Capítulo 13 #2
―Nuestra relación es más compleja que la de otros.
Hemos pasado por mucho. Yo… creo que necesito que entiendas que me gustaría que fueses feliz, porque te lo mereces.
Es por eso que he intentado mantenerte apartada, porque en verdad no deseaba privarte de un futuro brillante, pero…
necesito que entiendas que sé que este embarazo te ata a mí y que…
―Si vas a seguir, y vas a pedirme que no me sacrifique o algo así…
―¡No! ―Ella suspiró con fuerza y se tocó la frente―. No sé si lo recordarás, pero, en nuestro primer encuentro en casa de la duquesa X, yo te hablé de un hombre al que jamás olvidaría y que no podría tener. Cerré los ojos y…
―No he pensado en otra cosa desde que me enteré de que eras tú. ―Liam se dio cuenta de que en verdad Regina lo amaba muchísimo, pues le confesó cosas que él comprendió cuando su hermano le desveló la verdadera identidad de aquella dama. Estaba satisfecho con esos recuerdos.
―Verás, yo… Estaba hablando antes con York justamente de que me han hecho sentir egoísta en alguna ocasión y él me ha convencido de que no lo soy, pero ahora creo que sí que lo soy y…
mucho. Porque a medida que te hablaba sobre mi reflexión, tenía muy claro que si este niño, que considero que es un milagro nacido de nuestro amor más libre, es un lazo para ti…
Yo no pienso soltarte, Liam. Lo siento, pero no lo haré.
Te retendré a mi lado cueste lo que cueste porque por una vez voy a pensar en mí y solo en mí.
Te ataré para que no puedas escapar y luego haré que vuelvas a enamorarte locamente de mí.
Sí, eso es lo que estoy dispuesta a hacer. Y lamento si tú no…
―Regina… ―la interrumpió con el corazón saltando en el interior de su pecho. Era la admisión más honesta que jamás hubiese esperado. Lo retendría porque lo amaba. No le quedaba duda.
―¿Qué?
―Cállate ―le dijo con suavidad.
―Pero es que necesito que entiendas que comprendí lo que me dijiste la última noche en aquella fiesta, y que…
No pudo continuar. Liam la apresó entre sus poderosos brazos y la besó.
No fue una caricia sutil, tampoco algo rudo o crudo.
Él pretendía decirle con un solo beso todo lo que no era capaz de explicarle con palabras.
Llevaba tanto tiempo soñando con tenerla…
Con poder abrazarla sin restricciones… Con sentir que ambos se pertenecían…
Besarla parecía un sueño. Tantas veces había sido ella la protagonista de sus deseos más secretos que Liam temía despertarse y que Regina se evaporase.
Dejó de besarla y la colocó sobre su torso, con la mano en su cabeza para mantenerla pegada a él. Le acarició el pelo con suavidad. Lo llevaba suelto y fue como tocar el terciopelo más sublime.
―No te protegí, Regina. Estuve equivocado aquella noche en la que te rechacé.
Mi orgullo hizo que sufrieras a manos de un desalmado del que no podré vengarme por tocarte, por hacerte daño.
Si pudiese volver atrás en el tiempo, enmendaría mi error.
No podré perdonarme lo que te hicieron y no remedié.
―No, Liam. Por favor, no te hagas esto. Estoy cansada de la culpa, del dolor, de vivir sin vivir, de ver pasar los días sintiendo que nada de interés sucede. Aquel hombre que me atacó no logró mellar mi espíritu, ni doblegarme ante el miedo. Me pegó, trató de quitarme la vida, pero no lo consiguió.
―¿Te violó, mi vida? Porque no te querría menos si lo hubiese hecho.
―No. Se entretuvo haciéndome daño, solo fue eso.
―No es menos malvado lo que te hizo. Pensar que yo…
Te juro que en la puerta me debatí entre volver a entrar o marcharme, pero…
¡Dios! No sé por qué te dejé atrás, qué loco impulso me obligó a renegar de ti, cuando eres lo que más quiero.
Lo que siempre quise desde que te conocí, lo que deseé sin ser consciente de que lo hacía.
Esos ojos tuyos… El modo en el que siempre te las apañabas para reírte de mí y dejarme en evidencia…
Eras única y no me di cuenta de lo que tenía al alcance de mi mano hasta que fue demasiado tarde.
Sé que no cambiarías tu vida, porque Kyle no lo merece, pero Dios santo…
Siempre has sido mi ilusión, Regina. Eres mi vida entera.
Estos días atrás, he querido abrirte tantas veces mi corazón…
pero te veía y tus heridas me hacían sentir el peor de los hombres por haberte dejado.
―Basta, Liam, no quiero que te mortifiques más por lo que sucedió.
Tú no tuviste la culpa, no fuiste tú quien me atacó.
Mírame, ya estoy bien, casi no queda rastro de lo que aconteció.
Mi voz pronto mejorará por completo y tus atenciones, tus abrazos serán un bálsamo para mí. Solo… Solo quiéreme como yo te amo.
―Eso y más, Regina. Eso y mucho más. Te lo juro.
