Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 11 #5
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Capítulo 11 #5

―Llegué a tiempo. Estoy convencido de que ella no sufrió más agresión que los morados que se ven ―habló Jacob afectado por la situación.

No había esperado ver en Banstorn una reacción similar.

Para Ranfield solo era un bastardo egoísta sin corazón que no valoraría jamás a Regina.

Saber la profundidad de los sentimientos del hermano del duque lo dejó asombrado.

Siempre había considerado que la deseaba, pero no había previsto que hubiese amor.

―Eso no me excusa. Le dije que yo no podía… Le rompí el corazón. A una mujer que ha sufrido lo indecible… ¡Dios mío! ―se lamentó Liam.

―No se trata de pensar en el pasado, hermano, tienes toda la vida para resarcirte. La has visto, se marchó de casa de Donaldson para venir a buscarte a ti. ¿No lo ves? ¿No lo entiendes, Liam? Ella no se rendirá esta vez. Dijo que lucharía por ti hasta el final y es lo que está haciendo.

Jacob suspiró.

―Regina no sabía que yo iba a hacer público el compromiso. No le pregunté su opinión al respecto. El médico de mi primo me dijo que estaba embarazada y supe lo que tenía que hacer.

―Yo no sabía que llevaba a mi hijo… ―señaló Liam todavía con la cabeza baja. Había logrado controlar la pena, la ira. Sus ojos volvían a ser los de siempre, pero el corazón le dolía.

―¿Cómo no podías saberlo? ―preguntó Jacob. Si los dos se habían acostado sin prevenir la concepción, el resultado era más que lógico.

―Es una historia larga ―habló el duque―, que preferiríamos mantener en secreto. Tiene mi palabra de que Liam no lo sabía. Creo que Regina se ha enterado también hoy mismo cuando el médico que nosotros trajimos la examinó. ¿Cómo vamos a proceder, caballeros?

―Me gustaría retomar algo sobre una prometida que alguien ha asegurado que su hermano tiene… ―sugirió Jacob.

Liam se incorporó y se movió hasta el mueble donde estaba el licor y bebió directamente del decantador un largo trago. Estaba desgarrado por la situación.

―El periódico llegó de buena mañana ―explicó Wilson―. Lord Liam leyó el compromiso y creyó que había sido traicionado de nuevo. En un acto de autoprotección se dirigió a buscar a una muchacha que consideró que le haría más llevadero el mazazo.

―¿Quién? ¿A quién le ofreciste tu mano? ―Jacob cambió a la informalidad al preguntarle a Banstorn.

―Tú me robabas a la mujer de mis sueños y yo a la tuya.

―¿Ella aceptó? ―preguntó Donaldson manteniendo su temperamento a raya. No hizo falta desvelar el nombre de la americana.

―Me costó hacerle ver el beneficio que ambos obtendríamos, pero la convencí.

―Ya veo…

―Ninguno de los dos debería estar molesto por las decisiones de sus mujeres, caballeros ―terció York con suma formalidad―. Puesto que han actuado como patanes amparados en sentimientos equivocados, obtienen lo que merecen. Bien. ¿Cuál es la solución a los problemas?

―Intercambiar a nuestras prometidas ―dijo Liam.

―Olvidas que Regina tal vez sí te quiera a ti y me reemplace ―comenzó a explicar Jacob―, pero el caso de la señorita Walsh es más complicado.

La joven se ha mostrado muy reacia a tener cualquier contacto conmigo.

Público o privado ―precisó. Los velos estaban todos levantados. Mejor hablar con claridad.

―Te equivocas ―apuntó Liam―. He visto su cara cuando le he dado la noticia de tu compromiso. Estaba realmente afectada. No le eres indiferente.

―Pero sí reacia y terca ―aseguró el señor Donaldson.

―La cuestión es clara aquí ―sentenció el duque―. ¿Estáis dispuestos a casaros con la mujer equivocada o a luchar por la correcta?

