Doble cara (Harriet Blue 2) 33
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Cuando salí de la sala de interrogatorios, dejando dentro a Zac para que se calmara un poco, vi a una mujer pakistaní, esbelta y guapa, de pie en la sala principal de la comisaría, con Snale y Kash.

Era la madre de Zac. Kash seguía con su papel de interrogador, con los brazos cruzados y la cabeza gacha, mirándola con intensidad, como si pudiera ver sus malvadas intenciones reflejadas en su cara o en su pose.

Al mirarla, yo no veía más que una mujer preocupada y fatigada, harta de las tonterías de su hijo.

—¿Está ahí? —me dijo señalando hacia la puerta al ver que la cerraba—. Voy a matar a ese chico.

Me reí. Sus palabras eran mucho más violentas que su aspecto.

—Su hijo no ha hecho nada malo, señora Taby —dije—. Al menos no últimamente. O que podamos ver.

—Sí, ya, nada que nadie pueda ver —respondió ella airada—.

La mitad de las veces no me entero de los líos en los que se ha metido hasta tres semanas más tarde, cuando alguien me hace algún comentario solapado sobre su gato muerto o su granero quemado.

Él no ha matado al señor Campbell, agente, pero le aseguro que tampoco ha estado por ahí recaudando fondos para la beneficencia.

Hace tres días que no le veo el pelo. Necesita un buen cachete.

—Bueno, después de que le haya dado ese cachete, le agradeceríamos que lo tuviera encerrado un par de días —dije—. Hasta que todo se calme.

—¿Dónde está el señor Taby? —preguntó Kash.

—El señor Taby no tiene tiempo para irle detrás a nuestro pequeño monstruo —dijo la madre de Zac poniendo los ojos en blanco—.

Trabaja a distancia para la Ektor Corporation.

Tiene horarios raros. A veces tiene que pasarse toda la noche despierto para hablar con sus socios de división.

Se pasa dieciséis horas al día pegado a ese ordenador.

—La Ektor Corporation —repitió Kash asintiendo—. Vale.

—Su hijo se ha metido en un buen lío, señora Taby —insistí—. Vamos a necesitar que lo tenga controlado. Hay gente en este pueblo que estaría encantada de echarle el guante.

—Pues tendrán que esperar a que acabe primero yo con él —dijo ella mientras se dirigía a la sala de interrogatorios.