16
Elliot Kash se acercó a la puerta abierta del coche, cruzó los brazos y se apoyó en el hueco de la ventanilla. Fui a buscar un cigarrillo. Me imaginaba que necesitaría uno.
—He hablado con Victoria sobre nuestras operaciones, pero me gustaría tener una charla contigo antes de que la cosa se dispare, para ver si me tranquilizas un poco —dijo—.
Ahora la prioridad es la seguridad. Quiero la máxima confidencialidad operativa en todo momento.
Tenemos que mantener toda la información en secreto.
Este es un pueblo pequeño, y sabemos que hay un lobo solitario, o posiblemente una célula terrorista durmiente oculta entre nosotros.
Ahora mismo no podemos permitirnos filtraciones.
Exhalé una bocanada de humo.
—Lo que acabas de decir me suscita tantos problemas que no sabría siquiera por dónde empezar.
—Vale, ¿de verdad?
—Sí, en serio —respondí, con la mirada perdida en el pueblo a lo lejos—. ¿Quieres que me siente a hablar contigo para tener claro que no tienes nada de lo que preocuparte en lo referente al operativo? ¿Quién demonios te ha dado la autoridad en este caso?
—Yo —replicó con un bufido—. Soy federal. ¿Se te ha pasado por alto el dato?
—¿Cómo se me iba a pasar por alto? «¿Máxima confidencialidad operativa?», ¿quién habla así?
— Yo.
—Sí, tú y G.I. Joe.
—Bueno, ya sabes que en este caso la autoridad federal soy yo. Así que estoy al mando.
—Estarás al mando cuando determinemos que se trata de terrorismo radical islámico —dije hojeando el diario—.
Y si tenemos en cuenta lo que dice este diario, es algo que no va a pasar.
Aquí no hay nada en absoluto que huela a islámico.
Hasta ahora lo único que he visto son alabanzas a unos idiotas blancos que se dedicaron a disparar en una escuela.
—Ese diario es puro terrorismo, y yo soy el experto en la materia, así que tengo jurisdicción.
—Ni hablar.
—¡Sí!
—Ni hablar —repetí—. Tendrás jurisdicción cuando el fiscal general aparezca de la nada en su enorme helicóptero dorado y me diga que la tienes. —Apoyé los pies en el salpicadero—. Hasta entonces, somos un equipo de tres. Tú, Vicky y yo.
Kash se rio y metió la cabeza por el hueco de la ventanilla.
—La experiencia de la agente Snale se reduce a buscar perros de pastor perdidos y a sacar a borrachos del pub del pueblo. Nos será útil solo como enlace local.
—Mi segunda preocupación —añadí sin hacerle caso— es que presupongas que podría filtrar información sensible aunque se tratara de un caso federal. ¿Lo dices en serio?
—Por supuesto que lo digo en serio. —Se metió la mano en el bolsillo trasero del pantalón y sacó una hoja de periódico plegada.
No pude evitar una mueca de disgusto al verme en la portada del Telegraph , sentada a horcajadas sobre el fiscal Woolfmyer.
Era como una figurita de acción de Wonder Woman en miniatura, con los pechos apretados bajo esa blusa ridícula. Intenté contener la rabia.
—¿Esta no eres tú? —dijo Kash con una sonrisa socarrona en el rostro.
—Vale, ya te puedes ir a la mierda.
—Nadie me dijo que tendría que hacer de cuidador de una poli nacional peligrosa e insubordinada —dijo—.
Se suponía que esto debía de ser un operativo muy exclusivo.
Yo asesorando a la autoridad local. —Señaló con el pulgar en dirección a Snale—.
Así es como funciona en este tipo de casos.
Envían a un experto, que se infiltra y detiene a los sospechosos en cuanto asoman la nariz.
Si tengo que tenerte en mi equipo, no quiero este tipo de comportamientos —dijo lanzándome la hoja de periódico. Dejé que resbalara hasta caer al suelo.
—A lo mejor tu actitud hostil se debe a la situación de tu hermano —dijo Kash—.
O quizá siempre has sido así, y eso podría ser un indicador de por qué Samuel hizo lo que hizo.
No lo sé. Pero no quiero que te dejes llevar y pierdas la cabeza.
Mientras estés aquí, voy a necesitar que te contengas, agente.
—Y yo voy a necesitar que tú llames a un dentista —dije. Bajé los pies hasta el suelo y acerqué mi cara a la suya—. Porque la próxima vez que me hables así, voy a darte una patada en la boca.
Nos quedamos mirando el uno al otro, y no apartamos la mirada hasta que se acercó Snale, con su cuaderno aún en la mano.
—Tenemos una primera pista —anunció—. Un sospechoso. Y no es una buena noticia.