Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 14
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Capítulo 14

La familia es lo importante

Seis adultos y dos niños figuraban en la entrada del edificio principal de York Park.

Además de los duques, Kyle, Gwyneth, Theodore ―quien había llegado más temprano―, y de la pareja que se casaba en un par de horas, estaba el señor Wilson, quien al fin iba a ver cumplida su labor para con los hermanos Banstorn, y eso era verlos felizmente casados.

El carruaje se acercaba y Regina veía ya a Evangeline saludando con la mano. Nada más se detuvo el vehículo, su hermana descendió la primera, sin poder esperar ni un instante, y abrazó a la morena de ojos turquesas con todas sus fuerzas.

―Cuando me llegó la carta de York… ¡Oh, Regina! No me lo podía creer y a la vez deseaba que fuera cierto. Os vi, siendo más jóvenes, y… Siempre tuve el presentimiento de que llegaríais a ser perfectos el uno para el otro.

―Y por fin estamos en ese punto ―le indicó ella, mientras ambas se mantenían abrazadas.

Cuando se separaron, Regina se dio cuenta de que la barriga de su hermana era más prominente de lo que recordaba. La contempló con una gran sonrisa y una muda pregunta mientras le acariciaba el vientre.

―¡Sí! Voy a volver a ser madre ―apuntó con alegría Eve.

Mientras las dos hermanas compartían confidencias, el señor Avery Sullivan había descendido del carruaje junto con su hijo Niall en brazos. Por supuesto, el pequeño, cuando divisó a su primo Kyle, se marchó de inmediato a jugar con él.

―Te ha costado, pero lo has logrado ―dijo socarrón el esposo de Evangeline.

―Ni te imaginas lo que ha sido ―aclaró, mientras recordaba toda la locura planificada por York.

Ambos se dieron la mano con satisfacción y siguieron hablando de sus asuntos.

York e Isobel contemplaban la escena llenos de júbilo.

―¿Satisfecha, mi amor? ―le preguntó Malcom a su duquesa.

―Sí, querido. Mis hijas sonríen y tienen el corazón alegre. La familia crece y la paz ha llegado, muy seguida de la alegría. Solo nos queda alguien que nos dará muchos quebraderos de cabeza…

Isobel y Malcom miraron directamente a Theodore, quien al darse cuenta de que su madre estaba hablando de él se cuadró.

―Espero que no tengáis prisa por verme casado, porque os aseguro que hasta que no tenga cuarenta años, eso no va a suceder. La vida es demasiado preciosa para encadenarme a una sola mujer tan pronto. Tengo poco más de veintidós años y…

―El problema que tú tienes ―intervino York― no es que te guste ser un disoluto. Tu complicación es mucho peor que la de cualquiera.

―¿Cómo podría estar yo en problemas si me dedico a vivir como me place y sin dar cuentas de nada a nadie?

―Lo cual no debería ser digno de alardeo ―habló Isobel―, porque eres un conde y tienes obligaciones que atender y aprender.

―¿Y robarle el gusto de administrar mis asuntos a York?

Sería tremendamente injusto para él, madre.

Su divina persona lo vería como una ofensa, pues el dios Ra es capaz de crear vida con la mano derecha mientras que con la izquierda cura las enfermedades del mundo.

Dejarlo a cargo de mis cuestiones es una nimiedad con la que puede sobradamente.

―El conde de Snow vivía muy bien tal y como estaba.

―Como decía ―retomó la palabra el duque obviando a lo que el joven conde acababa de aludir―, el problema que tú tienes, uno que es mayúsculo, es que te persigue una pequeña arpía demasiado obstinada como para permitir que sigas libre mucho tiempo.

―No sé de qué hablas ―razonó de inmediato el conde.

―Mientes muy mal, Theodore ―lo regañó York―. Debe ser cosa de familia, puesto que Regina también lo hace terriblemente mal.

―Aunque tuvieses razón y esa… muchacha, esa pequeña arpía, estuviese interesada en cazarme, ¿me crees tan incrédulo como para dejarla salirse con la suya?

―Deberías andarte con cuidado. En especial porque todos me dijeron cuando llegué a Londres para acompañar a tu hermana en la temporada, que se te vio discutiendo de una forma muy acalorada con esa muchacha.

―Discutir no es sinónimo de ser sorprendido haciendo algo indecoroso.

―Ya… pero también se comenta que deseabas matar a todos los pretendientes que buscaban su atención.

―Si esto se trata de intercambiar una especie de información secreta que en verdad es falsa… De ti decían que te desnudaste y orinaste en el ponche en una concurrida fiesta muy decente.

Liam, que en ese momento se había acercado con Avery hasta donde figuraban Isobel, York y Snow, carraspeó con incomodidad. ¡Nunca le tuvo que haber contado esa anécdota a Theodore!

―Sullivan y yo iremos a… a… a prepararnos para la ceremonia. ―Liam no esperó respuesta a su indicación, apuró el paso y entró al interior del edificio con el esposo de Eve sin mirar a la cara a Malcom.

―¿Se desnudó y orinó en una fuente de ponche? ―Todo el grupo escuchó lo que le preguntaba Sullivan a Liam.

Malcom gruñó e Isobel frunció el ceño.

―¿Alguien va a explicarme lo que acabo de escuchar? Porque te pregunté, esposo, por ese mismo hecho no hará demasiado y dijiste que no…

―Fue una invención de mi hermano ―le aclaró Malcom con tirantez.

