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—Vas a sembrar el pánico en el pueblo —dije dándole un empujón en el pecho—. Por el momento no hay ninguna prueba de terrorismo organizado en este caso. ¡Ninguna!
—Quizá tú no lo veas —dijo Kash—. No tienes la formación, ni la experiencia. Así es como actúan los lobos solitarios. Se esconden en pequeñas poblaciones del interior, donde sus actividades no despiertan sospechas, y experimentan, perfeccionando su técnica, para luego pasar a objetivos más grandes.
Intenté controlar la respiración. Snale salió del pub, abatida y avergonzada por aquella exhibición de antagonismo.
Tenía que salvar la situación, si no ya por el caso, al menos para reparar la imagen de las fuerzas del orden a los ojos de los habitantes del pueblo.
Amenazar a Kash, gritarle, no iba a funcionar.
Tenía la cabeza demasiado dura, y los mensajes no penetraban hasta su diminuto cerebro.
Necesitaba mantener la calma, razonar con él.
—Mira, yo tengo experiencia en delitos sexuales.
Es con lo que vivo a diario. Lo respiro.
Me paso cada minuto del día enfrentándome a ese tipo de cosas.
Así que cuando una víctima o un testigo viene y me cuenta su historia, mi instinto natural es el de creerme lo que me han enseñado que tengo que creer: que se ha cometido un delito.
—No veo a dónde quieres llegar con eso —me interrumpió Kash.
Me concedí un momento para visualizarme a mí misma dándole un puñetazo en el rostro, pero luego cerré los ojos y seguí adelante.
—Pero a veces —añadí lentamente—, solo ocasionalmente, resulta que no se ha producido ningún delito. Alguien miente, o está equivocado. Tengo que asegurarme de afrontar cada situación con la mente abierta y analizar las pruebas antes de llegar a una conclusión.
—¿Y? —dijo él encogiéndose de hombros.
—Pues que tú has supuesto que hay un terrorista en el pueblo sin ninguna prueba que lo indique.
Y, peor aún, acabas de animar a esa gente a que busquen a alguien que tenga un comportamiento extraño, que se muestre introvertido, malhumorado, y que reciba llamadas telefónicas por la noche.
¿Sabes a qué me suena eso? Suena exactamente a todos y cada uno de los adolescentes que he conocido.
—Los fundamentalistas suelen ir a por los adolescentes —dijo Kash—. Suelen mostrarse pesimistas y distantes ya de por sí, vulnerables a las ideas de las organizaciones terroristas.
Me giré hacia Snale, que observaba a Kash con la misma perplejidad con que miraría a un loco.
—Encuéntrame a Zac Taby —dije—. Tenemos que dar con él antes de que lo hagan otros.