Capítulo 12 #4
―No darás tu brazo a torcer cuando mantengamos diferencias en nuestras opiniones.
Ya lo puedo ver. Me tocará rendirme a tus pies y luego cobrar el premio por ser un esposo devoto.
Te informo desde ahora mismo que si me dejo avasallar, si te permito pasar por encima de mí sin negociación alguna, pagarás muy caro tu desafío en el lecho.
Soy bastante exigente en la cama, como comprobarás pronto, así que más te vale ser un poco humilde cuando quieras medirte ante mí.
―Das por hecho muchas cosas, señor Donaldson ―señaló con las mejillas encendidas al imaginarse lo que Jacob podría demandar en el lecho.
Él avanzó un par de pasos y la abrazó para dejarla pegada a su pecho.
La americana no se resistió. Los dos se quedaron mirándose a los ojos y Jacob aprovechó el momento para bajar la cabeza y besarla con fuerza.
Podía ser un hombre cabal, siempre y cuando ella le demostrase que también lo sería.
Y ese beso crudo, exigente, cargado de dominación, vino a mostrarle a la mujer que sería su esposa, que él podía ser tan peligroso como cualquier hombre cuando lo llevaban al límite.
Después de unos segundos que hicieron que Jenna gimiese y disfrutase por completo del contacto, Jacob se separó y la dejó temblando.
―Me ofrecí por Regina porque ella tenía un problema que finalmente Liam ha resuelto.
Le juré al difunto esposo de la condesa, quien era mi mejor amigo, que siempre cuidaría de ella, aunque eso implicase poner en riesgo mi propia vida.
Aunque todavía no me creas, soy un caballero y solo contigo siento la necesidad de romper todas las normas.
Tuve que tomar una decisión, Jenna, y te juro por lo más sagrado que haya en este mundo, que no pude dejar de pensar en ti ni un instante.
Se me rompió el corazón al pensar que mi deber me obligaría a perderte.
―Yo… creo que estoy enamorada de ti ―le confesó embelesada. No podía resistirse más a ese aroma a fascinación, a su mirada tierna, a su autoridad tan adorable.
―No.
―¿No lo estoy?
―Sí, sé que lo estás. Lo que quiero es que me convenzas de que mereces mi amor.
―¿Disculpa?
―No creerás que será tan fácil tenerme en la palma de la mano… ¿verdad, tesoro?
―¿Tesoro?
―¿Prefieres bruja? ―preguntó con burla. Ella negó con la cabeza.
―¿Qué se supone que debo decirte?
―Algo que haga que mis fuertes rodillas masculinas tiemblen. Sé creativa ―le recomendó con humor.
―No es la mujer la que debe declararse.
―Ya me he declarado, Jenna. Así que lo que vas a hacer será cantar alabanzas sobre mi persona para convencerme de que eres consciente de que soy el indicado para ti. Y por descontado dejarás de correr tras Liam Banstorn.
Ella suspiró y acomodó la cabeza sobre el pecho de Jacob. Ambos estaban abrazados. Le gustaba escuchar el ritmo rápido de su corazón.
―Hay quien opina que el amor a simple vista no existe. Yo era una de esas personas que no creía posible que una mujer cayese presa de un embrujo al echarle un primer vistazo a un hombre. Y no fue eso lo que me ocurrió, porque no me gustaste en absoluto.
―Jenna, creo que no entiendes lo que se debe decir en estos casos ―farfulló.
―Deja que acabe antes de juzgar el discurso que me obligas a desvelarte. Porque no te equivoques, sé que esperas que desnude mi mente para ti y es lo que estoy haciendo.
―Está bien. Sigue, por favor.
―No fue la vista lo que me indicó que tú serías mi talón de Aquiles.
Fue mi prodigiosa nariz la que ayudó a levantar el imperio de mi padre, la que me alertó de que si me enamoraba de ti tendría que acabar eligiendo la felicidad por encima de quien soy.
Tienes un aroma, un olor muy característico, ya te lo he dicho en alguna que otra ocasión.
Y cuando me relataste un pedacito de tu devastadora historia, la fascinación fue apabullante.
No pude resistirme y le pedí a mi querida amiga Liberty que lo averiguase todo de ti.
¡Oh, Jacob! Has sufrido tanto, y pese a ello sigues siendo un buen hombre.
Odié a lady Portman por no elegirte y no creer en ti.
Quise apuñalar el corazón de tu madre por dañarte de semejante manera, y luego quise abrazarte para decirte que yo te cuidaría, que te amaría hasta el fin de mis días…
Ah, pero el amor me aterraba. Ya confié una vez en alguien y me rompió el alma.
―No me importa tu pasado. No me importará si no eres una mujer pura, Jenna. Solo necesito tenerte.