No sabía cómo, o cuándo, pero Liam pagaría esa fechoría de algún modo―.

Deberías conocerme mejor, mi amor, porque si fuese así sabrías que no me desnudaría a menos que hubiera algún premio que me incitase a hacerlo.

¿Orinar en una fuente de ponche? ¡Tonterías!

No dejaría que el resto de los mortales me admirasen si no fuese para hacer alguna infamia que…

―Me queda claro que eres inocente de esos cargos ―lo cortó Isobel―. Ahora sigamos hablando de Snow y… ¿Cómo se llamaba esa joven a la que denomináis pequeña arpía?

―Liberty ―dijo Theodore, lamentándose de haber hablado.

En especial porque York lo estaba mirando con media sonrisa y una ceja alzada, dado que se había dirigido a ella por su nombre de pila y eso denotaba que…

¡Amistad! Sí, de eso se trataba. Ella era la hermana de su mejor amigo y por eso tenía cierta confianza con ella.

Pero Liberty no podía considerarse amiga de él. ¡No lo era!

―¡Cierto! La señorita ―dijo con retintín― Liberty Pharma. Me agradó mucho cuando estuvo aquí en Navidad y coincido con mi esposo en que ella se veía muy decidida. Te miraba de un modo…

―Como Liam lo hacía con Regina ―precisó York.

―¡Bueno! Iré a prepararme para la gran boda ―apuntó Theodore, quien ya se estaba marchando de allí a toda prisa.

Isobel y York se rieron al verlo empezar a correr por el recibidor.

―Señor Wilson, ¿qué opinaría si lo traslado al servicio del joven Snow? ―preguntó York, pues su querido amigo había estado escuchando, pero sin abrir la boca.

―¿Por qué cree que he preferido quedarme callado, excelencia? ―respondió su tío con otra pregunta―. Desde que percibí la primera apreciación sobre una señorita involucrada con Snow, comencé a temblar de miedo.

―Es usted un exagerado, Wilson ―apuntó Isobel.

―¿Lo soy? ―inquirió el aludido con una ceja alzada, con la misma postura que a veces tenía York.

―Se merece unas vacaciones, todos lo hemos comentado ―manifestó la duquesa.

―¿Y si le dijese que me siento capaz de enmendar al muchacho? Que me iría a vivir con él para hacerle comprender que el título conlleva una responsabilidad y que el matrimonio no debe quedarse en un segundo plano, porque es necesario que haya un heredero… ―expuso en alusión a Snow.

Isobel le sonrió y pareció que la pequeña Gwyneth, a quien Isobel sostenía, también entendió a Wilson porque imitó a su madre y le ofreció una sonrisa cálida.

―Si se hiciera cargo de Theodore le daría lo que me pidiera, señor Wilson, incluso el título de mi esposo. ―La duquesa le guiñó el ojo.

―¿Ve como tarde o temprano me mandarán cuidar de un nuevo disoluto? Y me da en la nariz que este es mucho peor que Malcom y Liam ―explicó convencido de haber proclamado una gran verdad.

Malcom le palmeó la espalda y se carcajeó.

―Señor Wilson, si no lo conociese mejor, me atrevería a decir que está usted necesitado de una nueva misión y que es por eso que nos tienta al ordenarle que haga entrar en vereda al hijo de mi amada esposa.

―¿Recuerda una vez cuando le dije que no me vestiría de institutriz por más que usted necesitase una? ―le preguntó Mason a Malcom.

―¡Cómo olvidarlo! Lo imaginé de inmediato con una especie de peluca y una larga falda. Estuve conjeturando esa graciosa imagen cada vez que usted me molestaba.

―Sospecho que con el joven Snow deberían comenzar a buscar ese tipo de disfraz y añadir también una larga vara en la mano, porque sé que les dará, a usted, a su hermano, y a su duquesa ―dijo mirando a Isobel también―, mucho más trabajo del que yo he tenido que hacer con mis dos chicos ―opinó en alusión a Malcom y Liam.

York comenzó a carcajearse con fuerza.

―Una bonita manera, nada sutil, debo añadir, de decirnos que no se hará cargo de nadie más. ¿Es por esa cocinera que…?

―No ―lo cortó―. El amor no está hecho para mí. Me cambió por un panadero ―confesó con la cabeza bien alta.

―¡Oh, señor Wilson! ―saltó Isobel, mientras le tendía a su hija al padre y le daba un abrazo a ese hombre que era igual de maravilloso que su esposo.

Se separaron en unos pocos segundos y Wilson miró con fijación a la pequeña muñequita preciosa que sostenía York en sus brazos. Alzó las manos para que el duque se la dejase sostener.

―No se apiade de mí, excelencia ―le dijo a Isobel mientras acunaba a la niña―, por lo que a mí respecta, esta preciosa criatura, que es infinitamente más divina que su padre, curará todas mis penas.

A ella sí que me dedicaré con gusto. Snow está fuera de mis competencias.

―Le hizo una carantoña que la pequeña premió con una sonrisa.

Mason se llevó a la niña y comenzó a conversar con ella sobre la familia tan atípica en la que le había tocado nacer. Los duques se quedaron un momento más en la entrada. Estaban solos, puesto que las dos hermanas habían ingresado ya para prepararse también para la boda.