Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 9 #2
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Capítulo 9 #2

―No creo que podamos olvidar nunca lo que tú y yo somos. Te has casado con una mujer, mi hermana ―volvió a apostillar―, de la que solías decir que era insoportable y a la que no mirarías ni dos veces, pese a que lo hacías una y otra vez.

―¿Y qué quieres que te diga? Lo hecho, hecho está. Ella es mía y ni tú ni nadie puede hacer nada al respecto ―le indicó con los dientes apretados.

Bruce se sonrió por su arrebato. Snow estaba colado por Liberty hasta las cejas, lo admitiese su amigo o no.

―Bueno… Si te portas mal con ella… siempre puedo quitarte la vida. Creo que eso sería hacer algo al respecto, ¿no te parece? ―le preguntó, mientras entraba en la habitación y se ponía a su lado frente al espejo para comprobar el nudo del pañuelo de su corbata.

―¿Qué maldito pensamiento te ha impulsado a amenazarme? He sido del todo correcto. No he mirado a ninguna mujer más de la cuenta, he huido de todas aquellas que se me han acercado para ofrecerme su compañía. ¿Por qué me lanzas esas palabras, Bruce?

―Oh, no. Esto no se trata de infidelidad. Entre otras cosas porque mi hermana me dijo antes de salir de Londres que si la traicionabas ella te lo haría pagar…

―No esperaría menos de Liberty. Pareces olvidar que la conozco desde que era una muchacha con trenzas.

―… te lo haría pagar del mismo modo y multiplicado por dos ―puntualizó con una brillante sonrisa, tras la interrupción.

Snow suspiró. Oh, ese era otro problema. Liberty era retorcida cuando consideraba que algo no era correcto. Sí. Su esposa le pagaría con la misma moneda y por duplicado.

―Entonces es una suerte que la infidelidad no esté sobre la mesa ―repuso, negándose a perder los nervios.

―Hablo de destrozarle el corazón. No estará contenta por tu partida. Así que si Adele esta noche está a mi alcance la raptaré sin más para que tú puedas volver a casa y arrastrarte ante Liberty.

―¿Arrastrarme? ―repitió en forma de pregunta.

―Oh, creíste que este sería un viaje corto, ha pasado mucho tiempo y antes has afirmado que conoces bien a Liberty… ¿Estás atando cabos?

―Tu hermana estará muy solícita cuando llegue, porque está completamente enamorada de mí. Así que cuando aparezca por la puerta de York Park, se lanzará a mis brazos, entre lloros y suspiros de amor, para darme las gracias por volver a buscarla ―dijo en un alarde de hombría.

―Claro, porque Liberty es la dama más amorosa que conoces. Es justo lo que la mujer que una vez me tiró un libro por llamarla salvaje y temeraria y que me partió una ceja, hará. Sollozar por el hombre que no se ha dignado ni a escribirle una carta.

―¿Apuestas algo a que será como te he dicho? ¿Cien libras?

―Te veo muy seguro de ti mismo. Por cierto, hablando de cartas, esta llegó esta mañana para ti mientras paseabas por las calles lleno de tristeza por no tener a tu esposa contigo ―se mofó, mientras sacaba de su bolsillo el papel y se lo tendía.

Snow divisó el lacre y supo de dónde venía.

―Es de York. Seguramente considera que la inversión en las minas de África ha sido una idea interesante porque vamos a ganar una fortuna ―alegó con satisfacción.

El duque en el último mes le había pedido orientación sobre ese asunto de la minería que Snow tan bien conocía porque lo había estudiado hasta la saciedad.

Abrió la misiva y comenzó a leer. Las letras volaban ante sus ojos. Las palabras que su mente registró y que se quedaron grabadas a fuego fueron: « Liberty, anulación, matrimonio, regresa, estúpido ».

Bruce observó que la cara de su mejor amigo cambiaba de pronto. Estaba más pálido que la pared decorada en papel de color hueso que tenían a su espalda. Lo observó sentarse en la silla más próxima y comenzar a desanudarse el nudo de la corbata. Un par de gotas de sudor se formaron en su frente.

―¿Estás enfermo? ―se interesó su amigo, quien estaba junto a él, de pie.

―Al final… no hemos apostado cien libras, ¿verdad, Bruce?

―¿Qué apuesta?

―Sobre tu hermana.

―¿Qué dice la carta? ―Bruce se puso serio.

―Estás muy ilusionado porque esperas encontrar esta noche a Adele y al niño, ¿no es así?

―Sabes bien que sí. ―Ese era el objetivo del viaje―. Me casaré con ella y reconoceré a mi hijo ―señaló con convicción.

Bruce estaba esa noche pletórico. Hacía unos años que había conocido a la hija de un importante domador de caballos que fue contratado por el señor Henry Florence para que se hiciese cargo de un par de árabes que había comprado, puesto que el hombre deseaba hacer negocio con las carreras hípicas.

Cuando el hermano de Liberty vio a Adele Vitory, se quedó mudo, ciego y sordo ante ella.

No paró hasta hacerle comprender a la mujer de la que se había ido enamorando poco a poco, por qué tenía que convertirse en su esposa.

Y como Bruce no era muy dado a esperar, la sedujo antes de que el señor Vitory diese su consentimiento.

Iba a casarse con ella cuando el padre se enteró de que estaba embarazada y se la llevó a Italia.

