Doble cara (Harriet Blue 2) 5
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Siempre había sido peleona. Saber defenderse físicamente es una necesidad cuando tienes una infancia como la mía.

Ya sabía pelear, aunque de manera sucia, antes de que el jefe de policía me enseñara a boxear.

Cometió el error de pulir la técnica de una luchadora brutal y sin remordimientos.

El tamaño no importa lo más mínimo cuando sabes lo que estás haciendo.

Tracé una curva perfecta hacia arriba y hacia la izquierda con el puño derecho apretado, que impactó en el rostro del fiscal con toda la fuerza del brazo, el hombro y la cadera a la vez.

Lo único que se oyó después fue el impacto seco contra el suelo al caer, el roce de la ropa contra su cuerpo, como si un pajarraco enorme hubiera caído del cielo, abatido por el disparo de un rifle.

Al momento lamenté lo que había hecho. Miré alrededor.

El amigo de Woolfmyer retrocedía, asustado.

Whitt permanecía en el sitio, cerca, aún con la mano extendida, desesperado.

Y estaba la multitud, además de un puñado de periodistas.

Me quedé horrorizada, atenazada por la culpa. Se dispararon los flashes.

Sentí un extraño impulso de agacharme a ayudar al fiscal, que seguía inconsciente, ponerlo en pie, darle una palmadita en la espalda, fingir que todo estaba bien.

Pero nada estaba bien. El agente de policía que montaba guardia en la puerta del tribunal echó a caminar hacia mí, sacándose las esposas del cinturón.