Capítulo 11 #3
―No sé qué pensar, Malcom. Liam es imprevisible, mucho más que tú. ―Wilson cambió a la cercanía en la conversación porque había veces en las que era necesario olvidar la formalidad.
―Conozco a mi hermano. Está moviendo cielo y tierra para tratar de averiguar quién es el responsable del estado de Regina, por eso no ha regresado a casa todavía ―aseguró, muy convencido de su conjetura.
―¿Cómo puedes saberlo? ―Wilson no sabía cómo quedaría todo.
York levantó una ceja.
―¿Qué crees que estaría haciendo yo en su misma situación? Investigando con cautela la lista de invitados de los Withon. ―Ese era el título de los anfitriones de la fiesta nocturna.
―¿Qué haremos cuando llegue?
―Decirle que será padre. ¿Qué otra cosa podemos hacer?
―No se lo tomará bien.
―Lo sé. Pero lo hecho, hecho está.
―He preparado las maletas. Exigirá que me vaya de su casa de inmediato y a ti tal vez no te hable en una buena temporada.
―Lo sé. ¿Te importará sufrir su ira, siempre y cuando él alcance la felicidad?
―Sabes bien que no.
―Entonces, correremos el riesgo. Por cierto, hay otro asunto que deberíamos destapar, ya que todo quedará al descubierto pronto.
―¿Más secretos?
―Tuve que confesarle a mi hermano que eres nuestro tío.
Wilson, que en ese momento le había dado un largo sorbo a su copa, se atragantó y comenzó a toser con fuerza. Cuando se recuperó del impacto lo miró con furia.
―¿Por qué, en nombre de Dios, harías algo así?
―Porque he descubierto que mi hermano ha estado celoso toda la vida de ti y me fue imprescindible explicarle el motivo por el que yo confiaría en ti hasta la muerte y por el que él debería hacer lo mismo. Intuía que no te habría dicho nada.
―No. No lo ha hecho y… ¿No eres capaz de guardar un secreto?
―Uno así no. Liam se enfureció porque no le dije que había sido padre y cuando me preguntó si tú sabías de la existencia de mi hija…
o sobre la pérdida del otro bebé… Tuve que confesar.
Isobel hizo bien en intervenir y hacerme ver la necesidad de hablar sobre lo que nos une a los tres.
Liam parecía dispuesto a marcharse para no volver jamás.
―Cosa que todavía puede hacer cuando sepa que nosotros conspiramos para que los encuentros con Regina se sucediesen.
―¿Debería ir a hablar con el señor Donaldson?
―Creo que no hará falta.
―¿Por qué tienes esa intuición? Él debe saber lo que ocurre.
―Porque cuando Donaldson comience a buscar a su prometida, sumará dos más dos y se dará cuenta de que tiene que ir a casa de la condesa o venir a esta. ¿Te preocupa la reacción de tu hermano?
―Hasta cierto punto. Cuando su ira se disperse será consciente de que tiene al alcance de su mano lo que tanto tiempo lleva esperando.
Seré paciente con él y cuando pase un tiempo prudencial iniciaré un acercamiento.
Tarde o temprano el enfado se le pasará.
Confío en que así sea. No me queda otra, querido amigo, que aguardar.
Wilson suspiró cuando escuchó la puerta principal cerrarse con un fuerte portazo.
―¡Liam! ―lo llamó York al verlo pasar por delante de la puerta que estaba abierta, a toda prisa, seguramente para ir a buscar a Regina.
Su hermano se detuvo y se acercó al despacho.
―¿Cómo está ella? ¿Qué ha dicho el médico?
―¿Has averiguado el nombre? ―lo interrogó York.
―Tenía cuatro candidatos. He descartado a uno. Me quedan tres. ―York se sonrió. Conocía muy bien a Liam. Sabía que su hermano había pedido ver la lista de invitados.
―¿Has sido discreto?
―Por supuesto ―respondió Liam.
―Dame los nombres. ―Aquello fue una orden ducal.
―Es cosa mía.
―No lo entiendes, ese hombre sabía que ella estaba bajo mi protección y ha osado desafiarme. ―York lo tenía claro. Le cortaría sus partes íntimas al rufián que se atrevió a poner las manos sobre Regina.
―No. Esto lo llevaré a mi manera. ¿Qué ha dicho el médico?
―Siéntate. Tenemos que hablar y necesito que estés tranquilo para cuando te confiese lo que he hecho. Te pido que controles tu furia por el bien de la mujer que descansa arriba y medites bien tu siguiente paso.
La mirada de Liam pasó de York al señor Wilson. Le daba en la nariz que los dos eran culpables de algún cargo, pero no tenía la menor idea de cuál.
―¿Es grave lo que vas a explicar? ―se interesó Banstorn sabiendo de antemano la respuesta.
―Lo es ―dijo con solemnidad el duque.
―¿Por qué tengo la sensación de que nuestra relación se verá seriamente afectada si me quedo a escucharte?
―Porque así será, hermano. Solo espero que comprendas que obré motivado por mi amor por ti, por la necesidad de que tus sueños se cumpliesen. Toma asiento ―lo invitó.
―¿Me quedo o los dejo solos? ―preguntó con suavidad Wilson con suma formalidad. Primero miró a York y luego a Liam.
―¿Está implicado en lo que York va a desvelar? ―le preguntó Liam a Wilson.
―Me temo que sí ―explicó Mason.