―Hemos pasado por tanto… Nos amamos sin saber que el uno estaba con el otro. Tienes que saberlo. No fue vicio lo que me impulsó a ir a casa de la duquesa X. Fue curiosidad. Estaba tan sola, tan convencida de que nunca podría tenerte, y York…
―York es tan persuasivo y tenaz que jamás se da por vencido, Regina. No hubieses podido escapar de sus deseos nunca, sé bien de lo que hablo. Y le estaré eternamente agradecido por haberse inmiscuido en nuestros asuntos.
Regina lo abrazó más fuerte.
―Estaremos bien, Liam. Nos conocemos demasiado como para que algo falle en nuestra relación. Kyle te amará.
―Ese niño es tu viva imagen, siempre lo he querido porque era parte de ti.
―¿Y al pequeño Lawrence? ¿Podrás aceptarlo? York me ha dicho que te puso al corriente de todo.
―Tu esposo nunca te mereció. Nunca, Regina. Yo aceptaré al pequeño, no debes preocuparte por eso ahora. Él estará con su madre hasta que Dios la llame a su lado y luego será parte de nuestra familia.
―No podía traicionarlo, Liam. Recité mis votos, te juro que deseaba que me consolases, yacer contigo, pero el honor, mi propio código me lo impedía.
Te deseaba, a él lo amé una vez… Estaba en un infierno, en una encrucijada.
No quería ponerte en peligro porque Ranfield era mucho más peligroso de lo que creías.
Pensé que dejándote a un lado te haría libre y que estarías a salvo.
Cuando murió… quise correr hacia ti, no me atrevía, creí que no podría ser madre, me lo dijeron.
Luego estaba esa culpa porque mi esposo, el que me salvó la vida, había muerto y…
No pude, Liam. No pude sobrellevar todo lo que sentía en mi interior.
―Y por eso te amaba todavía más. Sé la esposa que serás, una leal, amorosa, correcta y buena. Tenemos por delante mucho camino que recorrer, pero te prometo que todo irá bien.
―Suenas como York. Eso me gusta mucho. Él siempre me ha dado seguridad.
―Apóyate en mí, seré tu pilar si me dejas.
―Lo eres desde hace mucho tiempo, amor mío. Siempre he vivido ilusionada por ti. ¿No lo ves? Eres tú y solo tú, Liam.
―No quiero ocupar Ranfield Manor. Es vuestra casa, pero no la mía. No quiero vivir allí.
―Lo entiendo. Yo tampoco lo deseo. Es de Kyle y allí estará cuando él tenga edad suficiente para ocuparla. ¿Dónde quieres vivir? ¿Aquí en York Park? ―indagó, todavía con la oreja pegada a su pecho, escuchando el latir de su corazón. Iba al mismo ritmo que el suyo propio.
―He estado fuera para buscar un nuevo hogar para nosotros.
Nuestro propio comienzo. Portman me llevó por un bonito recorrido en Dover.
He comprado una casa junto al mar. Grande y preciosa, que podrás decorar a tu gusto.
Nuestros hijos, los dos con los que ya cuento ―dijo en alusión a Kyle y al pequeño Lawrence―, el que pronto llegará y los que están por venir, si es que llegan, no es algo que me importe, serán allí felices con sus padres.
Vivirás cerca de tu hermana y York Park está bastante próxima. Seremos felices ―repitió una vez más.
―Estoy convencida de ello, mi amor.
―Entonces, mañana nos casaremos, mi vida. Comenzaremos desde cero a construir los cimientos de nuestro amor. Un amor que a veces estuvo prohibido, otras resultó atormentado, pero que al fin pudo ser. Y será grande, inmenso como la luna, ardiente como el sol, brillante como las estrellas. ¿Me crees?
―Sí. Nunca dejé de creer en ti ―alegó ella con una amplia sonrisa dibujada en el rostro.
***
Aquella noche los niños se habían acostado pronto, por lo que el comedor principal tenía a dos personas que disimulaban sus sonrisas y… otras cosas con poca gracia, y había también una pareja que se sentía mortificada con algunas situaciones que…
―¿Queréis parar de una vez? ―habló York desde la cabecera de la mesa. Su esposa estaba en la otra esquina y Liam y Regina en los lados opuestos. Estaban sirviendo ya el postre.
―¿A qué te refieres, esposo? ―preguntó Isobel.
―Acabarán haciendo el amor sobre nuestra mesa de comedor.
―¡York! ―lo amonestó la duquesa.
―¡Como si tú no te hubieses dado cuenta de que se están comiendo con los ojos, haciéndose gestos que creen secretos, y que me avergüenzan hasta a mí!
―Sí, también lo he visto, mi amor, pero he sido más cortés y no he hablado en alto. ―Isobel se había sonrojado un par de veces al ser testigo de esas miradas audaces, y lo que no eran solo miradas…
―¡Idos a la cama antes de que presencie algo que no podré borrar de mi memoria! ―saltó el duque con enfado.
Había visto a Liam sorber la sopa mientras sacaba la lengua para pasearla sobre sus labios. Luego la dama había bebido vino y se había lamido los labios una y otra vez… ¡Había aguantado más que suficiente!