Capítulo 10 #3
―De Evangeline, de Regina, de Isobel, de tu madre, posiblemente de tu abuela…
Todas las mujeres son iguales. Necesitan lo mismo que nosotros para disfrutar.
Pasión y placer, todo aderezado con una chispa de perversión.
¿Qué mal hay en que yo disfrute de mi esposa cuando Dios me la entregó para amarla, protegerla y honrarla?
Y no hablo de York, sino de Dios ―puntualizó porque ese duque se creía el Todopoderoso―.
Conozco matrimonios donde el esposo empuña una fusta y ella cae rendida, preparada para recibir lo que él tenga para ofrecer.
¡No es mi caso! ―se apresuró a decir al ver que Snow levantaba un puño―.
No le causaría dolor a mi amada mujer porque ninguno de los dos lo necesitamos.
Pero en caso de haber sido ese tipo de hombre, le hubiese explicado mi naturaleza y le habría dado una muestra de mi necesidad para que ella decidiese qué hacer al respecto.
Snow hundió los hombros.
―He hecho cosas muy perversas. He compartido a una mujer, Sullivan. No me refiero solo a ver cómo otros disfrutan de ella. Yo quise averiguar mis límites y la poseí al mismo tiempo que otro hombre.
―¿Deseas hacer eso con Liberty? ―inquirió con suavidad.
―Podría dejar a mi mujer con cualquier hombre en una habitación desnuda, incluso con el hombre físicamente más formidable del mundo también desnudo, y sé que ella me sería fiel.
Y no, ese no sería York ―puntualizó cuando vio que Sullivan iba a interrumpirlo.
Entonces siguió con su exposición―: Confío en ella con mi propia vida, pero no en el otro.
Así que mataré a cualquiera que la desee.
Le sacaré los ojos a quien se atreva a verla desnuda.
Le cortaré las manos a quien ose tocarla de un modo impúdico.
Todo lo haría porque sé que Liberty jamás daría su consentimiento para ser deseada por otro que no sea yo, por ser observada por otro que no sea yo, tocada por otro que no sea yo, así que el bastardo merecería todo mi castigo.
Yo no comparto, ni lo haré jamás, lo que amo y considero que es mío ―dijo con un tono de voz que no admitía réplica.
Se quedó callado un momento y luego tomó una bocanada de aire para continuar con su explicación―: He sabido siempre que ella sería la mujer con la que me casaría.
Pero no podía imaginar hacerle todo lo que anhelo a la hermana pequeña de mi mejor amigo, a la mujer que alumbraría a mis hijos.
La que me fue entregada para velar por ella.
Acabo de descubrir que tú no sientes vergüenza al hacer lo que sospecho que haces con mi hermana mayor.
Siempre creí que las mujeres que recibían el pago por usar su cuerpo eran las adecuadas para desquitarse.
Para saciarse. Sabía que cuando me casase con Liberty no podría nunca serle infiel.
Así que lo que ha debido ocurrir fue que pospuse mi decisión hasta que ella dijo basta. Lo veo ahora.
―Has idealizado a Liberty en tu mente. La colocaste en un pedestal tan alto, que olvidaste que es solo una mujer que también desea el placer que le harás conocer.
El amor y el deseo, si son sentimientos fuertes, tienen que sobreponerse al temor.
¿Quién te hizo pensar que no podías amar íntimamente a tu esposa como deseabas?
Snow negó con la cabeza.
―Nadie me dijo nada. Solo… Yo… no podía hacerle a Liberty las cosas que necesito, tenía miedo de que saliese huyendo asqueada cuando descubriese mi furia en el lecho.
Creí que con el paso de los años me calmaría, pero tengo tanta hambre, una que sé que solo ella puede saciar, porque ninguna mujer ha logrado apaciguarme…
Estoy cansado de luchar. Pensé que esto acabaría desapareciendo, retrasé la pedida de su mano por ese motivo, y cuando ella me acorraló…
Ahí supe que traspasaría todos los límites tarde o temprano y tenía miedo de perderla.
Era mía. La tenía al alcance de la mano.
Me casé y me pareció oportuno solventar ese contratiempo del que te hablé y que me llevó hasta Italia.
Me alejé para tratar de ver cómo podría afrontar la situación con Liberty.
―¿Y encontraste una solución a ese problema que espero que comprendas que no existía?
Snow suspiró.
―No. Solo la deseaba más y más. La deseo con fuerza ―se corrigió―.
Y no me gusta que te burles de mí. Todo lo fiero que soy en mis apetitos carnales y siempre fui un caballero cuando se trataba de Liberty.
La protegí de mí, creyendo que sería lo mejor, porque no era bueno para ella.
Así que ten la decencia de no mostrarte divertido con mi agonía, porque no imaginas lo que ha sido todo esto para mí.
―Para ti y, apuesto mi fortuna, que para ella. Ahora que lo pienso… es una suerte que lady Snow haya pasado las cuatro últimas semanas aquí, porque estoy seguro de que ha transitado por todos los lugares, ocultos y públicos, y ha tomado buena nota de algunas perversiones.
