Doble cara (Harriet Blue 2) 2
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La joven salió por la puerta de las escaleras y él le rodeó la garganta con el brazo, tirando de ella hacia atrás.

El subidón que le producían las sustancias que le corrían por las venas a punto estuvo de hacerle perder el equilibrio.

Ella al principio no hizo ningún ruido. Se quedó sin aliento y se le cayó el bolso.

La mano de él le tapaba la boca y los tacones le arrastraban por el suelo cuando la giró para tirar de ella hacia su vehículo.

—¡No! —Un quejido amortiguado—. ¡Para! ¡Para! ¡Para!

Se retorció, pataleó, intentó dejarse caer para zafarse de su agarre.

Pero él ya estaba preparado para sus movimientos, se sabía la danza de las víctimas de memoria.

Bajó el cuerpo él también, agarró con más fuerza, tiró de ella, pegando su cuerpo al de ella, sin permitir que pensara ni por un momento que tenía alguna esperanza de huir. La esperanza era algo muy peligroso.

No entendía de dónde la había sacado. La tenía completamente controlada.

Pero, efectivamente, la chica había encontrado esperanza, y ahora podía notarla en su cuerpo, tan tangible como una descarga eléctrica.

De pronto, se puso rígida, consiguió soltarse y le soltó un puñetazo por encima de la cabeza, directo hacia su cara.

Fue un golpe torpe, pero inesperado. La soltó. Ella cayó al suelo y emitió un chillido violento, eufórico, como una canción. Le propinó un puñetazo en el estómago e intentó volver a agarrarla. ¡Ese no era el plan!

Ella se giró y se apoyó en un coche. Fue a por ella, pero falló. Se había puesto en pie y había echado a correr. Y mientras corría, a punto estuvo de derribar a otra chica que estaba allí, mirando, atónita, con el teléfono en la mano.

—¡Corre! —le gritó su víctima a la chica, mientras corría en dirección a la escalera de incendios—. ¡Corre!

Él se puso en pie. La nueva chica estaba en shock, perpleja, no podía dar ni un paso. Grandes ojos marrones, piel oscura, la boca que se abría y se cerraba lentamente por efecto del pánico, que la tenía paralizada.

No era la chica perfecta, pero sí una agradable sorpresa.

La agarró de la muñeca.