―Y me tienes, desde el primer minuto. He tratado de resistirme a tu encanto, a tu aroma, a todo lo que me inspiras, y casi desfallezco.
Soy terca. No vine aquí porque estuviese locamente enamorada del hermano del duque.
Vine para que se me ofreciese una explicación.
Nadie se burla de mí ―dijo en un tono de completa seguridad.
―Esa es mi dura mujer de negocios.
―Deseo ser más que una esposa, o una madre. ¿Puedes comprender eso?
―Por supuesto que sí.
―Mi vida está en Boston.
―Y a mí no me ata nada aquí.
Ella se despegó de él y lo miró con lágrimas en los ojos.
―¿Estás diciendo lo que creo, Jacob?
―Te estoy diciendo que seré tu apoyo tanto como tú serás el mío. Te amaré sin contención, y esperaré lo mismo.
―¡Hecho! ―Le tendió la mano.
Él se rio con ligereza.
―Esto no es un trato que se selle con un apretón de manos, tesoro. ―Jenna se mordió el labio. Eso fue justo lo que hizo con Liam.
―¿Nos casaremos, Jacob?
―¿Te quedaba alguna duda de que ibas a ser mi esposa, Jenna? ―Ella negó con la cabeza.
―¿Y me perdonarás por haberte mantenido lejos?
―Por supuesto que sí. En cuanto cumplas todos mis caprichos en el lecho.
Ella le dio un tenue empujón con su hombro izquierdo sobre su torso.
―Te amo, Jacob.
―Te amo, Jenna. Y tu declaración ha sido perfecta.
―Creía que no era una declaración.
―Digamos que has pasado la prueba, tesoro ―alegó socarrón.
―Eres imposible, señor Donaldson ―se quejó.
―Bien. Ahora nos iremos a Gretna Green donde un herrero nos casará.
―Me quedan pocos meses para cumplir los veintiuno. No es necesario que…
―Te conocí cerca de Escocia y es una señal. Esa es mi tierra, y antes de que partamos hacia Boston te enseñaré el único lugar en el que fui feliz. Espero que podamos compaginar Boston con mi amada tierra, Jenna, porque te aseguro que adorarás mi casa de allí.
―Seré feliz donde tú estés.
―Entonces despidámonos de la duquesa y dejemos a esta familia tranquila. ¿Te parece bien? ―Jacob sospechaba, después de ver a Regina salir corriendo, que había algunos flecos todavía que retocar.
―Debemos avisar a tía Harriet. Se le romperá el corazón cuando sepa que no emparentará con un duque ―observó con lástima al pensar en lo que fanfarroneaba la mujer. Estaría devastada con la noticia. Seguro.
―¿Es algo que te moleste? ―La vio fruncir el ceño y entonces precisó su cuestión―: ¿El hecho de que yo no tenga título?
―Por supuesto que no ―alegó con convencimiento―. Te elijo porque eres bueno y sé que no me fallarás. Te amo. Te quiero para mí.
Jacob se quedó más tranquilo con esa respuesta. En especial cuando ella le dedicó una bonita sonrisa.
―Le escribiremos una nota a tu tía cuando paremos en la posada esta noche.
―¿Dormiremos juntos? ―inquirió sin poder retener la pregunta. Hacía mucho tiempo que deseaba a Jacob.
―Te haré el amor antes de convertirte en mi esposa, porque no puedo resistirme más. ¿Estás en contra de la idea? ―Ella negó con la cabeza. En realidad estaba muy a favor de la propuesta.
―Creo que deberíamos irnos de inmediato, Jacob. ―Jenna había tenido un disgusto amoroso importante y su encuentro íntimo con aquel truhan no fue para nada agradable. Esperaba que Jacob la instruyese mejor, porque había algunas iniciaciones en el terreno del placer que no deberían contar.
―Ahora mismo.
La pareja salió del despacho y se topó con la esposa de York. Le explicaron sus circunstancias y siguieron su camino.
Jacob no faltó a su palabra. Por la noche, la adoró con su cuerpo y la convirtió en suya. De igual modo que la joven lo hizo suyo y le correspondió sin reservas.
El herrero los casó días más tarde y ambos se detuvieron en casa de él para disfrutar de su luna de miel.
Fueron muy dichosos allí. De la habitación salieron bien poco en sus primeros días de matrimonio.
Y sí, él era muy exigente en… las cuestiones íntimas.
Y ella encantada obedeció todas y cada una de las solicitudes.
Incluso la que tuvo que ver con abrir la boca para ser alimentada con su gran…
Mientras, su tía Harriet se desmayó cuando recibió la noticia sobre la fuga de su sobrina con un hombre sin título. Las sales tuvieron que estar al alcance de la vizcondesa durante una larga semana. Sus nervios se crisparon por completo.
Solo quedaba por recomponer una pareja de lo más complicada, pues Liam y Regina todavía tenían que decirse mucho.