Capítulo 15 #4
―Porque me fui lejos de ti, y entonces comprendí que siempre estabas conmigo, porque te pertenecía.
Esto ―se tocó las letras de « Liberty » pintadas bajo su piel―, es el recordatorio eterno de que te amo y te necesito.
―Los dedos tocaron al astro rey y luego dijo―: Yo, el sol, caliente, grande.
―Se desplazó hasta la reina de la noche―.
Tú, mi luna, delicada, tierna, capaz de mitigar mi ferocidad.
―Theo le sonrió―. Aunque después de la demostración de hace un rato, no estoy seguro de si yo soy el sol o la luna.
―Te quiero, Theo.
―No más que yo, mi amor.
―No vuelvas a huir de mí. No puedes dejarme con la palabra en la boca y venir aquí a pelearte con un saco que no te ofrecerá la solución a los problemas…
Yo soy más productiva que todo eso. Incluso has visto que puedo ser mundana y excitante…
porque lo he sido, ¿no? ―preguntó al verlo tan serio mientras la observaba.
―¿Liberty? ―Se quedó pensativo cuando recordó un detalle importante.
―¿Qué?
―¿Cómo pensabas pedir la anulación de nuestro matrimonio si tú ya habías sido mía? ―cuestionó.
―Pero no consumaste la unión, así que lo de antes no importaba, solo lo que no sucedió después.
―¿Sabes siquiera cómo funciona el proceso de una anulación?
―Mi padre lo sabe, por eso le pedí ayuda.
―Sí. Y no debió explicarte lo de las pruebas médicas que tiene que pasar la mujer para demostrar que es virgen, porque el señor Pharma no tenía la menor idea de que tú y yo ya habíamos yacido juntos.
Te consideraba, al igual que yo, inocente e inexperta.
―Todavía no se creía lo canalla que fue.
La tuvo. La disfrutó y no podía recordarlo con suma nitidez.
No como algo real, sino como un sueño imposible.
―¿Qué pruebas?
―Para demostrar que seguías intacta y que tu marido no había consumado la unión, los médicos hubiesen tenido que examinarte entre las piernas para asegurarse de que decías la verdad.
―Comenzó a negar con la cabeza―. Y me hiciste venir a toda prisa de Italia, creyéndome un estúpido por no haberte desflorado… ¡Siete años! Siete años siendo mía…
Se separó de ella, la apartó a un lado con cuidado y regresó a golpear el saco.
―Si sirve de algo, creo fervientemente en los juramentos.
Sabes que me tomé en serio el que te hice cuando estabas ebrio, así que haberte dado mi palabra ante Dios, para luego romper mis votos matrimoniales, aunque no hubiésemos consumado la unión…
Eso fue lo más difícil que me planteé, pero la señorita White me hizo pensar que cometí un terrible error, porque yo no podía darte eso y…
Theodore dejó de pelear contra el saco y se acercó a ella.
―No, Liberty. No. No quiero que pensemos en eso nunca más. Todo esto va a quedar en el pasado. Mi comportamiento contigo o mis picardías de soltero. Nada importa. Solo tú. Solo ahora. Así que no quiero que te preocupes nunca más por eso ―repitió.
―Pero…
―Necesito volcar mi ira ahí ―dijo señalando el saco. Luego se acercó hasta ese elemento y comenzó a golpearlo con más fuerza que antes.
―Volcar ahí tu enfado, como dices, no es la solución, Theo.
―Me alivia imaginar que es Henry Florence. Ve a pasear al perro y a desayunar. No soy una buena compañía.
―Ven conmigo a sacar a Snow Segundo.
―No. Necesito desfogarme. ―Le daba una y otra vez al saco sin parar.
Ella lo miró desde su posición. Parecía que en verdad necesitaba desahogarse así. No entendía a los hombres, y al que tenía frente a ella menos que a todos.
―Si te dejo seguir, ¿desayunarás con nosotros cuando regrese?
―Tal vez.
―Luego iremos a ver a mi padre.
―No.
―Sí.
―No.
―He dicho que sí, Theo, y voy a ser inflexible en esto.
Dejó de golpear el saco y la miró. Su marido tenía el pelo revuelto y se veía formidablemente terrorífico.
―No puedo mirar a la cara a tu padre, Liberty.
―Necesitamos su ayuda.
―¿Para qué?
―Hay algo que me dijo Florence sobre el placer de matar, sobre que su esposa le facilita su trabajo.
―¿Disfruta con los duelos?
―Lo hace, pero hay algo más. Sé que lo hay.
―¿Qué quieres decir?
―Diez duelos… ¿Al azar? York y tú, como si fuese una lista, como si tú le dieses la oportunidad de llegar a York porque él jamás le sería infiel a Isobel.
―¿Y yo a ti sí? Vamos, Liberty, me tienes cogido por… Me tienes, sin fisuras.
―Lo sé ahora. Confío en ti. ―Le sonrió.
―No tiene mucho sentido. Si nos quisiera muertos, ¿por qué no matarnos sin más?
Por la espalda, por ejemplo. ¿Por qué un duelo?
Ni tan siquiera es un caballero para retar a nadie.
―Era verdad, solo ciertos hombres tenían la potestad de pedir la reparación del honor mediante un duelo, aunque había casos y casos, por supuesto, y las reglas estaban para saltárselas.
―¿Reconocimiento? Es un hombre tan… arrogante. Pero no de un modo encantador como York. Es mucho más que vanidad u orgullo. Es peligro.
―Te aseguro que la arrogancia de York no es eso que has dicho. Es desquiciante. En cuanto al resto, creo que estás exagerando.
Ella lo miró con una ceja alzada. Luego suspiró.
―Henry Florence es… Se siente orgulloso de lo que hace, como si quisiera que lo temiesen y admirasen por lo que hace ―siguió con sus suposiciones―. No haría nada sin que el resto del mundo no supiera que la hazaña tenía que ser suya. Hay más. Mucho más. Lo sé. Puedo sentirlo.
―No te sigo. Solo es un hombre al que su esposa atormenta. ¿Por cierto, cuándo hablaste con él?
―Anoche, y no. No es solo tormento por lo que hace su esposa.
Hay algo turbio ahí. Podría entender lo del duque si hubiese sido amante de Afrodita Florence, pero en ese caso, ya lo hubiese retado años atrás.
Tenéis que haber hecho algo reciente para enfurecerlo.
¿El qué? No lo sé. Es como si él le indicase a Afrodita a quién tenía que tomar como amante para poder…
¡Una lista! ―exclamó al darse cuenta de algo―.
Tengo que ver quiénes eran los hombres a los que desafió y mató, y qué tienen en común contigo y con York.
Sí. Tenemos que ir de inmediato a hablar con mi padre.
Él sabrá qué hacer, sabrá dónde buscar la información. ¿Confías en mí?
Estaba asombrado al ver cómo funcionaba la cabeza de Liberty.
No era solo una chica lista. Era mucho más.
La había profanado y ella lo esperó. ¿Cómo podría pagarle todo lo que le debía?
Ese tatuaje que se hizo como si fuese un gesto de expiación, una muestra de adoración hacia ella, se sentía muy pequeño.
El resto de su vida tendría que dedicarse a compensarla. A amarla sin reservas, sin contención, porque ella y solo ella era la que había elegido a los dieciocho años sin saberlo. Suya. Su condesa. Su amor.
―Liberty, con mi vida. Confío en ti con mi vida, y sospecho que nunca mejor dicho.