Capítulo 12 #2
Jacob, que todavía no le había soltado la mano, se la llevó hasta su antebrazo izquierdo y se la colocó allí para iniciar un paseo.
―Sonríe un poco, bruja, o todos pensarán que hemos tenido una riña de enamorados ―le soltó al verla enfurruñada, mientras quienes paseaban a su lado los observaban con atención.
―No sé lo que pretendes, pero no es sensato pasear del brazo de una dama mientras tu prometida te aguarda en… en el lugar donde la dama esté.
―Es la segunda vez que dejas patentes tus celos. Me agrada sentirte así. Posiblemente debí haber anunciado mucho antes mi interés en casarme con otra mujer para ver si de una buena vez comenzabas a valorarme como merezco.
―Estás diciendo tonterías.
―Todas ciertas ―precisó―. Bien, ¿cómo va a ir esto?
―No sé a qué te refieres. Y todavía entiendo menos cómo me has encontrado en esta parte de la ciudad.
―Es evidente que te he seguido. He ido a verte a tu casa, pero como al parecer no soy bien recibido, al contrario que Banstorn…
―El mayordomo no le había permitido el paso las tres veces que lo intentó―.
No he tenido más remedio que aguardar en la puerta hasta que salieses.
He sentido demasiada curiosidad por saber al lugar al que te dirigías con tanta premura.
EL hermano del duque de York debe haberte fascinado por completo. ¿Me equivoco?
―No es asunto tuyo.
―Sin embargo, aquí estamos los dos. Ninguno de nosotros encuentra a sus respectivas… parejas. ¿No te parece sospechoso?
Jenna detuvo el paso y se ladeó para mirarlo de frente.
―¿Qué quieres decir?
―Ah, alardeas siempre de ser inteligente… No me lo estás pareciendo en estos momentos. ―Jacob le ofreció una sonrisa de lo más burlona.
―¿Insinúas que se han fugado juntos?
―¿A ti qué te parece, bruja?
―No creo que se atreviese a hacer eso. No lo haría. Tiene que haber otra explicación… ―Se decía más para sí misma que para él.
―¡Ooooh, el amor no correspondido! Se te ve muy afectada.
Lástima que estés tan abatida por su marcha.
Iba a proponerte un acuerdo de lo más ventajoso para ambos…
Aunque es cierto que conmigo tendrías menos inconvenientes que si te casases con Banstorn, y sospecho que eso no será un punto a mi favor.
Pues al ser más honorable, más decidido y valer mi peso en oro, considero que, pese a todo, lo vas a preferir antes que a mí.
Así que mejor… Sí, creo que no te daré ninguna solución a tu problema, bruja americana, porque no lo mereces.
Te deseo la mejor de las suertes lidiando con las burlas que despertarás, porque conozco bien la sociedad y ni toda esa fortuna que ha puesto tu padre bajo tu brazo, te librará de hacer un ridículo espantoso.
―Lord Liam no me haría algo así. Estoy segura ―increpó con convicción.
―Muy bien… Estaré esperándote cuando vengas a llamar a mi puerta. ―Se quedó pensativo un segundo―. O tal vez no. No lo he decidido aún. ¡Suerte! ―le deseó, antes de marcharse y dejarla atrás.
Jenna se giró para buscar a su doncella.
―¿Hay alguna posibilidad de que sepamos dónde puede estar mi supuesto prometido, Jane?
―Creo que su mejor opción es preguntarle a la señorita Pharma. Su amiga lo sabe siempre todo de todos.
―Sí, eso es verdad. Haremos una última parada antes de ir a casa. Si Liberty puede ofrecernos alguna pista… Vayamos a verla.
―Si no es indiscreción, señorita, el hombre que se ha marchado parece estar muy interesado en usted.
―¿Has escuchado la conversación? ―la sermoneó.
―Le juro que he tratado de no hacerlo, pero él hablaba muy alto ―afirmó completamente colorada la sirvienta.
―¿Qué te preocupa, Jane?
―Si él se ha fugado, como ha insinuado ese hombre, está usted en graves problemas. Yo no lo hubiera despachado, señorita, porque él podría servirle de ayuda.
―Lo sé, Jane. Sé lo que sucederá si lord Liam no cumple con su parte del trato, puesto que mi tía ya ha estado alardeando con todo el mundo sobre mi irrupción en la familia del duque de York. Mi fortuna no me salvará de ese estropicio. Busquemos a Liberty.
***
Hacía cuatro días que Regina estaba viviendo en York Park.
Liam la había trasladado a casa del duque.
Como no podía hablar al principio, habían comentado pocas cosas.
Él le explicó que se casarían allí en cuanto York consiguiese una licencia especial.
La capilla familiar parecía un lugar agradable para oficiar la boda.
Al segundo día él se marchó alegando que tenía que poner algunas cosas en orden, y ella comenzó a recuperar la voz justo cuando no podía obtener respuestas para las preguntas que deseaba hacerle. Al menos ya hablaba, entre susurros, pero podía pronunciar palabras sin sentir tanto dolor.
Aquella mañana, Regina sostenía entre sus brazos a la pequeña Gwyneth. La estaba acunando mientras Kyle jugaba con algunos rompecabezas en una alfombra de la guardería. Isobel estaba a su lado, también sentada, y la miraba con suspicacia.
―¿Qué? ―preguntó cansada de que la esposa de York no dejase de observarla.