―Principalmente, el peso de lo acontecido recae en mi persona ―alegó Malcom.
―Teniendo en cuenta que parece que los tres vamos a levantar los velos de muchas cosas… y añadiendo a ese hecho que nos une la sangre… Creo que el señor Wilson puede quedarse. Debe hacerlo ―opinó Liam.
―Antes de que llegases le he dicho a nuestro querido tío que te desvelé su secreto, así que si estás esperando a que Wilson se desmaye o, peor, se ponga a llorar o a gritar…
―No sea absurdo, excelencia ―lo interrumpió el aludido―. Haga el favor de ir al meollo de la cuestión.
York se dio cuenta de que su tío no iba a volver a la informalidad para hablar. Es lo que solía hacer Mason, se negaba a olvidar que él estaba a otro nivel, por más que todos lo considerasen de la familia.
―Todavía nadie me ha dicho cómo está Regina y eso es lo que más me preocupa ―insistió Liam.
―Está bien. Salvo por los morados, ella tiene buena salud. No corre peligro. Se recuperará ―señaló York.
―Son buenas noticias. Ahora dame las malas. Sin andarte por las ramas, por favor.
York compartió una breve mirada con Wilson, quien asintió en un gesto para darle conformidad sobre que era el momento de desvelarle lo más impactante. El duque también asintió.
―Regina, que creía que no podía tener más descendencia, y por eso se quedó a un lado cuando mi hija nació, ha descubierto que el diagnóstico que le ofreció su médico era erróneo.
―No sabía que no podía tener hijos, pero supongo que si puede volver a ser madre, no hay mayor complicación. ¿Cuál es el problema con eso? ―Liam no se sorprendió demasiado con lo desvelado. Había diagnósticos médicos erróneos todo el tiempo.
―Ella será madre pronto.
―¿Perdón? ―Seguro que lo había escuchado mal. ¿O no?
―Está embarazada, hermano, y el bebé que crece en su interior es tuyo. ―Ya estaba. Malcom se lo soltó sin preámbulos.
Liam abrió los ojos como platos. Y comenzó a reírse con ganas. Se tocó la frente.
―¿Cómo habré participado en semejante milagro si no le he puesto un dedo encima, York? ―Liam estaba desencajado. ¿Qué se proponían Malcom y Wilson?
―Porque sí que te has acostado con ella en repetidas ocasiones.
―Los sueños no cuentan, York. Y te aseguro que hace tiempo que no sueño con ella.
―Cuando te lo explique quiero que recuerdes que soy tu hermano. Y por más que me odies por mi intrusión en tu vida, yo siempre te amaré porque eres, junto con Wilson y mi hija, mi propia sangre.
―Deja ya de martirizarte, York. Dime qué has hecho ―le exigió inquieto.
―La dama viuda que la duquesa X seleccionó para ti…
―¡Dios! ―exclamó Liam antes de que York acabase su explicación, al ver que todo el rompecabezas se acomodaba en su mente. Miró a Malcom. Luego a Wilson. Después otra vez a su hermano… Y así estuvo unos minutos en los que no pudo articular palabra alguna.
¡Era Regina! ¡Fue Regina todo el rato! La maldita mujer lo había engañado por completo.
Luego se debió de enterar de su embarazo y por eso comenzó a perseguirlo sin tregua.
Le había hecho lo mismo que a Ranfield. Se sintió un completo estúpido por no haberse dado cuenta antes.
La duquesa X se había mostrado muy insistente en que debía conocer a una viuda en concreto que tenía en mente para él, que casi sería virgen por el tiempo que había sido casta…
La insistencia de Wilson en que tenía que relajarse para meterse en la temporada y seleccionar con cautela a su esposa…
Las invitaciones de la duquesa X dejadas sobre su mesa con sumo cuidado para que él las viese y se sintiese inclinado a satisfacer su curiosidad…
¡Lo habían engañado! ¡Malditos todos ellos!
―Te mataría, York. Podría hacerlo a base de puñetazos. Sufrirías la ira triplicada por lo que has hecho y por no haber podido dar todavía con el hombre que ha tocado a Regina.
―Lo sé, hermano. Y estoy gratamente sorprendido porque no me hayas dado un puñetazo ya.
―No cantes victoria. Lo estoy deseando. No sé lo que me frena. Tal vez sea porque el señor Wilson y su complejo de héroe se interpondrían en mi camino y yo no agredo a viejos.
Mason se mantuvo callado porque no era el momento de hablar. Había una tensión brutal en el ambiente.
―Lo hice porque deseaba que ambos os dieseis cuenta de que os amáis y necesitáis.
―Regina se lo ha debido pasar en grande con el embuste.
¡Cuánto se ha tenido que reír de mí! Y no contenta con embaucarme, decidió entregarle a mi hijo al señor Donaldson.
¡Qué típico de ella! Yo le digo que lo nuestro no podrá ser y ella calla sobre el hijo que he concebido con engaños…
Debería… debería… No sé lo que tendría que hacer, pero…
¡Dios! Juro que prendería fuego a esta casa después de romper cada mueble, todo para no arremeter contra ti, contra Wilson y contra ella, que ya ha sufrido bastante.
―No, Liam. Regina no sabía que el enmascarado eras tú. Si no os descubristeis en aquella intimidad tan especial, cosa que esperé que sucediese y que parece que no ocurrió, ella desconoce tu identidad. Estoy seguro de que la desconoce ―reiteró―, porque me lo habría dicho.