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Entramos en el vestíbulo de la casa, de techos altos.
En las paredes había cuadros que mostraban paisajes románticos bañados por el sol, todos mostrando Last Chance Valley desde diferentes ángulos, y antiguos planos de la construcción del pub del pueblo y de la oficina de correos.
Me paré junto a un dibujo en carboncillo que representaba a un puñado de colonos europeos al borde del valle desierto, con palas y picos al hombro, mientras sus mujeres, con tocados en la cabeza, llevaban a los niños en brazos.
—Ese lo hizo mi tío abuelo —dijo Dez, situándose a mi lado. Olía a loción de afeitado y llevaba una camisa blanca impecable y corbata—. Bonito, ¿verdad? La familia acampó ahí, en la escarpadura, durante dos meses, mientras los hombres preparaban el valle.
—Hmm —respondí—. Está bien.
—Hay más por aquí —dijo mientras nos conducía al salón—. Póngase cómoda. ¿Puedo ofrecerle una copa de vino?
Kash estaba de pie en el porche, observando las vacas en el campo, con un vaso vacío en la mano, probablemente de whisky.
No le veía toda la cara, pero parecía triste.
Me pregunté si habría hablado con Tenacity mientras yo estaba de visita en casa de Jed.
Me vio a través de la ventana y le echó una mirada a su whisky. Sonreí.
De pronto salió una chica de la cocina, una figura esbelta con una larga melena rubia.
La hija de Dez. Había conseguido esquivar los genes que le habían dado a su padre aquella complexión maciza y rechoncha, pero tenía sus mismas pecas cubriéndole los brazos, de color crema.
Se acercó a mi lado y se puso a contemplar el dibujo.
—Esto es desde el norte —dijo señalándolo—. Recorrieron todo el valle intentando encontrar el modo más seguro de bajar. Era peligroso. Perdieron un par de caballos solo intentando llegar al fondo.
—Harriet, deje que le presente a mi hija, Bella. Lleva oyendo historias del asentamiento de los Destro desde que era niña —dijo Dez mientras ponía la mesa. Me senté en una silla en un extremo, junto a Snale.
—¿Vives aquí con tu padre? —le pregunté. Bella sonrió. Llevaba una camiseta que decía «I’d wear it if it came in black» y pantalones cortos, y un par de pantuflas caras. Cogió una silla cerca de la mía y se sentó.
—En realidad no. He venido de visita. Se supone que estoy estudiando para los exámenes de fin de curso. Estoy en la Universidad de Sídney, estudio Derecho y Políticas.
Casi me atraganté con el vino.
—Sí, ya —dijo ella con una sonrisa indulgente en los labios.
Encogió las piernas y las recogió sobre la silla, como un gato—.
Sé quién eres. He estado siguiendo el caso de tu hermano desde que empezaron a desaparecer chicas.
En esa época, la mayoría de mis clases eran a distancia, así que no estaba ahí, pero la gente estaba bastante asustada.
Lo vi todo en la tele. Y luego papá me dijo que estabas aquí.
Fue... o sea, vaya tela. ¿Tú tenías idea de que tu hermano estaba matando chicas?
—¡Bella! —la reprendió Dez—. La inspectora Blue no está aquí para hablar del caso de su hermano. Se suponía que esto iba a ser una cena cordial.
La chica se encogió de hombros.
Dez sacó algo de picar y nos pusimos a hablar sobre el pueblo y sus diferentes personajes.
Kash guardó silencio, con la mirada fija en su bebida.
Al cabo de un rato, Dez retiró los platos y nos sentamos todos en torno a la mesa del comedor.
Mientras hablaba con Snale, sentía los ojos de Bella puestos en mí.
—¿Tú estás informada sobre el caso de su hermano? —le preguntó Bella a Snale, esquivándome.
—Bell, de verdad... —respondió Snale con un suspiro.
—Oye, todo el mundo tiene muertos en el armario —dijo la joven, jugueteando con el tenedor—.
Yo no creo que tengas nada de lo que avergonzarte, Harry.
Nuestra gente masacró a los indígenas que vivían en Last Chance Valley al instalarse aquí.
Y expulsaron a los supervivientes, mandándolos al desierto.
Dos siglos más tarde, solo queda uno de ellos, merodeando por ahí, como una mancha que nadie consigue quitar.
Dez elevó la mirada al techo y suspiró.
—¿De verdad tenemos que hablar de eso?
Bella me miraba atentamente, esperando mi reacción.
—La gente lo llama Last Chance Valley por todo ese desierto —dijo—.
La última oportunidad de conseguir comida y refugio antes de adentrarse en ese enorme vacío que se extiende en todas direcciones.
Pero no es cierto. La familia Destro se presentó aquí y les dijo a los nativos que tenían que irse.
Y cuando se negaron, les dieron una última oportunidad antes de bajar al valle con sus pistolas.
—¡Bella! —gritó Dez dando un puñetazo sobre la mesa—. Ve a la cocina y comprueba cómo está el asado.
La chica se fue tan tranquila, dejando tras ella un ambiente tenso y violento.