―¡Dios mío! ―Se mesó el pelo al imaginar a su esposa sola en medio de tanto pecado.
―No salió huyendo y llorando. Regresó, así que es un buen indicativo de que estará impresionada, pero no asqueada con lo que aquí sucede. Después de todo, sí puedes alardear de tu buena suerte.
―No me siento afortunado, en absoluto ―lo contradijo de inmediato.
―Seducirla, sonreírle y enamorarla. Obra tu magia en casa para que el perro lobo no se dé un festín con tu carne y tus huesos, y usa una máscara para ser un pícaro encantador en el club y ganártela.
Te aconsejo que no temas a ese perro por mucho miedo que sé que te dará, porque a mí me causa pavor con solo haberlo visto. ¿Alguna duda más? ―le preguntó a Snow.
―Muchas, pero no depende más que de mí a partir de ahora.
―Bien. Pan comido. He cumplido aquí. Así que no me molestes más, escríbele a York diciéndole que él es un maldito Dios andante, pero que yo le voy a la zaga.
No sé por qué demonios se quejaba tanto diciendo que no se haría cargo de más situaciones familiares hasta que el niño naciese.
He solucionado tu problema en menos de un par de horas.
Acuérdate de eso la próxima vez que le propongas a York un negocio lucrativo y no me dejes fuera.
No para de alardear de que pronto ganará una fortuna con unas minas en África gracias a ti.
―¿Alardea de mí? ―preguntó lleno de esperanza.
―Como diría York mismo, no seas absurdo, Snow. Alardea de lo bien que te ha enseñado. Parece que no conozcas al duque todavía, los méritos son siempre suyos…
El conde masculló algo ininteligible. Sullivan se rio.
Y sin mirar de nuevo a Snow ni despedirse de él, Avery se marchó del club para regresar a su apacible vida.
Theodore no sabía si estar agradecido o no por enterarse de lo que los señores Sullivan compartían en la intimidad.
Imaginó una soga y a Evangeline atada… Compuso una muestra de desagrado en su rostro con la imagen que le vino a la mente y la desechó de inmediato.
De acuerdo. Una cosa era segura, una esposa podía llegar a complacer a su marido. Liberty era capaz de ser todo lo que él necesitase si la enseñaba del modo adecuado.
El mayor inconveniente era cómo llegar hasta ella y sortear la furia que imaginaba que la embargaba.
Tal vez la estrategia de la que le acababa de hablar Avery no fuese descabellada.
¿Cómo era? Sonrisas, seducción, paciencia y ser todo un dechado de buenas intenciones para su condesa… No tenía un mejor plan.
Eso debería ser un primer paso. Ahora solo tenía que tragarse los celos y poner su mejor cara justo cuando la viese. ¡Iba a vivir un infierno mayor que el que esperaba haber dejado atrás después de haber hablado con Sullivan! Snow lo sabía.
Y todo ello sin olvidar a un perro lobo. ¡Grandioso! De pan comido como había dicho Avery Sullivan… nada de nada. ¡Pan duro!, más bien.
***
Liberty había estado tan sola, que encontrarse con Jenna y con Ethan de nuevo le había alegrado los días más de lo que imaginaba. El último mes había sido delicioso.
La americana había ofrecido unas cuantas fiestas que sirvieron para recaudar fondos para el orfanato. Esa actividad más civilizada pareció agradarle a Jacob Donaldson. No les había vuelto a pedir que la acompañasen a El placer del infierno porque no deseaba sembrar un desacuerdo entre la pareja.
Después de aquella noche en la que Liberty tuvo un desafortunado encontronazo con la que fuese amante de Snow, y se dio cuenta de que el camino de su esposo y el de ella nunca sería uno, ella necesitaba algo más.
Necesitaba divertirse o acabaría haciendo una temeridad.
Cantar y bailar sobre un escenario mientras el público la aplaudía y admiraba fue algo que la llenó de orgullo.
Puesto que iba a perder, más pronto que tarde, su estatus de dama en sociedad por lo que acabaría aconteciendo con Snow, tal vez el mundo del espectáculo le diese una oportunidad.
¿Y si eso era lo que podía llenar el vacío de su vida?
Cuando la repudiasen por anular su matrimonio… Si era que su padre podía lograrlo, una vida más mundana le parecía una buena salida.
Habló con Ethan para explicarle que subirse a un escenario fue algo maravilloso, que alejaba la congoja, la pena, la rabia y la ira, algo que no había sentido durante mucho tiempo, y le pidió, con mucha insistencia, que la acompañase en sus escapadas nocturnas, porque una vez que descubrió que le gustaba cantar, pretendía averiguar si solo fue un hecho puntual o había más.
Además, ¿a qué otra cosa podía dedicar una dama, que estaba punto de arruinarse, su tiempo? ¡A divertirse!