Capítulo 9
La gloria es para los valientes
―Prefiero que llores a que te rindas ―le dijo York a Regina en la intimidad del carruaje que compartían para regresar a sus respectivas casas después de la fiesta de Phenton.
―No sé si es buena idea volver a poner su mundo del revés. Es evidente que Liam está bien, que sigue adelante. No tengo derecho a… ―La condesa se limpió una lágrima con el pañuelo que el duque le tendió.
―Bien… veo que te rindes. Entonces prepara los baúles y regresemos con Isobel y los niños. Si tú no crees en ti misma, en lo que ambos podríais llegar a tener, todo lo que haga, lo que he hecho hasta el momento, es una pérdida de tiempo.
―Me siento culpable, York. Es como si yo no tuviese derecho a… ―volvió a incidir.
―¿A amarlo? ¿A compartir una vida con él? ¿A ser feliz? ¿A estar con un hombre que te valora y que borrará toda la oscuridad que pueda haber en tu mundo? No me tomes por tonto, Regina. Lo tuyo es cobardía.
La viuda chasqueó la lengua. Luego suspiró y tras unos pocos segundos le preguntó:
―¿De verdad crees que podemos tener un futuro? ¿Que debo luchar por él?
―Con todas tus fuerzas, hasta que la evidencia de la batalla perdida te golpee en el corazón. Es lo que yo haría. ¿Es lo que vas a hacer?
―¿Y qué hay de la duquesa X? No me siento cómoda con lo primero que hice cuando salí del luto.
―Lo hiciste porque crees en mí, porque sabes que entiendo de estas cosas y era lo acertado. Ya está. Viviste la lujuria en tus propias carnes. Ahora nos ocuparemos del amor.
Pasaron unos pocos minutos en los que York estaba valorando sus opciones y Regina hacía lo mismo.
―¿Qué debería hacer?
―Dejar pasar unos días y luego ir a su casa a hablar con él.
Acosarlo y atosigarlo hasta que comprenda que jamás te olvidará y que eres la mujer indicada para él.
Secuéstralo si es preciso. Pero trata de no hacer el ridículo como hizo Phenton cuando quiso apoderarse de la hermana de Albemarle por las malas.
―¿Disculpa? ―¿Lucien había tratado de secuestrar a Margaret, a su duquesa? Ella no estaba al tanto de eso.
―Una historia curiosa que no viene al caso. Centrémonos en lo importante. Liam estará unos días indeciso, muy indeciso sobre tu viudez. Ha sido un mazazo grande enterarse de que no tiene rival. Perversa y secretamente te confesaré que me ha gustado mucho darle la noticia sobre tu situación.
―¿Perdón? ―No entendía lo que York decía.
―Liam no sabía que Ranfield había muerto.
―¿Qué? ―Estaba muy contrariada.
―Mi hermano creyó que dejar de saber cosas sobre ti, no verte, prohibirnos al resto explicar cualquier cosa sobre la mujer que ama, curaría su mal.
Estaba equivocado y debe comprenderlo. Esperaba un poco más de acción por su parte cuando le he revelado que eras viuda.
No un grito lleno de júbilo, pero sí un poco de alegría en su gesto.
―York… No está bien que digas cosas así. Ranfield… Yo lo elegí y es el padre de mi hijo. Por muchas desavenencias que tuviésemos, no me gustaría pensar que Liam se alegrase de la muerte de alguien.
―Murió el hombre que te poseía en su red.
El hombre al que Liam más odiaba de todos porque te tenía y no te trataba como merecías.
¿Crees que todas las veces que Ranfield se presentaba ante ti con un ojo morado no era porque mi hermano te defendía?
No está bien alegrarse, como has dicho, del mal de los demás, es cierto, pero Liam necesitaba un poco de paz.
―Tu hermano ha salido corriendo en cuanto me ha visto. Creo que no está muy emocionado con mi cambio de situación.
―Espero que hayas aprovechado bien las lecciones que recibiste en casa de la duquesa X porque vas a necesitarlas para seducir a Liam.
―¿Cómo has dicho?
―Ya me has oído. ¿Crees que mi hermano regresará a ti solo porque sonrías, saques un abanico y batas tus tupidas pestañas como una mujer coqueta?
No. Liam necesita que le demuestres que lo amas, que lo deseas, que lo necesitas, que no puedes vivir sin él.
Que le muestres lo que supone para ti él.
¿Te sientes así con mi hermano, Regina? Porque si la respuesta es negativa, también deberíamos hacer las maletas y dejar de luchar.
―Amaba a Ranfield. Al menos lo amé al principio.
Estaba ciega con él, no veía más allá de Lawrence.
Después… Yo traté de amarlo con todas mis fuerzas, de ver más lejos de sus defectos, de su trato hacia mí.
No lo logré. Liam… Él en algún punto, no sé cuándo ni dónde, se coló bajo mi piel y desde que admití a regañadientes que él no me era tan indiferente como deseaba pensar…
Sí, York. Amo a Liam con todo lo que soy.
Con todo lo que tengo para ofrecer. Y no es mucho porque no me queda corazón después de lo que he pasado.
