Capítulo 9 #3
―Te diré lo que pasará si te quedas, Regina.
―Liam se acercó a ella y sin tocarla pegó su boca a su oreja, pero sin rozarla, para explicarle que―: Te subiré la falda, rasgaré tus enaguas, te colocaré sobre tu vientre apoyada en la mesa, levantaré tu pierna derecha y sin previo aviso insertaré mi duro eje en tu canal.
Y no te dolerá porque, solo diciéndote lo que me dispongo a hacer, sé que debes estar mojada entre las piernas.
Regina ladeó su rostro cuando él acabó de recitar sus planes y las bocas de ambos estuvieron a pocos centímetros de distancia. El aliento de uno y de otro se mezclaba.
―¿Quién te lo impediría?
Liam se separó de ella como si fuese el diablo tentándolo con su mayor debilidad. A esas horas ella debería estar fuera de la biblioteca y limpiando alguna que otra lágrima derramada.
―No te deseo. Vete ―le ordenó con enfado.
―Yo a ti sí, Liam. Lo he hecho desde que me di cuenta de lo que dejé atrás cuando tomé la decisión más difícil de mi vida, cegada por un recuerdo de juventud. Sabes bien, porque ya te lo dije en aquella posada en la que te confesé que te amaba…
―¿Me lo confesaste? ―Se volvió a reír sin ganas―.
Tenemos recuerdos muy diferentes, Regina.
Lo que hiciste allí fue echarme a un lado como tantas veces antes habías hecho.
¿Recuerdas en casa de tu hermana cuando nos vimos y me pediste que te olvidase, que hiciera como si estuviésemos muertos el uno para el otro?
―Oh, sí, Regina no había olvidado ese pasaje porque Ranfield había amenazado con matarlo si ella no lo despachaba de una vez por todas.
Le dolió el corazón al traer a su mente aquella conversación producida entre ambos―.
Soy yo el que te pide que hagas eso mismo.
Mi hermano parece que tendrá a su heredero y yo deseo seguir viviendo una vida colmada de libertinaje. No hay lugar para ti.
―No pienso desistir, Liam. Yo era una mujer casada preocupada por lo que mi esposo pudiese hacerte. Lo creas o no, te protegí de la única forma posible.
―¿Me hubiera matado? ¿Es eso lo que estás diciendo?
―Regina se quedó callada y Liam supo que no necesitaba mayor confirmación―.
Una vez más tú tomaste una decisión que no te correspondía, porque la inmaculada Regina tenía que sacrificarse por mí…
¿No entiendes que yo era más que capaz de defendernos a ambos?
A los tres, a ti, a Kyle y a mí. No. No te arriesgaste porque no me amabas lo suficiente.
Yo no merecía que tú luchases con uñas y dientes, porque siempre me consideraste un bufón sin aspiraciones, alguien que estaba muy por debajo de ti.
Así que no te pongas más en ridículo y olvida por completo que me conoces.
No hagas que ambos estemos en boca de toda la sociedad.
No es correcto que una dama persiga a un caballero, más si él ya ha dejado claro que no tiene ningún interés.
―Un beso ―susurró Regina―. Dame un beso que demuestre que el amor que un día me profesaste no está oculto, y desapareceré para siempre. Con el corazón roto y el alma herida, pero me iré si me convences de que no sientes nada por mí.
―No. Mi palabra debe valer. No deseo besarte y no lo haré.
―Entonces permite que yo tome al fin lo que tanto he deseado y me he empeñado en negar. Deja que te bese, Liam, porque Dios sabe cuánto lo anhelo, el diablo mismo sabe lo que he fantaseado con tenerte para mí al fin.
―¡Dios mío, Regina! No sigas arrastrándote más. No servirá de nada.
Se acercó un par de pasos hasta él, pero al ver que retrocedía no siguió adelante. Aunque estaban bastante juntos.
―Te amo, Liam, y entiendo que no confíes en mis palabras porque no tuve la fortaleza de confesarme a mí misma lo que en verdad me inspirabas.
Me casé con él y no pensé en ti cuando lo hice.
Has estado siempre a mi lado para todo y yo…
―Sollozó por lo bajo, pero siguió hablando―: Te conocí y te odié al instante.
Eras demasiado apuesto y arrogante, pero no como York, porque con tu hermano vislumbré enseguida su corazón.
Al echar la vista atrás, creo que opté por odiarte para protegerme de ti, pues sabía que si me dejaba arrastrar por ti, acabaría con el corazón herido.
Luego llegó Ranfield y lo interpreté como una señal de que mis plegarias habían recibido respuesta.
Sé bien que cuando caí en desgracia, cuando me quedé embarazada de él siendo soltera, ajustaste cuentas con él para que se portase con honor conmigo.
Fue mi esposo quien me aseguró que estabas enamorado de mí y no lo creí.
Y Ranfield debió haber visto algo en mí que a mí misma se me escapaba, porque me aseguró que te mataría si tenía que hacerlo porque estaba convencido de que yo, tarde o temprano, le sería infiel contigo.
Poco a poco, al ver al hombre al que había elegido, el modo en el que se comportaba…
Ranfield no era bueno conmigo, ni yo me portaba mejor con él.
El matrimonio fue tortuoso e infeliz para ambos.