―York me ha contado toda la historia.
―Sé que lo ha hecho, y que no se habrá dejado ningún detalle. Así que si estás disgustada porque yo no haya ido a buscarte para comentarte nada…
―No es eso. Me preocupa que vuelvas a estar en una situación similar a la vivida años atrás ―alegó con suavidad Isobel.
―No es el mismo hombre. ―Regina también sentía que el patrón se repetía. Se quedó embarazada de Ranfield y él se casó por obligación. Aquello no empezó bien, pese a que ella había estado enamorada. Terminó peor todavía.
―Pero sí es la misma historia. Al menos se asemeja mucho, hija mía.
Regina suspiró. Se levantó y dejó a la niña dormida en su cuna. Se acercó a Kyle y le dio un beso y un fuerte abrazo que el niño correspondió. Lo dejó de nuevo jugando con sus cosas y se volvió a sentar. La chimenea crepitaba al fondo de la estancia.
―¿Crees que hago mal al casarme con Liam?
―No, si lo amas.
―Lo amo con todo mi corazón. Pero las dos sabemos que eso nunca supuso un problema. Con Ranfield fue él quien no cumplió con mis expectativas. Ambas conocemos lo que le hizo a Evangeline y lo roto que estaba a causa de su padre.
―¿Dudas de que el hermano de mi esposo te ame?
―Lo que temo es que todo lo que hemos pasado hasta llegar a este punto nos separe. Él me dijo que no podía seguir pensando en mí y me pidió que lo dejase libre. Tal vez no con esas palabras, pero fue lo que entendí justo antes de que se enterase de que estaba embarazada.
―No es algo alentador, Regina.
―Lo quiero de la forma que sea.
―Suena como si no aprendieses de tus errores.
―Porque por Liam pondría la mano en la chimenea y sé que no me quemaría.
Él es el hombre al que llevo esperando toda la vida.
Se preocupa por mí sin tan siquiera esperar a ser correspondido.
Todo lo que ha hecho así me lo demuestra.
Así que no le pediré ninguna garantía de amor u otra prueba, porque a lo largo de estos años me las ha dado con creces.
―Me gusta oírte tan segura.
―Es hermano de York. Los dos se han criado de la misma manera. ¿Amas a tu esposo? ¿Dudarías de él?
―Jamás ―respondió Isobel.
―Seré paciente, madre. ―Solía llamarla así aunque en verdad fuese su madrastra―. Él lleva mucho tiempo siéndolo y sé que puedo llegar hasta él.
―Dios te escuche, Regina, porque es justo lo que dice Malcom que sucederá. Os volveréis a enamorar y nunca nadie os podrá separar.
―Ah, siempre llego en el mejor momento ―interrumpió York desde la puerta―. Escucho la palabra Dios seguido de mi nombre y no hay otra forma de glorificarme más.
―Hay otro tema que tenemos pendiente, York ―le dijo Regina.
―¿Qué podría ser? Porque en mi lista he tachado todas las cosas que tenía inconclusas.
Ya sabes, número uno: hacer que Regina se casase con Liam.
Número dos: pedir que ambos me feliciten tal y como Ra merecería que se hiciera.
Uhm ―York se dio un par de toques en la sien y luego dijo―: Ahora que lo pienso, el reto número dos no debí tacharlo, dado que no he recibido gratitud alguna.
Aunque puedo esperar a que recuperes tu voz por completo y no tengas que susurrar.
―¿Con un abrazo te darías por satisfecho? ―inquirió Regina.
―Prueba a ver qué pasa.
La condesa viuda se puso de pie y le dio ese abrazo tan sentido que él merecía.
―Gracias, York. No sé cómo lo hiciste, pero al final sí parece que va a salir todo bien.
―Como diría mi querido señor Wilson… nacido para servir a esta familia ―expresó con una brillante sonrisa.
―Ahora necesito que me hagas un último gran favor.
―Repito: nacido para servir. ¿Qué necesitas? ¿Un negligé escandaloso para tu noche de bodas?
―¡York! El niño puede oírte ―saltó Isobel.
―Y no sería malo que comenzase a recorrer el largo camino de la felicidad de un disoluto ―respondió con humor el duque.
―Es todavía muy pequeño, no lo corrompas todavía, te lo suplico, esposo.
―Por ti lo que sea ―le respondió a su duquesa―. ¿Qué necesitas, Regina? ―le preguntó a ella, que había estado sonriendo mientras observaba el intercambio entre la pareja.
―Espero forjar con Liam un vínculo como el vuestro.
―Y lo harás ―razonó York―. Todos saben que de los dos, mi hermano siempre fue el mejor Banstorn. Así que no te preocupes por nada. Estaréis bien. ¿Qué precisas de mi divina persona, Regina?
―Necesito que encuentres a una mujer por mí. Llevo semanas buscándola y no he logrado saber nada de ella. Antes de venir inicié las investigaciones oportunas, pero al trasladarme a York Park, ya no pude seguir con la búsqueda. Parece que se la ha tragado la tierra.
―¿A quién?
―Fleur Kein. ―Al escuchar ese nombre el duque e Isobel intercambiaron una mirada muy sospechosa de la que la condesa fue testigo―. ¿Qué me he perdido? ―interrogó a ambos.
―La señorita Kein está a buen recaudo, Regina ―dijo Isobel.
―¿Cómo puede ser eso? Yo no he conseguido dar con ella.