Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 13 #4
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Capítulo 13 #4

Regina lo tenía sujeto con una mano sobre su espalda y con la otra le acariciaba el pelo.

Liam. Ese disoluto del que tanto se protegió que incluso llegó a creer que lo odiaba, era el hombre que le estaba haciendo el amor.

El amante con el que había fantaseado desde que enviudó.

No quería dejar de tocarlo. Temía soltarlo y que se desvaneciese en el aire.

No eran pocas las noches en las que se había despertado sudorosa y jadeante, llena de deseo porque Liam la seducía y la conducía al éxtasis en sus sueños.

―Tendrás que aflojar tu agarre, vida mía, si quieres que siga ―le dijo con cierto humor.

Regina dejó de apretar su espalda y también aflojó las caricias que le ofrecía en el pelo.

Eso le permitió a Liam colocarse con mayor facilidad entre sus piernas.

Cuando llegó a su feminidad, después de besar y lamer cada centímetro de su piel, sopló para burlarse de ella, pues había estado unos segundos aspirando ese aroma a almizcle, con un toque dulce y a la vez picante, y la dama había deslizado las nalgas para acercarse a su boca.

―Liam…. ―Su nombre salió como una súplica.

―¿Qué, amor? ¿Te sientes necesitada aquí? ―Acercó la lengua y le dio una lamida de lo más tentadora.

―Sabes que sí…

―Haremos esto un poco más interesante. A ver quién aguanta más. ―Acto seguido Regina se vio sobre el cuerpo de Liam, pero en posición invertida, de tal modo que su rostro se quedó frente a su erección y la cabeza de él perfectamente alineada con su sexo.

―¿Qué te propones?

―Jugar contigo, mientras tú haces conmigo lo que desees. Ambos estaremos al mando.

―Esto no lo hemos hecho antes ―observó ella, pues era la primera vez que la colocaba en esa posición.

―Soy un disoluto, ¿recuerdas? Tengo un par de ases en la manga aún que no me atreví a usar con aquella desconocida por si salía corriendo y gritando.

―Oh, Liam, soy más dura de lo que parece.

―Entonces… ¿Te atreves a jugar? ―la retó.

―¿Qué se supone que hay que hacer?

―El que llegue primero al cielo pierde. ¿Lista?

―Pero… ―No logró hablar más. La lengua de él, junto con un par de dedos juguetones estaban haciéndola gemir de un modo que…

Regina no había entendido ni una sola palabra del juego, pero sí que era consciente de que el reto estaría en ver quién le daba mayor placer al otro, la victoria radicaba en contenerse lo máximo posible.

Mientras se retorcía encima del cuerpo de Liam, Regina agarró su miembro viril y comenzó a darle pequeñas sacudidas que hicieron que la boca de él tuviese que detenerse en sus funciones, porque necesitaba gemir con tranquilidad.

Regina aprovechó el breve descanso para posicionar entre sus labios ese poderoso artefacto que tantas alegrías le había dado en sus aventuras secretas.

Era grueso, firme y de un tamaño más que apropiado.

Entonces lo engulló y sintió que él comenzaba a lamerla con más intensidad, su lengua estaba concentrada en ese punto exacto, mientras que sus dedos se movían a un ritmo delicioso, desquiciante…

perfecto. Todo era ideal, hasta que Liam decidió abandonar su perla para ir hasta un lugar que…

―¿Liam? ―preguntó, tras dejar en libertad su falo.

―Solo debes relajarte.

―Pero… ―Era imposible relajarse cuando tras la lengua masculina, un dedo muy, pero que muy travieso, comenzaba a cosquillear su anillo apretado. ¿Qué se proponía?

―Déjame entrar, Regina. Tu boca, tu feminidad… Te avisé de que te mostraría ese tercer lugar por el que tanta curiosidad tenías.

―¡Aaaah! ―gimió al sentirse tan llena. Los dos dedos que él mantenía en su parte delantera estaban bien, pero ese último que ingresó en un lugar que jamás imaginó… Curioso, muy curioso.

Regina comenzó a balancear las caderas con fuerza. No podía concentrarse en otorgar placer, solo precisaba sentirlo.

―Lleva tu mano hasta ese punto que hace que te vuelvas loca y pronto te liberarás de la necesidad.

Regina soltó su virilidad y su mano derecha se deslizó hasta ese nudo de carne tan primoroso que la hacía gritar con fuerza.

Y no tardó demasiado en sentir una plenitud desorbitada, porque en menos de cinco minutos cantó su liberación tratando de mantener sus chillidos bajo control por respeto al resto de los moradores de York Park.

―Sí, sí, sí, sí… síííí ―sollozó, cuando los fuegos artificiales hicieron al fin acto de presencia.

Poco después, los dedos milagrosos desalojaron los lugares que habían llenado para ser reemplazados por una suavidad que buscaba beberse todo su placer. Liam se deleitó con el sabor de su hazaña. Su lengua recogió los frutos producidos con sumo placer.

