Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 8 #2
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Capítulo 8 #2

Ella respiró profundamente y con la mano que tenía libre se tocó la frente.

―Una cortesana se acercó a mí en Londres, por lo visto está enferma y afirma que el niño que dio a luz…

―suspiró― es hermano de Kyle. Me ha pedido que lo ampare y no tengo corazón para no tomarme en serio esa responsabilidad.

Sabes bien lo que sucedió entre mi esposo y el de Evangeline, separados por su padre.

Kyle y… Lawrence, ese es el nombre que su madre le dio al nacer, no correrán la misma suerte.

York maldijo por lo bajo.

―¿Alguna vez dejará de traer sombras tu esposo a nuestras vidas? Porque incluso desde la tumba no deja de atormentarnos a todos. ―York no podía creerse lo que estaba escuchando.

―Le negué sus derechos conyugales y él decidió divertirse. Es más común de lo que imaginas. ―Regina no quería sentir más miseria por su esposo, así que excusarlo le parecía algo que debía hacer… No sabía cómo sentirse. Su vida siempre sería tortuosa en relación a Ranfield.

―No es tan común. Yo mismo me cercioré de no traer una vida a este mundo porque no quería esa responsabilidad. Me casé y soy incapaz de verme quebrantando mis votos pese a que mi esposa me negase su cuerpo y mi liberación.

―Entonces, supongo que todos no son como tú, York.

―Eso es porque soy inimitable.

―¡Oh, York! No trates de hacerme sonreír porque me es imposible.

―Bien. Liam primero y luego el hijo de tu esposo. Lo haremos así. Porque… ¿estás segura de que la mujer te ha dicho la verdad? No sería la primera vez que alguien trata de aprovecharse de un hombre muerto. ¿Lo has pensado?

―Jacob Donaldson, el mejor amigo de Lawrence, puede dar testimonio de que ella se acostó con Ranfield. Así me lo dijo la cortesana.

―¿Se lo has preguntado?

―No.

―¡Por todos los demonios! ¿Por qué no?

―Ella afirma que el pequeño se parece muchísimo a su padre. Y realmente le di veracidad a todo el asunto. Incluso di por bueno que mi esposo supiera de la existencia de su propio hijo y no me lo contase. Es algo que Ranfield haría…

―No has respondido a mi pregunta. ¿Por qué no has querido la confirmación de ese señor Donaldson? ―York no lo ubicaba. No tenía ni idea de quién era ese hombre al que ella se había referido como el mejor amigo de Ranfield.

―Es complicado.

―Te escucho.

―No lo entenderías.

―No me subestimes.

―Verás… ―Suspiró―. Tengo la sensación de que no me mentía, pero…

Mientras Jacob no me diga que Lawrence se acostó con ella, puedo seguir pensando que…

―Se sintió ridícula al comenzar a decir en alto sus elucubraciones.

De nuevo suspiró―. No espero que lo entiendas, es solo que…

No sé ni lo que es. Estoy tan desesperada, York…

Tan perdida, que temo acostarme un día y no volver a levantarme de la cama.

Lo único que me motiva para seguir respirando es Kyle.

―Ten un poco de fe en Ra, querida mía. Ahora haz el equipaje, pasa la tarde con tu hijo.

Cenaremos en familia todos juntos, porque eso es lo que somos, Regina.

Y ningún miembro de mi familia creerá que la vida es solo el paso de los días.

Es más, mucho más. Has vivido en la oscuridad demasiado tiempo y es momento de que el sol caliente tu piel.

Mañana por la mañana, tú y yo partiremos hacia mi casa de la ciudad.

Acudiremos a la fiesta de Phenton, dado que ya le he confirmado nuestra asistencia, y pondremos en orden los cabos sueltos que quedan.

Te prometo, como que soy un duque apuesto, inteligente, magnánimo, rico y…

un largo etcétera celestial, que volverás a sonreír llena de dicha.

Llegados a ese punto, Malcom le soltó la mano y se marchó, dejando a Regina en medio del invernadero, sintiendo que tal vez York sí fuese Ra, porque un rayo de luz acababa de prender su interior. Su vehemencia era contagiosa.

***

Regina estaba mortificada. El duque de Phenton la acababa de mirar con una sonrisa… extraña. Y lo peor era que York no dejaba de hablar, hablar y hablar.

A la entrada, en la recepción del baile, los anfitriones los habían saludado muy amigablemente y como siempre había resultado ser irreverente. De otro modo no sería Malcom, pero… En esos momentos en los que estaba colgada del brazo de York y con Phenton escrutándola… Regina deseaba salir corriendo.

―Estaba convencido de que nada te haría salir de York Park, que te quedarías el resto de tu gloriosa vida disfrutando de tu pequeña.

Jamás imaginé que aceptarías la invitación para venir.

No creí verte en la ciudad, de verdad que no.

De hecho mi familia y yo no hemos querido visitaros todavía para no molestaros.

Me sorprende verte, aunque sabes que eres de lo más bienvenido ―habló Lucien Maldith, el duque de Phenton.

York le palmeó la espalda en un gesto de complicidad. Lucien y Malcom eran grandes compañeros. Ambos se consideraban los mejores amigos. Confiaban el uno en el otro con su vida.

