Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 3
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Capítulo 3

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El duque de York se había encerrado en el despacho a la espera de novedades sobre Liberty Pharma y su incursión en York Park.

Mientras aguardaba la llegada de Mason Wilson, saltaron a su mente recuerdos de la noche de amor vivida con su esposa. En esa ocasión Isobel aguantó despierta justo hasta que él logró su liberación.

¿Qué demonios le sucedía a su esposa? Jamás antes había podido resistirse a sus avances íntimos.

Isobel tenía que estar agotada. No había otra explicación posible.

Desde hacía prácticamente un par de meses, su amada duquesa había conseguido comenzar a minar su orgullo.

¡Él era un amante insuperable! No podía entender los motivos por los que anoche mismo, cuando él gritó su éxtasis, ella había emitido un suave ronquidito.

La tuvo que llevar a la habitación en volandas porque no se sostenía en pie.

Y no era porque la hubiese agotado más de la cuenta.

Especialmente porque fue algo pasional, directo y rápido.

¡No tuvo tiempo para fatigarla tanto como él hubiese deseado!

Tal vez la niña sí estaba dejando a su esposa sin energía y era momento de que el señor Wilson tomase alguna responsabilidad mayor. Su querido tío se veía más que predispuesto a tomar bajo su ala a su pequeño rayo de luz.

―¿Ha habido suerte? ―interrogó el duque cuando el señor Wilson se presentó ante él.

―Sí. ―El sirviente se acercó hasta la silla que ocupaba Malcom y le tendió un par de periódicos recién llegados de Londres―. He tenido que pagarle una pequeña fortuna al lacayo que tan diligentemente se prestó para la misión.

―Perfecto. Dele un par de días libres también. Se los ha ganado.

El duque repasó las columnas de chismes y todas eran unánimes al relatar lo acontecido entre un joven conde y la hija de un prestigioso abogado de Londres.

Por descontado, se emitían bastantes detalles escabrosos sobre la cita secreta producida entre los amantes a los que varios invitados de una prestigiosa fiesta sorprendieron, y también se podían leer las palabras exactas que la joven dama pronunció previamente, asegurando que lograría la mano de su enamorado.

Cuando York terminó de leer todos los chismorreos y rumores levantó la mirada, y vio a Wilson sentado frente a él.

―¿Qué vamos a hacer? ―inquirió Mason. Él ya había visto lo que ponía en los periódicos antes de cedérselos a su patrón.

―Demasiado ha tardado ella en echar por tierra su reputación.

Desde que la conocí temí que diese un paso en falso.

Muy atrevida y temeraria. Teniendo en cuenta que ha tardado cinco años en arruinarse y cazar a mi pupilo, no sé si felicitarla por la osadía, regañarla por atreverse a tanto o directamente asesinarla por ponerse en una posición tan precaria.

―Usted aseguró que la señorita Pharma acabaría tendiéndole una trampa a Snow ―le recordó Wilson.

―Y usted aseguró ―usó la misma fórmula que Mason― que a los veintitrés años el hijo de Isobel terminaría casado.

Tiene veinticinco y sigue libre como un pajarillo.

Y debo recordarle que lo dijo muy esperanzado.

Todo ello, seguramente ilusionado porque mi esposa no le solicitase que hiciera entrar en vereda a Theodore como lo logró con Liam.

Usted temía que lo pusiéramos al servicio de Snow y nos llenó la cabeza con falsas esperanzas sobre que el muchacho estaba cambiando, que lo veía más sensato.

―¿Y puede culparme por obrar de ese modo, excelencia?

―refutó―. Si quienes me tienen a su servicio me utilizan de niñera, al menos podría ser para atender a uno de esos dos bebés que son el futuro del apellido ―dijo en alusión al hijo de Liam y a la pequeña de Malcom―.

Ya lo dije ayer, que encantado me desviviré las veinticuatro horas del día por lady Gwyneth.

Incluso iré a vivir con lord Liam, para ocuparme del heredero del ducado.

Y no importa que lord Liam me conmine a ayudar también con el hijo del anterior conde de Ranfield…

―Wilson recordó que la esposa de Liam además de estar a cargo de Kyle, heredero del difunto marido de Regina, tenía bajo su protección a otro pequeño llamado Lawrence, que fue engendrado fuera del matrimonio por el padre de Kyle―.

Bueno, me encargaría con gusto de los dos descendientes del anterior lord Ranfield además de Duncan.

¡Pero no! ―exclamó molesto―. Usted se empeña en que vigile como un halcón a hombres hechos y derechos que no deberían precisar de ninguna guía. Snow no era responsabilidad mía.

―Tiene usted razón ―dedujo por lo bajo el duque.

―No le he oído, excelencia. ―Se puso la mano en la oreja para retarlo a repetir lo que acababa de señalar.

―No se regodee, señor Wilson ―lo amonestó―.

La cuestión es que la familia solo necesitó echarle un ojo a la señorita Pharma para saber que el matrimonio entre Theodore y ella sería una realidad en algún momento.

Lo que no intuimos ninguno fue que la pequeña arpía se dejaría arrastrar por el fango para salirse con la suya.