Desapareció de la faz de la Tierra, por lo que Theodore y él comenzaron una campaña para tratar de averiguar lo que sabía la señora Florence sobre los Vitory.

Bruce necesitaba buscar a la madre de su hijo y al pequeño, quien, por las fechas, ya debería tener más de un año.

Era por la sociedad conocido que la señora Florence disfrutaba de las atenciones de los hombres que la hacían sentir menos mayor de lo que era, así que entre los dos comenzaron a hacer lo imposible para tratar de obtener algún tipo de información para saber por dónde tenían que comenzar a buscar a Adele.

La noche en la que Liberty y Theodore se comprometieron, Bruce había estado en el jardín oscuro apelando a la humanidad de la señora Florence, quien estaba muy encaprichada con su mejor amigo.

Le prometió que Theodore sería su amante si ella le daba algún dato.

Logró averiguar que Nápoles era la ciudad a la que se habían trasladado los Vitory, porque en Roma, donde Adele le aseguró que vivía, no había ningún rastro.

Cuando Theodore no pudo cumplir la segunda parte del trato debido a la boda, la señora Florence cortó toda comunicación, por lo que los largos meses en los que Bruce y Theodore habían estado pendientes de Afrodita Florence quedaron en agua de borrajas.

Esa noche por fin Bruce iba a encontrarse con Adele, porque los confidentes italianos a los que habían sobornado se lo habían asegurado. La convertiría de inmediato en su esposa y se haría cargo del niño.

―Bien. Me alegro de que uno de los dos esté a punto de conseguir lo que precisaba ―apostilló Theodore con desespero.

―¿Por qué dices eso? ―Bruce no entendía ni una palabra.

Lord Snow lo miró a los ojos y luego se preparó para explicarle la debacle que acababa de sufrir.

―Porque mi vida se ha ido al traste. Tu padre está más que decidido a presentar una solicitud de anulación de mi matrimonio ante el Parlamento.

―¿Qué? ―Bruce Pharma no daba crédito a lo escuchado.

―Tengo que volver de inmediato a Inglaterra o la perderé ―le aseguró.

―Lo comprendo. ¿Vendrás conmigo esta noche? ―trató de averiguar.

―Si no me necesitas allí, preferiría ir en busca de un pasaje de regreso lo antes posible.

―Hazlo.

Theodore se levantó de la silla y Bruce lo miró con atención. El conde posó sus ojos en los de su amigo.

―¿Tu padre sería capaz de hacer eso, Bruce? ¿De hundirnos a los dos en la miseria? Porque estoy seguro de que Liberty no puede estar de acuerdo con esto.

―Soy tu amigo…

―El mejor que tengo ―precisó.

―¿Quieres que sea realista o que te ofrezca apoyo?

―No suena esperanzador.

―Deberás elegir una de las dos cuestiones.

―Dame las malas noticias, Bruce.

―Mi padre movería cielo y tierra por mi hermana. El asunto de la anulación es complejo y él no se atrevería a hacer un movimiento tan osado, pues sabe lo que ello supondrá para Liberty…

―El destierro y la reprobación de todos ―reconoció Theo.

―Así es. ―Su amigo suspiró―. Si mi padre lo lleva a cabo, si lo plantea si quiera, es porque ella se lo ha tenido que solicitar.

―Lo que dices es imposible. Liberty lleva desde que la conozco asegurando que será mi condesa. Ahora que me tiene no me dejaría salir del matrimonio.

―¿Disculpa? ―Esa información era nueva.

―Ella siempre ha tenido muy claro que se casaría conmigo. No ha llegado tan lejos solo para pedirle a tu padre que anule lo que siempre ha deseado.

―Al margen del descubrimiento que acabas de hacerme, tienes que tener muy claro que mi padre no solo amenaza. Si él decide interponer una demanda así ante el Parlamento, lo hará. Y solo lo hará porque ella se lo habrá pedido ―insistió en ese punto.

―No. Esto es otra cosa. Estoy seguro.

―Te he advertido. Ahora haz lo que debas. Siento no poder acompañarte aún. Una vez que tenga a Adele a mi lado y que mi hijo esté a salvo, me reuniré contigo en Londres. No creo que tarde demasiado. Lo tengo todo bien planeado.

Un secuestro no era algo baladí, pero iba a hacer precisamente eso. El señor Vitory le había quitado a Bruce lo que más deseaba, y él se cobraría la afrenta. Adele pronto sería la señora Pharma. Ella lo amaba y los dos tenían que estar juntos.

Entonces, mientras un hombre se las apañaba para recuperar lo que le correspondía, otro subía a un barco dispuesto a enmendar un par de situaciones con urgencia.

Lo malo de todo era que Theodore no tenía la menor idea de por dónde comenzar, puesto que las dudas y los temores con respecto a Liberty eran los mismos que cuando la dejó en York Park.

Y si lord Snow creía que el camino iba a ser llano y sin baches, pronto iba a comprender que no había nada de eso, pues cuando llegó a su casa en Londres descubrió que había una moradora que creía que seguiría residiendo en el campo con los duques de York.

No. Liberty jamás haría algo que se suponía que tenía que hacer.

La misiva que le había dejado el esposo de Isobel especialmente para él era muy clara.

Lo invitaba a buscar a su esposa en un lugar que…

¡El placer del infierno! Tenía que ser una broma…