Capítulo 11 #4
―No lo sé, York. Porque esa mujer siempre será mi mayor debilidad. Sin tener la menor idea de que yacía con ella, me declaré en un impulso por olvidarla, por compartir mi vida con una amante excepcional y… puedes adivinar lo que hizo ella, ¿verdad?
―Lo sé. La duquesa X me dijo que anuló sus visitas y vino a York Park a refugiarse.
―Recuerdo, cuando le sugerí que usase las esponjas que la duquesa deja a disposición de las damas, que ella comentó que no podía concebir. Me pregunto si no fue también un engaño por su parte.
―No. No te mintió. Te juro por mi honor, uno que sé que ahora estás poniendo en duda por mi modo de proceder, que ella no sabía que eras tú, nunca se lo dije.
No se lo he confesado todavía porque prefería ponerte a ti al tanto de lo que tramé.
De igual modo sé que ella estaba convencida de que no podía tener más hijos porque… ―Se calló sin saber si debía continuar.
―No es momento de ponerte tímido, hermano. Canta como un pájaro porque lo que no se desvele hoy, te juro por lo más sagrado que no te lo perdonaré. Así que levanta los velos de una maldita vez.
York alzó el rostro. Seguía sentado. Su hermano se mantenía de pie, con las manos apretadas. Su cuerpo estaba en tensión.
―Bien. Tuvo una discusión con Ranfield. Ella asegura que él no la tocó, no lo sé. Lo que sí me dijo fue que se cayó por las escaleras y perdió a una criatura. El médico que la atendió después del accidente le dijo que no volvería a ser madre.
―Pero ella está embarazada.
―De ti ―terció el duque. Le pareció interesante puntualizar esa situación.
―De mí, un hombre que se ha propuesto en matrimonio a una joven encantadora que ha accedido a ser mi esposa. Así que ya ves, hermano, yo estoy prometido a otra muchacha y ella lo está…
―Conmigo… ―Se escuchó una voz desde el umbral. Jacob Donaldson había encontrado la puerta principal abierta cuando agarró el pomo, y no vio la necesidad de anunciarse, sencillamente entró y siguió las voces que percibía a lo lejos.
Los tres hombres desviaron la mirada y lo divisaron.
―Ah, el orgulloso prometido… Será interesante ver su cara cuando le contemos la situación en la que se encuentra su prometida y quién es el padre de la criatura ―soltó Liam con una tranquilidad que no sentía.
―Sé que ella está esperando un hijo. Me importa un infierno quién sea el padre porque lo criaré como mío.
No importa de dónde venga un niño, es inocente y no debe pagar los pecados de sus padres.
Eso lo aprendí por las malas y no lo olvidaré jamás.
―La madre de él había sido la responsable de la muerte de su medio hermana.
Así que no cuestionaría los orígenes de un bebé jamás―.
De igual modo le juré a mi mejor amigo, en su lecho de muerte, que siempre cuidaría de su esposa y de Kyle, y es lo que voy a hacer.
Así que estoy aquí para reclamar a mi prometida.
―¿Cómo sabes que está en esta casa? ―indagó York.
―Porque cuando he llegado a la mía con la licencia que mi primo, que también es un duque poderoso ―precisó con orgullo―, me ha ayudado a conseguir, y ella no estaba, he ido a su casa y luego a la tuya ―le dijo a York―. La siguiente parada más evidente, por descarte, era esta. ¿Dónde está Regina?
York y Wilson intercambiaron una mirada cómplice. Eso fue lo que Mason conjeturó que haría el hombre.
―Creo que tenemos un pequeño problema aquí ―habló Liam―. Porque si dices que la dama estaba en tu casa… me induces a creer que, o eres el responsable de su aspecto o sabes quién la ha maltratado. En el primer caso estás muerto, en el segundo, tienes un segundo para darme el nombre del maldito.
―Es mi prometida. El asunto está resuelto. Ahora dime dónde está antes de que me ponga a abrir todas las puertas de tu casa… Aunque no es demasiado grande y tardaría poco en localizarla. Tienes medio segundo para indicarme el lugar o lo haré por mi cuenta.
York se acercó hasta Donaldson y lo miró con humildad, sin rastro de hostilidad.
―La mujer que está arriba es mi familia.
Alguien ha osado hacerle daño y debe pagar por ello, señor Donaldson.
Sé que usted no es el culpable, sospecho que la cuidó, pero preciso ese nombre.
Por lo que más quiera, piense en mí como el reemplazo de su padre porque la amo como si fuese una hija.
Sufro por su mal y necesito arreglar la situación.
Un nombre es todo lo que le pido, luego arreglaremos todo esto con calma. ¡Deme ese nombre, se lo imploro!
York levantó su mano y se la colocó en el hombro a Jacob, apretando con ligereza en un gesto para que se apiadase de él.
―¿Hamilton, Lovelace o Redpool? ―tomó la palabra Liam―. He reducido todos los candidatos a tres. ¿Quién fue? ―lo azuzó el hermano del duque.
―Lovelace, pero ya he dicho que me he ocupado del asunto.
―¿Cómo? ―York bajó su mano y le preguntó por su modo de proceder.
