Doble cara (Harriet Blue 2) 18
14%

18

Whitt se abrió paso por el concurrido pasillo y se sentó en el centro de la fila de asientos para el público a la izquierda del tribunal.

En la galería de prensa, en lo alto, todos estaban mirando sus teléfonos, poniendo al día a sus jefes de redacción antes de que diera comienzo la sesión de la mañana.

Cuando hicieron pasar al hermano de Harriet a la enorme sala, vestido con su arrugado traje, se hizo el silencio. Whitt intentó cruzar una mirada con él, pero Sam solo miraba hacia el fondo de la sala.

Era el día en el que los testigos expertos declararían sobre la capacidad mental de Sam. El doctor Hemsill, un hombre de aspecto frágil y nariz grande, había subido al estrado y estaba leyendo su informe, evitando el contacto visual con Blue.

—Podemos inferir que gran parte de la problemática historia de Samuel Blue se puede atribuir directamente a problemas en el desarrollo causados por el uso de sustancias ilícitas por parte de su madre durante el embarazo —dijo Hemsill—.

Las pruebas que le hemos realizado muestran unos patrones de baja reacción a los estímulos en el córtex prefrontal y la amígdala cerebral, que sabemos que son zonas del cerebro especialmente sensibles al abuso de sustancias en la fase fetal.

El córtex prefrontal controla gran parte de nuestro comportamiento civilizado, de nuestras inhibiciones.

Es lo que evita, por ejemplo, que demos rienda suelta a una actitud violenta cuando sentimos rabia.

Whitt pensó en Harry mientras tomaba notas. En las veces que la había visto derribar puertas, lanzar cosas, cargar con los puños apretados cuando el estrés de la situación se volvía insoportable. Intentó quitársela de la cabeza.

—La impulsividad es algo que vemos a menudo en coincidencia con este tipo de patrones de actividad cerebral.

—El doctor Hemsill suspiró—. Reacciones emotivas, más que lógicas.

Las habilidades sociales de Blue también se han visto muy entorpecidas por estos patrones neurológicos.

Tiene dificultades con la empatía y puede ser arisco, distante.

Le resulta difícil hacer amigos, pero cuando los hace, su lealtad es inquebrantable.

En sus notas, Whitt había escrito por error «Harry» en lugar de «Sam».

Tachó el nombre, pero trazó un círculo en torno a la palabra «empatía» y dio unos golpecitos sobre el papel con el bolígrafo.

Harry compartía el carácter brusco e imprevisible de su hermano, era arisca y costaba llegar hasta ella.

Pero desde luego no le faltaba empatía. Whitt había pasado un par de semanas en el desierto con ella, viéndola dar vueltas en la cama mientras dormía, debatiéndose bajo el peso casi físico que suponía para ella la preocupación de que el asesino de la mina Bandya pudiera atacar de nuevo.

Se había quedado desolada al ver que alguien había matado de un pisotón a una araña en su cabaña.

Sentía cosas por los demás. De hecho, Whitt habría dicho que a veces se implicaba demasiado, que se tomaba las cruzadas de los demás como una responsabilidad propia, luchaba por gente que no quería que ella se implicara o que no se lo merecía.

Whitt se había perdido en sus ensoñaciones.

Se frotó los ojos y miró alrededor. Al final de su fila estaba sentado un hombre con la cabeza rapada, con las manos apoyadas en las rodillas.

Whitt no habría sabido decir qué era lo que le había llamado la atención de aquel tipo.

Quizá fuera su presencia en la zona de asientos reservada para las personas cercanas al acusado.

Whitt y ese hombre eran los únicos de la fila, y la fila de detrás estaba vacía.

Pero no, había algo más. Se dio cuenta de que casi todo el resto de los presentes tenían la mirada puesta en la gran pantalla tras el estrado de los testigos, donde el doctor Hemsill señalaba las partes del cerebro humano que se iluminaban adoptando diferentes colores.

Pero el hombre de la cabeza rapada tenía la mirada puesta en Samuel Blue.

No lo miraba simplemente, tenía los ojos fijos en él, como un gato con la vista puesta en un pájaro.

Whitt empezó a sentir el vello de punta.

Algo le dijo que valía la pena recordar aquel rostro.

Bajó la vista y la posó en el cuaderno. Quizá podría hacer un boceto.

Cogió el bolígrafo, pero cuando se giró de nuevo para examinarlo, ya se había ido.