―Eres increíblemente dulce. La miel es amarga comparada contigo, mi vida.

―Me has sorprendido, Liam, y era muy complicado después de lo que vivimos entre las sombras como amantes desconocidos.

―Un día te pediré que me dejes entrar, porque ese lugar no ha sido profanado y deseo tenerte de un modo especial. ¿Me lo concederás, mi amor?

―Insinúas que esto ―le dio un pequeño tirón en su entrepierna―, quieres alojarlo en mi… ¿ ahí ?

―Muero por enseñarte cómo lo haremos.

―¡Eres muy grande, Liam! ―se quejó con cierto pánico.

―Hay tiempo, Regina. Te prometo que lo disfrutarás.

―Pero…

―¿Te he fallado alguna vez? ―la cortó.

―No. Porque aunque nos vimos solo tres veces, es cierto que hicimos muchísimas cosas durante nuestros encuentros. Todas muy creativas y agradables, lascivas y perfectas.

―Entonces, pronto te tendré aquí. ―Pasó un dedo por ese anillo fruncido y Regina sintió una nueva oleada de deseo brotar de sus entrañas.

Rauda y veloz, se dio la vuelta y se quedó frente a él, de tal modo que su nido de rizos estaba dando cobijo a esa cobra que todavía no había perdido su veneno.

―¿Te gustaba estar bajo mis órdenes, X? ―Usó el nombre que él tenía cuando era su amante misterioso.

―¿Qué te propones?

―Me gustaría montarte. Recuerdo que te agradaba cuando me tornaba salvaje, cuando lo hacía fuerte y duro.

―Adelante, querida. Estoy impaciente por ver cuánto tardas en conquistarme.

―¿Quieres que me emplee a fondo para hacerte volar rápido? ¿O lo prefieres despacio y desquiciante? ―preguntó llena de audacia.

―Sorpréndeme ―la retó.

Regina buscó su eje con la mano derecha y posicionó la cabeza en su entrada.

Seguía húmeda. Bajó por el tronco de Liam con cuidado los primeros centímetros, pero cuando supo que el recorrido que quedaba era seguro, se dejó caer sobre él por completo, por lo que se quedó empalada y él tuvo que gemir debido al gran placer que sintió.

―¿Estás bien? ―cuestionó en tono de burla. Demasiado sabía ella que él estaba en la gloria.

―Listo para que comiences a cabalgar.

―Muy bien.

Se recostó sobre el torso de su futuro esposo, se agarró a su nuca y comenzó a mover las caderas con un trote ágil, de lado a lado, de adelante atrás…

Regina se movió de todas las formas y maneras que se le ocurrieron.

Y mal no lo estaba haciendo, puesto que Liam solo hacía que gimotear y suspirar lleno de lascivia.

―Más, Regina… Hazlo más fuerte. Me tienes en el borde, un poco más… ¡Vamos! ―la animó.

Liam se resistía a poner sus manos sobre el cuerpo de ella. Deseaba que fuese su prometida quien lo catapultase hasta el cielo o más allá.

―Liam…, estoy cerca de… Liam…, por favor… Ven… ven conmi…go… ¡Liam! ―gritó su nombre a modo de exigencia para que él tocase las nubes al mismo tiempo que ella, porque ese ritmo y el roce que tenía con el punto que la volvía loca hicieron que pronto estuviese más que lista para volver a dejarse ir.

―¡Yaaaaaa! ―señaló él cuando la crisis de la liberación lo atrapó.

Fue entonces cuando Regina logró exprimirlo como a un limón. Tras la gloria, Liam rodó con ella sobre la cama, se quedó encima y comenzó a besarla lleno de júbilo.

―Te amo, Liam.

―¡Diooos, Regina! He esperado tanto… que… ¡Soy muuuuy feliiiiiz! ―gritó a pleno pulmón.

―¡Sileeeeencioooo! ―Se escuchó a lo lejos la voz de York.

Regina y Liam comenzaron a reírse por lo bajo.

―Harás que venga a regañarnos si vuelves a gritar.

―¿Crees que Isobel se lo permitiría? ―indagó Liam.

―Yo… ―Se quedó mirando la pequeña mesa que había a su lado y luego dijo―: ¡No hemos usado el budín de chocolate!

―Estás tan rica que no necesitaba ningún otro acompañamiento, pero la noche promete más placer… Lo usaremos en breve, si no estás cansada.

―¿Cansada? Tenemos mucho tiempo que recuperar.

―Dame diez minutos y comenzaremos de nuevo ―solicitó mientras una idea surcaba su mente.

Aquel postre dulce terminó siendo vertido en los senos de Regina. Liam nunca se había comido un manjar más delicioso. Fueron los diez minutos más agradables de su vida. Cabe señalar que en el minuto cuatro él ya estaba más que listo para afrontar cualquier nuevo reto.