―Ah, ya ves, se me requiere en Londres para obrar un milagro ―señaló mirando a Regina.

Cuando llegaron a la ciudad, a la condesa viuda le había costado mucho trabajo instar a Malcom de que no era apropiado que ella residiese en su ducal casa, porque tenía la suya propia.

Lo había convencido para que aceptase su proceder, pero estaba comprobando que, definitivamente, York hacía lo que le placía y como le daba la gana a la hora de actuar.

Era un duque sin medida alguna y ella comenzaba a pensar que eso no era nada bueno.

No se trataba de que fuese un gran descubrimiento, pero desde que había sido padre, el esposo de Isobel se creía muchísimo más grande que el Todopoderoso.

Y el muy pícaro no temía avergonzarla públicamente.

Y lo hacía sin rastro de remordimientos.

―¿Qué tipo de obra celestial tramas? ―preguntó con diversión Lucien.

―Es un asunto nimio que debería salir bien con poco esfuerzo.

―Estás muy enigmático. Dilo de una vez ―siguió Phenton.

―Regina y Liam… ―apostilló―. Dado que ni uno ni otro se ponen de acuerdo, y puesto que mi divina persona no ha podido solucionar las cosas desde la lejanía, he tenido que intervenir yo mismo sin intermediarios.

Por descontado ambos duques estaban examinando expectantes a Regina, quien se mantenía en silencio y se negaba a alterarse. Así que la dama decidió hacer como si ambos hablasen del clima y no de algo que le acababa de hacer arder las mejillas.

―Yo lamento mucho todo lo que pasó con Ranfield ―tomó la palabra Lucien de nuevo, manteniendo la vista sobre la que fuese la esposa del anterior conde―.

Sé que contigo no se portó bien, pero quiero pensar que en el fondo era una buena persona.

―Regina asintió y abrió la boca para explicar que agradeció que su esposa y él estuviesen en el entierro, y las posteriores notas que recibió de Margaret, pero…

―Sí, bien… Bla, bla, bla… ―intervino York con pereza, frenando la intención de la dama―. Ranfield descansa en paz… ―Se quedó pensativo y luego añadió―: o no, lo que importa es que la vida sigue y el amor tiene que triunfar.

Phenton no se extrañaba de nada cuando se trataba de York, lo conocía demasiado bien.

Desde que su amigo más disoluto se casó, este escupía unicornios y arcoíris por la boca.

Lo que le sorprendía era la actitud de la condesa viuda.

Ella estaba impasible, o más bien resignada ante lo que York había preparado.

Oh, sí, por descontado que el duque había conminado a Phenton a invitar a Liam y había obligado a Wilson a mentirle a Banstorn y decirle que Regina no estaría en la fiesta para que al fin ambos pudiesen reencontrarse.

Phenton era consciente de la primera parte porque era la que le había tocado llevar a cabo, y sospechaba que York no jugaba limpio cuando algo se le antojaba, por lo que algún embuste le habría contado a su hermano para que apareciese.

En verdad, Lucien había esperado que su mejor amigo interviniese en la situación entre Regina y Liam, lo que no imaginó fue verlo llegar a Londres para ocuparse en persona.

―¿Y la dama no tiene nada que opinar al respecto? ―se interesó Phenton.

Regina le sonrió. La conversación entre York y Phenton era muy incómoda, pero teniendo en cuenta que los amigos de York conocían bien lo que fue ese triángulo dibujado por Ranfield, Regina y Liam, estaba preparada para todo.

Eso y que York no era de los que se mordía la lengua cuando le apetecía decir algo. Lo que fuese. Inapropiado o no.

―Es un detalle que se preocupe por mí, Phenton. Pero como me serviría de poco negarme a los deseos del gran Ra…

―¿Ra? ¿Qué Ra? ―la interrumpió Lucien, mientras Malcom mostraba una sonrisa del todo perfecta y vanidosa.

―Oh, disculpe ―siguió Regina―, el duque de York ha elevado su título. Ser comparado con el Creador, o con Zeus le parecía poco…

―Era poco ―confirmó York.

―… Y por eso decidió que estaría mejor valorado si todos comenzaban a verlo como un ser lleno de luz y que da vida…

―Es que he dado vida ―dijo en alusión a su hija―. Mi pequeña Gwyneth es un rayo de luz, la extensión de Ra misma.

―Como sea ―siguió lady Ranfield―, conociendo a Ra y su afán por dirigir la vida de todos en la dirección correcta, me salía más a cuenta seguirle la corriente que enfrentarlo.

Los que le conocemos somos conscientes de que cuanto más nos rebelamos a sus órdenes, más tirano se muestra.

Así que no pienso inmutarme por más que sus opiniones y comentarios estén fuera de lugar, porque no sacaré nada en claro.

Con York, si uno no es Isobel, la batalla está perdida.

―¿Cuándo te volviste tan inteligente, querida? ―la interrogó Malcom, gratamente sorprendido por su discurso.

―¿Cuando llegué hasta ti para ser tu pupila? ―se aventuró a preguntar con bufonería.