Tú has encendido la llama de la esperanza y no abandonaré ante el primer inconveniente.
―¿Te casarás con él si te lo pide?
―Si lo hace no estoy dispuesta a renegar.
Si Liam se ofrece, tomaré lo que deseo, porque si no es con él, me marcharé de este mundo cuando Dios me llame a su lado sin saber lo que es el amor correspondido, la compañía dulce, el respeto, la comprensión.
Pero él está tan molesto… Y yo no deseo un matrimonio como el que tuve con Ranfield.
Así que si Liam está dispuesto a luchar conmigo, a mi lado.
Le diré que sí. No volveré a flaquear. ―Sonó a promesa y el duque la creyó.
―Bien. Hemos hecho al menos un gran avance contigo. Has reconocido que lo amas y que estás dispuesta a luchar. Veamos cómo va todo.
***
En el teatro, en los bailes, incluso por la calle.
Regina se cruzaba con él a cada ocasión, le sonreía y hacía más gestos para forzar una conversación que él se empeñaba en no mantener.
Había tratado de desprenderse, sin éxito, de Wilson, debido a las encerronas que tramaba junto a su hermano, dado que de pronto las fiestas tenían entre las invitadas a la mujer que deseaba olvidar.
De acuerdo. Si York y el traidor de su tío secreto deseaban jugar a ese juego, les demostraría que esa dama no significaba más que un vago recuerdo para él.
En un lateral del salón de baile de la residencia de los condes de Withon, Liam divisó a una muchacha de lo más curiosa que lo miraba con cierta diversión. Sin pensarlo demasiado, y viendo que Regina se acercaba hasta su posición a toda prisa, Liam decidió hacer otro movimiento más significativo.
― Lady Thunder ―saludó primero a la mujer más mayor, a quien le habían presentado hacía poco, y luego se dio la vuelta para observar al objeto de su interés―: Señorita Walsh, si no tiene el siguiente baile reservado, sería un placer… ―Banstorn le tendió la mano para ver si aceptaba.
―Por supuesto. ―La dama le ofreció una sonrisa y dejó atrás a su tía.
La pareja se movió hacia la pista de baile para disfrutar de la orquesta.
―¿Esto va a ser siempre así? ―habló primero la joven americana.
―¿A qué te refieres?
―Teniendo en cuenta que nos hemos encontrado en las últimas cinco fiestas y que en todas ellas has venido a solicitar un baile para huir de una mujer… Comienzo a ver un patrón.
Liam maldijo en silencio. Todo el mundo, y no solo la descarada señorita Walsh, se había dado cuenta de que la condesa viuda de Ranfield lo acechaba.
Su sueño más secreto se había cumplido al fin.
No era algo bueno. Sabía a cenizas. Se había propuesto escapar, cerrar esa puerta, enterrar ese recuerdo.
Regina lo estaba complicando todo muchísimo.
Mentiría si no admitiese que había estado tentado de ir a buscar a la dama que lo encandiló desde hacía tantos años.
No. Liam todavía tenía orgullo. Regina no habría ido a buscarlo nunca si no fuese por mediación de su hermano.
¿Qué decía eso de la dama? Denotaba muy poco interés por parte de Regina en él.
Además, Liam tenía varias perspectivas a la vista que le traerían menos dolor.
Entre ellas, la jovencita que lo examinaba con atención.
No solo era bonita, divertida y fresca, sino que venía con una fortuna bajo el brazo.
Jenna Walsh suponía un soplo de aire fresco, mientras que a Regina siempre la recordaría como la mujer a la que le fue imposible conquistar, la dama que lo relegó al último rincón de una desolada estancia, la joven que lo desdeñó en favor de un hombre que no la merecía.
La historia con Regina era demasiado complicada como para regresar al punto de partida.
Liam no iría por ese camino. Le había costado más de un año hacerse a la idea de que tenía que haber algo mejor que suspirar desesperado por una mujer que decidió no arriesgarse por él.
Regina no luchó ni un poco. Así que no merecía que él perdiese su tiempo con ella.
Oh, pero maldita fuese por presentarse ante él y buscarlo a todas horas.
Maldita fuese por vestir esos escandalosos vestidos que seguramente eran idea de York.
Regina estaba enfundada en un traje de seda de color berenjena que dejaba a la vista un escote demasiado bajo.
No era que la mirase a todas horas, no lo hacía, pero cuando la condesa se ponía delante de él para acosarlo era imposible no contemplarla.
Si le saliesen un par de verrugas en el rostro tal vez fuese todo mejor.
¡Mentira! Su molesto corazón todavía palpitaría cuando ella anduviese cerca.
Y eso sucedía, y sucedería en el futuro, porque ese órgano no deseaba hacerle caso a su mente y olvidarla por completo de una buena vez.
―Podría decirse que no soy el único que tiene problemas con el sexo opuesto.
En cuanto Liam terminó de hablar, la mirada de Jenna se dirigió hasta la parte norte del salón, donde Jacob Donaldson la estaba observando. La joven desvió la vista rápidamente.
―Si me permites la indiscreción… ¿por qué huyes de la dama? Es una mujer hermosa y ha dejado más que patente su interés en ti.