Ambos rivales intercambiaron una mirada intensa. Jacob suspiró.

―Ranfield se revolverá en su tumba si te permito tenerla.

―¿Y tú no lo harás en vida si yo tengo a la que tú deseas? Aunque te aseguro que después de saber que Regina lleva a mi hijo, hay poco que puedas hacer para apartarla de mí.

―Jura que la harás feliz, que no la dañarás. Jura con tu sangre que ella estará bien contigo y entonces valoraré la solución que ofrece tu hermano ―desafió Jacob a Liam.

―Hice ese juramento mismo cuando la vi inmóvil y amoratada en los brazos del señor Wilson.

Había decidido que nada me separaría de ella antes de escuchar una confesión privada que quedará entre mi hermano, nuestro querido Wilson y yo.

Así que tienes mi palabra de que Regina será una mujer feliz junto a mí.

―¿Y dónde dejaba eso a Jenna, maldito egoísta? ―le espetó con ira Jacob―. ¡No puedes proponerle matrimonio a una joven y desdecirte al instante siguiente!

―Confiaba en que tú me impidieses cumplir con mi palabra en cuanto averiguases mis intenciones con la mujer a la que te comes con los ojos públicamente. ―Liam no titubeó al afirmar esa frase.

―¿Tenemos un acuerdo? ―intervino el duque.

―Uno que respetaremos si las dos mujeres están de acuerdo ―señaló Jacob―. Y en el caso de Regina no creo que suponga un problema, en el mío…

―Pídele ayuda a mi hermano ―le recomendó Liam―. Es un experto en meterse en la vida de los demás sin que le pidan auxilio. ―Cada vez que pensaba en lo que había hecho para llevarlo hasta Regina por mediación de la duquesa X…

―Creo que he tenido bastante por ahora ―señaló York―. Dejaremos que el señor Donaldson le haga ver a la joven lo conveniente de una unión basada en el amor.

―Ofrécele libertad y que gestione su propia fortuna ―le recomendó Liam―.

Lo único que desea es que le permitan ser una mujer de negocios.

Será fácil hacerlo si en verdad la amas, porque no le cortarás las alas.

Es una buena muchacha. Inteligente. Una de las más inteligentes que he conocido.

Sospecho que si no regresa pronto a Boston su padre arruinará lo que ella le ayudó a construir.

Creo que con eso tendrás la mitad del camino recorrido.

―Tomo buena nota. Me iré ahora si me aseguran que Regina se encuentra bien y que la dejo en buenas manos, caballeros.

―No estará en mejores ―le aseguró Liam a Donaldson.

Los hombres se despidieron con un balanceo rudo de cabeza y Jacob se marchó con una nueva misión.

Liam miró a su hermano.

―No sé qué hacer, York. No podré ni mirarla a los ojos. Si la veo con esos moratones… La culpa me oprime el corazón, el alma…

―Abrázala y bésala, Liam. No se necesitan palabras. Deja que se recupere y luego habla con ella. Te prometo que todo irá bien. Así que haré como el señor Donaldson y me marcharé a York Park con la misión de preparar una boda. Dime que la haremos allí, te lo suplico.

―Será como Regina desee y no creo que ella se oponga a que nuestro hogar sea testigo de más alegrías.

―Bien, porque York Park es tan mío como tuyo.

Wilson carraspeó.

―¿Debo irme o quedarme? ―inquirió con suavidad el tío de los hermanos.

―Vaya a York Park si es lo que desea, por lo que a mí respecta, mi prometida está arriba y su misión, la que le encomendó mi hermano, ha sido cumplida.

Me casaré en breve. Y esta vez sabe que es la verdad.

Vaya y descanse, vea a la hija de York y disfrute de la familia.

Regina y yo nos uniremos tan pronto como sea posible.

Ella estará ansiosa por ver también a Kyle y tendré que darle una buena explicación sobre nuestro matrimonio. Deseadme suerte.

―Ve con ella, Liam ―le pidió York.

Y su hermano hizo eso mismo.