Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

―Tuviste que habérmelo dicho, Malcom. Nunca comprendí por qué un sirviente era más para ti que tu propio hermano.

―Estás equivocado. Opté por darte tu independencia, dejarte recorrer tu camino.

Eso duró hasta que te vi perdido y supuse que serías la esperanza del título.

Tu eres mi hermano y todo lo que hago, lo que hace Mason también, es por tu bien.

Eres más importante que yo mismo, porque eres, y serás siempre, mi hermano pequeño.

Sin Mason no sé cómo lo hubiéramos podido hacer.

Él siempre estaba ahí cuando estábamos enfermos, cuando teníamos un problema. ¿Lo recuerdas?

Liam se acercó al sofá donde había estado sentado su hermano y tomó asiento, colocándose bien para sujetar correctamente a la criatura que seguía dormida, ajena a los problemas de su familia. York e Isobel lo siguieron y se sentaron frente a él en un par de sillas.

―Lo que recuerdo tras la muerte de nuestros padres fue que me encerré en mí mismo y no quise hablar durante un par de meses.

―Seis ―lo corrigió Malcom.

Liam se sonrió.

―¿Fueron tantos?

―Sí, y terribles, porque no tenía la menor idea de cómo ayudarte. Y fue Mason quien insistió en que no se te debía presionar. ¿Recuerdas lo que él hizo por ti?

―Tengo aquellos años borrosos, pero sí recuerdo que él estaba cada día hablándome, preguntándome lo que necesitaba, dando paseos conmigo… Diciéndome que si no volvía a hablar nunca no importaba en absoluto, porque el periodo de luto era…

―Diferente para cada persona, y cada uno lo expresaba como se le antojaba ―terminó York por Liam.

―Así fue. Mi tío… Esto es… Confieso que vine tan enfadado que estaba dispuesto a retorcerte el cuello, hermano.

No conté con que tu duquesa me presentaría un arma tan poderosa para hacerme desistir de todo mi empeño ―apuntó, mirando con una gran sonrisa a la niña que se mantenía feliz en sus brazos.

―Nadie supo que estaba embarazada…

―A parte de los implicados y Mason ―le advirtió con suavidad Liam a Isobel, quien acababa de hablar.

―Tú tío es un pilar fuerte sobre el que Malcom se sostiene porque nunca ha querido cargarte a ti con todas sus preocupaciones.

York la miró tan embelesado cuando ella dijo eso… Esa mujer lo conocía mejor que él mismo.

―Y es por eso por lo que no podría pedir una esposa más excepcional que tú, que me comprenda, que me ame. Cuando llegaste a mi vida recibí el mejor de los regalos, Isobel. Ya ves, el dios Ra reconociendo que hay en la faz de la Tierra alguien todavía más brillante que él.

―¿Ra? ―preguntó con el ceño fruncido Liam.

―Es otro de los títulos que tu hermano ha querido incorporar al de duque. En su inmensa arrogancia ha decidido que está tan lleno de luz y vida que es Ra mismo.

―¡Aaaaah! Sí, sí… es cierto. Lo había olvidado. Ya me dijiste ―añadió observando a su hermano― que no te gustaba compararte con Zeus por sus, digamos, gustos variados. Gracias a Dios no he visto ninguna pirámide construida… todavía. ―Esperaba que York hubiese abandonado esa tontería.

―¿Una qué? ―La pregunta fue lanzada con un graznido por parte de Isobel.

―Un pequeño altar egipcio que tal vez haga construir para rememorar mi divinidad ―soltó York, como si fuese lo más natural del mundo erigir una pirámide en un jardín.

―Bien. Eso no va a pasar, York ―dijo intransigente Isobel.

Ella usaba el título cuando su esposo la molestaba y Malcom tomó nota de ese hecho―.

No voy a permitir que tu gran y disparatado ego crezca todavía más.

Así que olvida el asunto porque no lo harás.

Te consentí la osadía del cañón, y cada vez que recibo a una visita siento…

Te estás convirtiendo en un hombre del todo excéntrico.

Llegados a ese punto de la conversación, la niña comenzó a removerse inquieta y en menos de un minuto estaba llorando tan alto y fuerte que en verdad parecía un monstruo.

La dulce mamá se apresuró a levantarse para sujetarla en sus maternales brazos y llevársela.

Era la hora de su comida. Era momento además de dejar que los dos hermanos terminasen de arreglar sus asuntos.

Se despidió, al tiempo que recitaba suaves palabras para tratar de consolar a la pequeña, y salió de allí.

―¿Cuánto te durará el enfado? ―preguntó a bocajarro York.

―¿Qué se supone que sucede con el título?

Has creado a una niña, que aunque preciosa y a la que sé que no cambiarías, no es un muchacho.

No tengo la menor duda de que llegará a ser digna hija tuya.

También soy consciente de que su segundo nombre no le agradará ni un ápice y te pedirá explicaciones.

Esa tradición debería ser eliminada. W., si fuese otro hombre sería interesante, pero Wallarica… Trata de no malcriarla en exceso.

―Le dará carácter tener ese segundo nombre.

Es una tradición que no quiero romper. Lo llevará con orgullo.