No me gusta verla en esta tesitura ―dijo con sinceridad.

―¿Dónde estará el supuesto prometido? ―se interesó el señor Wilson.

―Supongo que lo suyo será enviar varias misivas. A mi casa de la ciudad, por si Theodore se cobijó allí huyendo de la sociedad, a su propio hogar e incluso a la finca campestre, a Snow Cottage. No creo que tarde demasiado en aparecer una vez que lo convoque.

―¿Le dirá que la joven está aquí?

―Sí. Junto con las tres misivas que saldrán a sus respectivos destinos, redactaré una para pedirle al padre de la dama y a su hermano que se unan a nosotros en York Park.

Después de leer las… suculentas noticias del periódico, considero que ella ayer decidió pelearse con la familia y que por eso se escapó en plena noche.

Lo cual, por descontado, no es ninguna sorpresa. ―Ella era muy temperamental.

―Snow no estará contento. El muchacho aseguraba a cada rato que no estaba preparado para casarse todavía ―razonó Wilson.

―Ningún hombre al que lo obliguen a ponerse los grilletes matrimoniales podría estarlo.

Según las noticias, lo pescaron cometiendo un delito contra una dama inocente.

No tiene más remedio. Sin embargo, Theodore no debería sorprenderse por los acontecimientos ocurridos.

Ella siempre habló libremente sobre que lograría casarse con él.

―Tal vez no le dio el suficiente crédito porque no la vio capaz de hacer lo que… Lo que ha sucedido. ―Si en verdad ella había sentenciado, antes de ser atrapada en una situación comprometida, que lograría asegurarse la conquista del conde… tenía pinta de haber orquestado una trampa o algo peor.

―Theodore no puede ser tan ingenuo, y más conociéndola como la conoce.

No es una simple muchacha. Si no deseaba correr el riesgo de verse envuelto en algo así, tuvo que haber puesto un océano entre la amenaza y él.

Snow no lo hizo en ningún momento porque debe haber algo más entre él y la señorita Pharma que desconocemos.

Incluso mi hermano me comentó que había muchos rumores sobre el modo posesivo y celoso en el que Theo miraba a la dama en los bailes.

¡Banstorn mismo fue testigo de esas situaciones antes de casarse con Regina!

―exclamó enérgico―. Lo recuerdo muy bien, porque cuando me lo contó no sabía qué pensar al respecto.

―Entonces imagino que hay una boda que planear ―señaló con convicción Wilson.

―Theodore no tiene otra opción si no quiere cargar con la ruina de la hermana de su mejor amigo.

―Hay demasiadas incógnitas ahí. ¿Y por qué lord Snow no anunció el compromiso cuando, supuestamente, fueron sorprendidos en una habitación oscura haciendo… lo que fuese que hacían?

―Esa es la pregunta de las cien mil libras, mi querido señor Wilson.

No obstante, nada en esta familia es fácil y normal.

Evangeline tuvo que acudir a un lugar de vicio para poder conquistar a su esposo.

Regina la siguió llena de alegría hasta el club y se casó con Ranfield, quien la dejó embarazada antes de que mediase el matrimonio entre ambos.

Y cuando se quedó viuda… mejor ni hablar de Regina y Liam.

En verdad, las hijas de Isobel y su propio hermano habían hecho mucho ruido para lograr la felicidad.

Todo ello sin mencionar cómo iniciaron los matrimonios sus mejores amigos, porque el vizconde Portman, Thomas, y el duque de Phenton, Lucien, tuvieron una buena dosis de drama también.

¿No podía haber algo fácil para variar? Porque a York le daba en la nariz que Theodore y Liberty iban a complicar mucho las cosas.

―¿No se olvida de usted mismo, excelencia, al citar los ejemplos? ―La pregunta de su tío lo sacó de sus pensamientos.

―Por supuesto que no. Yo lo hice todo estupendamente con Isobel.

―¿Ah, sí? ¿Quiere que le recuerde que se fijó primero en la hija mayor de su duquesa y que…?

―Señor Wilson ―lo cortó de inmediato―. ¿No tiene una niña a la que cuidar y una boda que preparar?

El aludido no se quejó, porque eso era mil veces mejor que destinarlo a las órdenes de Snow.

Su tío lo miró con seriedad, se levantó de la silla y llegó hasta la puerta que había cerrado cuando ingresó en el despacho.

Justo al abrirla, divisó a la señorita Pharma, quien se cayó en los brazos del señor Wilson.

El sirviente la enderezó, el duque negó con la cabeza.

―¡Ah, señorita Pharma! ―la llamó York―. Puesto que va a convertirse en la condesa de Snow, tal vez debería tener mejores modales y no espiar conversaciones privadas tras la puerta. ¿No cree? ―preguntó con suma formalidad Malcom, porque la ocasión ameritaba hacerlo así.

Ella avanzó, con las mejillas encendidas en fuego por haber sido sorprendida, y tomó asiento en el lugar donde había estado Wilson, quien se había ido del despacho.

―No he podido escuchar nada ―se excusó.