No había entendimiento, ni amistad, ni respeto…
después desapareció la pasión. Y cuanto él más repetía tu nombre, más pensaba en todo lo que habías hecho por mí.
Me fijé en cómo me mirabas y tu sufrimiento me destrozó el alma porque yo era de otro y no podía hacer nada, Liam.
No podía, por más que lo desease. Kyle sería conde.
Mi hijo… Él me mantuvo cuerda cuando lo único que deseaba era marcharme contigo y olvidarme de todo.
―No sigas, Regina… ―Liam tenía los ojos acuosos y sabía que ella estaba llorando en silencio porque la escuchaba suspirar y tomar pausas entre sus explicaciones.
―Regresé con Ranfield después de Navidad solo porque no deseaba hacer de tu vida un infierno.
No nos hubiera dado tregua y no hubiera permitido que me llevase a Kyle conmigo.
Ranfield me salvó la vida, Liam. Me salvó de la muerte y me sentí tremendamente culpable porque tú habías arraigado en lo más profundo de mi corazón.
Mi esposo murió y durante todo el luto tú no abandonabas mis pensamientos.
No entiendes el tormento que he vivido. No soy una buena persona, Liam, porque te amo.
Porque estás vivo y el hombre con el que me casé, el que me dio a mi hijo, el que ofreció su vida interponiéndose entre una bala y yo, no era capaz de hacer que tu recuerdo menguase.
¿Cuándo llegaste hasta mi corazón para poseerlo por completo, Liam Banstorn?
Porque no soy capaz de verlo. ¿Cuándo decidí dejar de pensar en los demás para luchar por lo que amo?
¡Por ti! En cuanto te vi en el teatro hace algunos meses, y tuve que huir, supe que si te volvía a tener cerca no dejaría de luchar.
No quiero apartarme. No puedo y no lo haré porque tú mereces que yo me olvide de mí misma y trate de alcanzarte.
Al precio que sea lo haré. Pídeme la luna y te la bajaré.
Puedes exigirme que me aleje, pero no lo haré ―le explicó con media sonrisa triste.
Liam maldijo en su interior. Siempre sería débil en todo lo que se refería a Regina. Alargó la mano y, sujetándola por la espalda, la arrastró hasta posicionarla sobre el torso masculino. La abrazó con fuerza y besó su pelo. Regina enlazó los brazos en su cintura.
―Nunca podré olvidarte, Regina. Es la verdad, lo he intentado pero no lo consigo.
Tú solo buscas la absolución, mi perdón por destrozarme el corazón.
Sé bien que no te casaste con tu esposo para hacerme tremendamente infeliz, lo cual sucedió.
Yo quise forjar una unión con tu hermana por razones equivocadas. Ambos hicimos las cosas mal.
―Dímelo, Liam. Dime que todavía me amas, te lo suplico. Dime que estamos a tiempo… ―le pidió con humildad.
―No lo creo. Mi herida ha sanado al fin. Sigamos cada uno por nuestro lado, perdonemos el pasado y comencemos…
―Pero yo necesito comenzar contigo, Liam, por favor. ―Se aferró con todas sus fuerzas a él cuando lo sintió aflojar su abrazo, dispuesto a dejarla ir.
―Hay demasiado entre nosotros, Regina. Años atrás habría vendido mi alma al diablo para tenerte a mi alcance. Enviudaste y no viniste a por mí. Eso debería decirte lo que significo para ti, porque a mí me lo has dejado muy claro.
―Deseaba que encontrases…
―Entonces mantén ese pensamiento, Regina. ―Él suponía que iba a decirle que encontrase el amor en una buena mujer, porque no era la primera vez que ella le decía algo así.
―Por favor… ―suplicó, viendo que la esperanza se le escapaba entre los dedos de las manos.
―Las cosas son muy diferentes ahora. Te valoro lo suficiente como para ser honesto.
Así que te lo diré, no sé si mi rencor hacia ti por no elegirme frente a tu esposo podría volver a meterte de lleno en un matrimonio como el que tenías con Ranfield.
No quiero ser la persona que vuelva a lastimarte.
Lo siento. ―Se separó por completo de ella, obligándola a que sus brazos lo soltasen.
Los lloros de Regina se intensificaron―.
Recomiéndale encarecidamente a mi hermano que regrese a York Park y deje de idear artimañas, pues desde que cerraste la puerta con llave cuando llegaste a la biblioteca sospeché que la dama con la que creía que iba a encontrarme no se presentaría.
Liam suspiró con fuerza. Se obligó a ser fuerte cuando la vio abrazarse a sí misma y afirmar con la cabeza mientras sus lágrimas caían por sus mejillas.
Si la volvía a tocar no sería capaz de decirle adiós.
Ambos tenían que pasar página de una vez por todas.
Liam se movió hasta la puerta, despasó el cerrojo y luego se marchó sin hacer otro sonido.
Regina se desplazó hasta la ventana más próxima y se sentó en una silla que había allí.
Comenzó a llorar como pensó que no volvería a hacerlo tras la muerte de Ranfield.
La culpa por el fallecimiento de su esposo no era nada comparado con la tormenta que tenía sobre su cabeza, en su corazón y salpicando su alma.
Había apostado dos veces por el amor y dos veces había perdido.
Se levantó y giró la cabeza en cuanto escuchó que la puerta de la biblioteca volvía a abrirse y cerrarse de nuevo con llave. Lo que vio fue…