En cuanto a la segunda parte de lo que dices…

no podrá ser. Mi niña será brillante y un poco caprichosa, y eso será todo por mi culpa.

―York sonrió. Liam rodó los ojos―. Ya por ser hija de un duque llegará a ser formidable porque así debe ocurrir.

Por el hecho de ser de mi sangre, la colmaré de tanto amor, protección y todo aquello que me pida, que haré que su exigencia a la hora de desposarse sea casi una misión imposible.

Tengo planeado que su listón sea alto y que busque como pareja a una deidad como lo es su padre.

―¿Isobel maneja esa información?

―Lo supone. Es una mujer inteligente. Ya has visto que me conoce muy bien. Mejor no preocuparla con tonterías por ahora, pero ya te digo que mi pequeña será superior a Ra.

―No lo he dudado ni por un momento. ―Liam sonrió―. Dime qué se supone que debo hacer, York.

―Ser feliz. Es lo que he querido para ti siempre.

No te hicimos partícipe del embarazo porque estaba convencido de que obligándote a ser mi heredero conocerías a una dama que te hiciera sentir lo que Isobel despertó en mí.

No te hablé del nacimiento porque fuiste un mequetrefe que llegó a Inglaterra y no se dignó a visitar a su hermano mayor.

No es sano despertar la ira de un duque, menos uno que te ama más que a él mismo, porque eso provoca que los castigos que deseo aplicarte sean del tipo de hacerte enfadar muchísimo.

Tal y como has comprobado que ha sucedido.

―Así que demandas que me case… ¿o no?

―Si es lo que te hace feliz, sí. No voy a forzarte, Liam, nunca más.

Y te lo hubiese dicho mucho antes, lo del nacimiento ―apostilló―, si te hubieras dignado a visitarme, tal y como debiste hacer nada más desembarcaste.

En cuanto vi a Gwyneth supe que esta familia, sus miembros y no el título, tenía que ser lo primero.

Estuve en un dilema porque deseaba que una buena mujer te sostuviese como hace Isobel conmigo, y que no la buscarías si no te impulsaba a hacerlo, aunque a la vez quería volver a dejarte vía libre para tomar tu propia decisión.

―¿Qué sucede con el ducado?

―Le he escrito al rey, le he recordado nuestros… asuntos juveniles ―que eran secretos― y le he pedido audiencia para solicitarle alguna prerrogativa o algún decreto que pueda servirnos por si Isobel y yo no llegamos a tener más hijos.

―¿Así que no es seguro que lleguen más?

―Seguro en esta vida no hay nada. Incluso la muerte es susceptible de cambiar de opinión en el último minuto.

Confío en la voluntad del rey para que permita que el título se salte una generación, por así decirlo.

Ha sucedido antes. Pero en el caso de que George no lo tome en consideración, lo he dispuesto todo para que lo que no esté ligado al título recaiga en mi hija y una parte en ti también.

―No necesito que te preocupes por mí.

York le sonrió.

―Eso será imposible de hacer, Liam. Aunque te hubieras marchado de aquí hecho un basilisco, te habría dado uno o dos días para que te tranquilizases, y luego hubiera ido en tu busca para darte un par de azotes por desafiarme.

Eres mi hermano. ―Expuso la última frase como si eso fuese algo grande, maravilloso y único.

Liam sintió su corazón temblar y sus ojos aguarse un poco.

Carraspeó para evitar la incomodidad del momento.

―¿Qué te hace creer que eres más fuerte que yo, hermano?

―Ah, ya ves, hubiera usado mi deslumbrante atractivo para atraparte y corregir tu mal comportamiento con tu hermano mayor. No en vano, soy Ra. Te hubiese cegado.

Liam se carcajeó.

―Estás llevando eso demasiado lejos. ¿Lo sabes?

―Al menos te has reído.

―Porque resultas desmesurado. Hablas de azotarme… Eso ha rozado la ridiculez.

―No subestimes nunca el poder de un hermano mayor, más si es el gran duque de York.

―¿Qué hacemos a partir de aquí? ¿Esperar a que el rey se pronuncie sobre tu súplica? ―Volvió a llevar la conversación hacia el tema central.

―No nos queda otra. Isobel asegura que traerá al mundo a mi hijo y está tan decidida que la creo.

No me importará si no llega a suceder, la verdad.

Tengo todo lo que siempre he soñado, y pedir más sería ser extremadamente codicioso.

El título no debe prevalecer por encima de las personas, de la familia.

Ahora lo veo. Si al final revierte a la Corona y el rey se lo entrega a otro que lo merezca más…

―Liam vio a su hermano compungido―. Lo aceptaré.

Así que te libero de tus obligaciones como mi heredero.

No te cases por ahora, o no lo hagas nunca.

Sigue como te plazca desde aquí, porque aunque no las necesites, te entrego mis bendiciones para recorrer de nuevo el camino a tu antojo.

―He conocido a alguien muy interesante ―desveló con cierto recelo.

Los ojos de York se abrieron llenos de sorpresa.

―Ah, Wilson no me ha informado al respecto.

―Esa es otra… ¿Cómo debo seguir con nuestro tío?

―Eso lo tendrás que decidir tú. Demandará mi cabeza sobre una bandeja de plata en cuanto sepa que he vuelto a traicionar su secreto.