Doble cara (Harriet Blue 2) 34
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—Creo que debería verme un médico —dijo Whitt tocándose la nuca y mirándose las yemas de los dedos ensangrentadas. Estaban sentados a la barra de un bar al que lo había llevado Tox, que cogió la botella de whisky y sirvió dos tragos.

—Odio trabajar con gente —dijo Tox—. No lo empeores haciéndome trabajar con una nenaza.

Whitt se bebió el whisky con ganas. Tenía la boca seca y estaba tenso, nervioso. Y ese tal Tox no lo tranquilizaba demasiado. No había nada en él que confirmara que era lo que decía que era: un agente de policía en activo, alguien que había trabajado con Harry en un caso importante.

—Harry ha hecho todo el trabajo duro para el caso de Sam —dijo Whitt—. En mi maletín tenía una copia de sus notas. Quienquiera que me haya golpeado debe de trabajar para la prensa. Estarán buscando noticias frescas sobre el caso de Sam.

—No lo creo —replicó Tox con un gruñido—. Yo creo que ha sido el mismo que ha incriminado a Sam, que intenta ir por delante: quiere saber qué sabemos.

—¿Así que tú también crees que todo esto es un montaje?

—Sí.

—Pero ¿por qué haría alguien algo así? —dijo Whitt intrigado, acercándose un poco—. ¿Matar a tres chicas inocentes solo para vengarse de Sam?

—Quienquiera que fuera, iba a matar a esas tres chicas igualmente —respondió Tox con un gesto desdeñoso—.

Las tres chicas eran del mismo tipo. Blancas, jóvenes, morenas ambiciosas.

No, eso era la fantasía de alguien. Fue algo ritualizado, asesinadas con la misma técnica y abandonadas en el mismo sitio.

Quienquiera que asesinara a esas chicas no es la primera vez que lo hace.

—Eso no encaja con Sam Blue —dijo Whitt, y luego echó un trago—. Tiene antecedentes, pero nada violento ni sexual. Pequeños hurtos y posesión de drogas cuando era adolescente. Ha tenido una conducta impecable, al menos durante la última década.

—Hmm —gruñó Tox—. Pero Harry tiene esa vena violenta, así que el público asumirá que Sam también la tiene, solo que se le da mejor ocultarla.

Los dos se quedaron mirando sus bebidas.

—Si quieres que te diga lo que pienso, nos enfrentamos a dos posibilidades —dijo Tox—.

El asesino ha decidido cargarle sus crímenes a alguien, y ha elegido a Sam Blue, por venganza o por lo que sea.

O eso, o la policía que investiga los asesinatos ha decidido que necesita un culpable, y Sam Blue les ha convenido.

—¿La policía? —replicó Whitt con un bufido—. Ahora sí que no te sigo.

—¿Conoces a los miembros del equipo encargado del caso? ¿Nigel Spader y sus hombres?

—No —reconoció Whitt.

—Yo los conozco desde hace tiempo. Desde la academia.

Son unos auténticos cowboys . Yo también tengo algo de historia.

—Le echó una mirada a Whitt—. Te enterarás muy pronto.

El caso es que yo he visto a esos tipos cuando sacan las uñas.

Puede ser que dieran con Sam por accidente o que tuvieran alguna cuenta pendiente con Harriet y hayan usado a su hermano como sospechoso.

Whitt suspiró.

—¿Y qué demonios vamos a hacer para aclarar el asunto?

—Por lo que yo sé, Harry ha estado investigando a las chicas, repasando sus autopsias, las escenas del crimen, sus secuestros, buscando pistas.

Yo creo que tenemos que investigar qué ha pasado con esa tal Caitlyn McBeal.

Ver cuál es la versión final de lo sucedido que nos da Linny Simpson.

¿Dónde está Caitlyn? ¿Por qué no responde a su teléfono ni accede a sus cuentas en redes?

Es raro. Y la reacción de la policía es aún más rara.

Pero no quieren admitir que es raro porque les reventaría su teoría sobre Sam Blue.

—De acuerdo —dijo Whitt irguiendo la cabeza. Sentía un cosquilleo en su interior. Esperanza, una esperanza peligrosa—. Eso podemos hacerlo. Podemos encontrarla.

—No te emociones demasiado —dijo Tox tras echar otro trago—. Necesitamos encontrarla viva. Si la encontramos muerta, lo único que tendremos son más preguntas por responder.