Capítulo 6 #3
―Debí haberlo intuido antes. Sus ojos, sus gestos, algunas cosas que dice que son tan parecidas…
Es tan semejante a nosotros… Pero es que siempre he pensado en nuestra familia como correcta y pulcra.
Creía que nosotros dos éramos las dos ovejas negras en todo el linaje Banstorn.
Es un alivio ver que el abuelo también se portaba mal…
En especial porque, tengo que decirlo y reconocerlo, Mason fue un ángel guardián del que no debí haber tenido celos. Lo siento por eso.
―Oh, no. No te disculpes por querer acapararme. Me encanta saber que mi hermano pequeño me codiciaba por entero.
―¡Eres tan arrogante! Solo tú sacarías tajada sobre algo que me ha costado mucha vergüenza reconocer.
―Ah, mi vanidad siempre está ahí, dispuesta a darle un bocado más a un hecho suculento.
―Entonces… ―musitó―. ¿Estará bien si me caso o si decido no hacerlo?
―Sí. Lo digo convencido. Tienes mi palabra de que aunque el rey me prive de lo que le solicitaré, y un muchacho no llegue a nuestra familia, no te pediré que cumplas con el deber hacia el título.
Si te casas, que sea porque es la mujer que eliges, porque te llena el corazón de mariposas, porque su sonrisa te subyuga, porque no podrías más que luchar por ella hasta el fin de sus días.
Y especialmente porque le bajarías la luna, costase lo que costase, si ella te lo pidiese.
―¿Desde cuándo eres tan sabio en cuestiones afectivas, hermano?
―Desde que me enamoré y perdí la cabeza y el sentido.
Cuando llegue la hora, verás que nada más importa.
Solo ella. Y cuando seas padre descubrirás que tus hijos son lo primero.
Y si dispones de un terco hermano, como es mi caso, te darás cuenta de que nunca podrás desentenderte de él pese a que sea ya todo un hombre hecho y derecho.
Hubo unos pocos segundos de silencio.
―No sé si me volveré a enamorar, York. Dolió mucho la primera vez y dudo que en algún momento lo supere.
―¿Podemos hablar al fin de Regina? ―tanteó con cautela. No quería mandarlo todo al traste después de haber podido superar una situación muy difícil con Liam.
―No. Eso sigue vigente. Si quiero seguir adelante, y déjame decirte que por ahora me va muy bien en ese sentido, es mejor no hablar de ella ni nombrarla.
―¿Ni aunque tuviese información importante?
Liam suspiró.
―No insistas, porque si me dices algo que crees que puede ser bueno para mí, y yo no lo veo así, volverás a provocar una pelea que no creo que puedas solucionar. No tientes tu suerte.
York negó con la cabeza. Decidió no arriesgarse.
―Eres terco y espero que si alguna vez crees que te debo una explicación muy grande sobre ella ―no se atrevió a pronunciar su nombre―, recuerdes que me prohibiste hablar con libertad.
―Correré el riesgo ―dijo, mientras agitaba sus hombros despreocupadamente.
―Ahí está Liam, mi hermano. Un verdadero Banstorn, recuerda también eso cuando tengas a Mason ante ti.
―¿Debo decirle que sé lo que nos une?
―Debes hacer lo que consideres oportuno, ya te lo he dicho antes.
―No estás siendo de ayuda.
―Lo sé. Pero sí justo, porque en mi benevolencia te dejo elegir.
Trataré de no volver a imponerme, si bien, no te prometo que obre siempre para guiarte en la dirección correcta aunque ello pueda encender tu ira.
Es la potestad que tenemos los hermanos mayores, hacer lo que consideramos mejor para quienes están bajo nuestra ala.
―Soy mayorcito, York.
―¡Jamás! Nunca dejarás de ser mi hermano pequeño. Tendrás que vivir con esa obligación, sabiendo que te adoro y te amo tanto que haría cualquier cosa por ti.
―Esto se está poniendo muy embarazoso para dos tipos rudos como nosotros. Así que ha llegado el momento de partir para Londres y ver si la mujer a la que he conocido tiene algo que ofrecerme.
Liam se levantó y York hizo lo propio.
―Espero recibir pronto noticias al respecto.
―Como si nuestro tío fuese a obviar algún detalle sobre mi vida en las cartas que te redacta ―ironizó.
El pequeño de los hermanos se movió hacia la puerta de salida.
―¡Liam! ―rugió York. Así que se dio la vuelta de inmediato para ver cuál era el problema.
Divisó a Malcom con los brazos abiertos.
Suspiró y se acercó para fundirse en un gran abrazo fraternal.
Se quedaron así unos pocos minutos en los que ambos se daban unas palmaditas en la espalda, a fin de hacer la acción más…
menos… ¡Lo que fuese! Para que no hubiera tanta sensación de fragilidad al mostrar su afecto tan abiertamente. ¡Los hombres no hacían eso entre ellos!
Cuando se separaron Liam tenía los ojos brillantes, pero Malcom mucho más llorosos que él.
Se notaba que la paternidad lo había convertido en un hombre lleno de sentimentalismo.
Su hermano era feliz y Liam estaba contagiado por su espíritu.
Pero al fin y al cabo era un hermano mayor que siempre solía molestarlo, así que se le ocurrió que él también podía jugar a ser un poco malévolo y le dijo:
―Añade a esa larga lista tuya que recitas sobre tus grandes virtudes, que también eres un llorón.
York se rio. Solo Liam rompería un momento tan bonito como ese haciendo semejante broma.
―Vete antes de que patee tu trasero de hermano menor, pero no tardes en regresar a donde perteneces. Esta es tu casa. Siempre lo será.
―Lo sé.
―Te avisaremos cuando decidamos la fecha del bautizo. Será un evento familiar feliz. Juntos todos de nuevo.
―Yo… No sé si…
―No te preocupes por ella ―Regina―, te daré tiempo suficiente para que te aclares sobre esa misteriosa mujer de la que no quieres hablarme y que te tiene interesado, pues sé que te harás cargo de mi hija como su padrino, y no consentirás en que tengamos que excluir a nadie para celebrar lo que ha sido finalmente un auténtico milagro de la vida.
―Por ti, hermano, haré una sola y única excepción. Para que veas que también puedo ser benevolente y aceptar lo que será un horror llegado el caso.
York supo que se refería a verse finalmente las caras con Regina. Ese puente lo cruzaría cuando fuese el momento. Ambos lo sabían.
Liam se marchó del despacho y York se quedó como un tonto sonriente. Al fin un poco de luz con respecto al futuro de su hermano. Todo saldría bien. ¡Tenía que salir bien!