―El capitán de un barco de galeras me debía un favor. Ese hombre tendrá su merecido en Australia. Lugar al que se dirige el navío. Está resuelto.
―Debería estar muerto ―opinó Liam.
―La muerte sería poco castigo comparado con lo que allí le aguarda. El viaje será duro, pero lo que vivirá en Australia será todavía peor. ―Allí era el lugar a donde llevaban a los hombres condenados para que sufriesen.
―Supongo que deberá bastarnos ―indicó el duque.
York se movió hasta la puerta del despacho y la cerró. Invitó al señor Donaldson después a sentarse y también a Liam. Ninguno de los dos quiso hacerlo. Así que el duque y Wilson fueron los que se acomodaron en un mueble.
―Quiero ver a Regina, no estoy aquí para iniciar una visita social. Si alguien me ofrece un té, puedo comenzar a gritar ―los avisó Jacob.
―Aquí tenemos un par de problemas. Tengo entendido que usted está interesado en la mujer con la que mi hermano se ha prometido y que Liam tiene que casarse con la que ha convertido en su futura esposa.
―¿Perdón? ―Jacob no lo había entendido.
―¿Fue idea suya o de Regina enviar el anuncio al periódico? ―los interrumpió Liam, desesperado por saber si ella estaba implicada.
―Yo decidí hacer lo correcto, tal y como le juré que haría a mi buen amigo Ranfield.
―Su amigo era un bastardo de la peor clase ―farfulló Liam.
―Repita eso y estará en una galera rumbo a Australia antes de que se dé cuenta de lo que está pasando.
―¡Basta! ―gritó York cuando vio que los dos hombres se acercaban el uno al otro para pelearse.
El duque se interpuso entre ambos.
―Denme lo que he venido a buscar y les dejaré con su charla ―señaló Jacob, mientras trataba de calmarse.
―Regina está embarazada de mi hermano y es él quien se casará con ella ―expuso de una vez el duque.
―No lo creo. ―Donaldson no se desentendería de ella con facilidad.
―Regina está enamorada de Liam, señor Donaldson. Su amigo lo sospechaba ya en vida y ella me lo confesó a mí. Usted mismo lo ha debido ver estas semanas ―señaló York.
―¿Entonces por qué él ―señaló a Liam― la dejó anoche sola para que Lovelace se aprovechase de ella?
¿Esa es la clase de vida que tendrá Regina con su hermano?
Él no la ama. Un hombre de verdad no deja en una habitación oscura a la mujer que dice amar para que otro se sirva de su indefensión.
Por lo que a mí respecta, los cardenales que ella tiene en su cuerpo son responsabilidad de su hermano también.
No la dejaré a su amparo sabiendo que no estará a la altura.
―¿Quiere que pongamos a prueba sus palabras, Donaldson? Porque le prometo que…
―Liam, es suficiente ―intervino York ante el discurso de odio de su hermano.
―No, York. Él me acusa de ser la causa de la agresión de Regina.
―¡Y si fueses un hombre de verdad lo reconocerías! Obraste mal y ella sufrió las consecuencias. Me importa un infierno si eres el padre de su hijo. No la dejaré a tu cuidado ―insistió Jacob.
Liam se acercó a su mesa y comenzó a darle puñetazos con fuerza.
Sus nudillos tropezaban una y otra vez contra la dura madera.
No sentía dolor. Solo rabia por las palabras espetadas.
Era la culpa que había sentido desde que se dio cuenta de que ella tuvo que ser agredida después de que se marchase de la biblioteca.
No deseaba oírlo, pese a que sabía que era el responsable.
―¡Maldita sea, maldita sea! ―comenzó a chillar Liam sin dejar de pelear contra el mueble. York se acercó hasta él, y con la ayuda de Wilson trataron de refrenarlo―. ¡Déjame, York! Déjame o mis puños lo buscarán a él ―dijo en alusión a Jacob. El señalado ni se inmutó.
―No podías saber lo que iba a pasar, hermano ―le explicó York―.
La dejaste, sí, pero no fue tu culpa que un indeseable le hiciera daño.
No es como él dice. Yo mismo sería culpable porque estaba en esa fiesta y me marché creyendo que los dos estabais juntos y arreglando las cosas.
Si tú eres culpable, yo también lo soy, Liam.
Su hermano, a quien Wilson mantenía sujeto mientras estaba frente a York, lo miró con los ojos extremadamente brillantes.
―¿La has visto, York? ¿Has visto cómo dejó ese maldito bastardo a Regina?
―Una lágrima nacida de la ira resbaló por la mejilla derecha de Liam cuando hizo la pregunta―.
Le pegó. Él tocó lo que es mío. A la madre de mi hijo.
Y luego trató de ahogarla. ¡Dios, York! Le hizo daño y no estaba allí para protegerla.
Solo el diablo sabe qué más le hizo. A mi Regina…
a mi Regina… Él tiene razón, hermano. Yo permití que sucediese.
Está así por mi causa. ―Mason lo soltó al percibir su voz trémula.
La ira se había convertido en tristeza, y York se conmovió al ver tan alterado y destruido a su hermano.
Liam se quedó arrodillado en el suelo y con la cabeza baja. Destrozado.