redonda.
Yo desde luego no lo cedería sin plantear batalla.
—Bueno, no se trata de ti, cariño —dijo Dez con una sonrisa tensa, al tiempo que le daba una palmadita en la mano a su hija—.
Hubiera muertos o no, la mayoría de pobladores indígenas se reubicaron fuera del valle y siguieron con sus vidas.
Ahora solo queda Jed. Yo he intentado que volviera al rebaño, pero no parece interesado. Es un hombre muy tozudo.
—Intentaste convertirlo en una atracción turística —replicó Bella.
—¿En qué? —preguntó Snale.
—Le ofrecí participar en el programa de liderazgo —precisó Dez—. Bella está convencida de que estaba siendo racista.
—Y así es.
—Cada año lanzo un programa dirigido a los niños de las poblaciones vecinas —me explicó Dez—.
Todo el mundo se puede presentar, y cuento con la colaboración de los profesores para seleccionar a los mejores candidatos, los que tienen más potencial.
Me llevo a tres o cuatro chavales al desierto y hacemos ejercicios.
Pensé que quizá Jed podría ayudarme con sus conocimientos sobre el entorno.
Como parte del programa de reconciliación del Gobierno, el pueblo de Jed recibió muchas tierras fuera de los límites del pueblo, pero no me consta que les saque demasiado partido.
Ahí fuera no hay nada. Aun así, es el propietario legal, y podría prohibirnos el acceso si quisiera.
Pensé que quizá podría enseñárnoslas, ¿sabe?
Él sabe cosas. Sobre la vida en el desierto, por ejemplo.
O sobre la importancia de determinados puntos emblemáticos y ciertos animales para los aborígenes de esta región.
—Racista.
—¡Bella!
—¿Qué? Eso es racista —insistió—. Estás haciendo toda una serie de suposiciones degradantes.
Estás dando por sentado que ese tipo debe de ser una especie de rastreador aborigen místico solo porque tiene antepasados indígenas —dijo agitando los dedos como si estuviera haciendo un truco de magia—.
Que te hablará de la serpiente del arcoíris y de cómo obtuvo el canguro su cola, y que se olvidará del asalto a su tierra de origen.
Todas esas cosas desagradables quedan en el pasado, ¿verdad?
Dez se tapó los ojos.
—Aunque ese tipo tuviera realmente todos esos conocimientos culturales tan interesantes, ¿qué te hace suponer que querría compartirlos contigo?
—¿Por qué no iba a hacerlo? —respondió Dez encogiéndose de hombros.
—Tienes razón. —Bella le dio un trago al vino—. Por supuesto. Estaría encantado de ser de ayuda, de que lo invitaras a formar parte del pueblo.
—¿Y entonces qué sugieres que haga con él?
—No hagas nada con él —dijo Bella—. Está claro que quiere que lo dejen en paz. Pues déjalo en paz. No quiere contacto con la gente de este pueblo porque no le gusta. No le vas a caer bien a la gente porque tú quieras.
—¿Cómo no íbamos a caerle bien? —dijo Snale—. Somos encantadores.
—Alguien está intentando mataros a todos, Vicky —respondió Bella—. No seréis tan encantadores.