Capítulo 6
Desafiar a un duque
Liam W. Banstorn había dejado pasar varios días desde que se enterase del secreto de los duques de York.
Oh, sí. Su hija, decidió Banstorn, había sido una ocultación deliberada que lo había puesto de muy mal humor.
Cuando todo en su interior le instaba a partir hacia York Park para exigir explicaciones sobre el motivo por el que no fue informado de la concepción ni del nacimiento, Liam se obligó a dejar un margen de tiempo razonable para no llegar y asesinar a su hermano.
No entendía el problema, pero tampoco debería estar sorprendido, York solía actuar de manera inesperada porque era un duque, uno muy egocéntrico que creía saber lo que era mejor para el resto.
Si a eso se le añadía el hecho de que Liam era su hermano menor, la cosa podía ser más catastrófica todavía, puesto que de buenas intenciones estaban cargados los peores movimientos.
Liam se concentró de nuevo en el paisaje que tenía ante sus ojos. Ese cañón que York había comprado era una monstruosidad. Negó con la cabeza repetidas veces mientras aguardaba a que el gran duque lo recibiera.
Al llegar a York Park lo habían conminado a esperar a su hermano en el despacho. Seguro que el propio Wilson ya habría puesto sobre aviso al duque en relación a lo que había descubierto y su inminente visita, y por eso York deseaba prevenir el fuego en un lugar apartado de Isobel.
Liam suspiró con fuerza y colocó sus manos tras la espalda para enlazarlas. Se balanceó sobre sus puntillas un par de veces y contó hasta diez. Tiempo que iba a darle al egocéntrico de su hermano para que se presentase ante él, antes de ir a buscarlo por los pasillos de la mansión.
Nueve y… No siguió contando. La puerta a su espalda se había abierto y acabado de cerrar. York estaba en el despacho. Liam no se dio la vuelta para mirarlo.
―¿Por qué? ―La pregunta de dos palabras que acababa de hacer Banstorn lo implicaba todo.
―Deberás ser más preciso, hermano.
Ese fue justo el instante en el que Liam se dio la vuelta.
La mirada gélida de sus ojos azules y profundos dejó a York paralizado en su lugar.
Malcom no era un hombre al que una mirada lo dejase tan afectado.
York se recompuso de la impresión y se movió hasta el mueble de bebidas para servirse algo fuerte. Un whisky le parecía acertado.
―Tu secuaz te ha debido informar. No me tomes por tonto, York, porque aunque eres la única familia que me queda con vida, podría enviarte al cuerno y desaparecer. No me sentiría culpable por hacerlo, sino liberado.
―¿Te sirvo una? ―sugirió, alzando el vaso donde ya se había servido la bebida.
―Habla ―lo urgió con tirantez, conteniendo su temperamento.
―Hubiera esperado una sincera felicitación sobre el nacimiento de Gwyneth, así se llama tu sobrina ―precisó con el mentón en alto―, dado que tu hermano, ese que dices que únicamente te queda en la vida, ha logrado lo que tantos años le costó.
Y eso es, por si te lo estás preguntando, formar una familia, colmar de dicha a su esposa y ver como por fin daba vida a un pequeño ser de luz, que puede convertirse en un monstruo en una fracción de segundo si demanda alimento y mi esposa no está cerca.
Porque ya ves, Liam, sacrificaría mi existencia y todo lo que tengo y soy, para que mi pequeña y perfecta creación crezca sana, feliz, contenta y no sepa jamás lo que es el mal.
Si has venido a pedirme explicaciones por haberte mantenido en la oscuridad…
―Cosa que voy a hacer ―lo interrumpió brevemente.
―Lo hice por tu bien ―soltó de manera escueta, mientras se sentaba en un cómodo sillón que figuraba frente a Liam. Su hermano menor permanecía de pie, cerca de la ventana, con los brazos tras la espalda.
―Y ahí está esa jactancia tuya sobre que tus actos siempre están amparados en tu superioridad como un dios mortal.
Lo que has hecho ha sido clavarme un puñal en las costillas, porque me has dejado fuera de algo que nos afectaba a los dos.
Me privas ahora de celebrar como se merece la noticia de un hecho que parecía imposible.
¡Por Dios, York! Eres padre y en lo único en lo que puedo pensar es en tu falta de empatía hacia mí.
En tu traición por no haberme incluido entre las personas que debían estar al tanto de tu situación.
¡Por el infierno maldito de Lucifer! ―exclamó sin poder contenerse―.
Yo soy tu hermano y confías más en un sirviente.
¡Wilson es más que yo! ―Ahí estaba. Al fin lo había escupido.
Los celos terribles que siempre lo habían asolado con respecto a la relación que Malcom compartía con Wilson.
Dolía saberse el último cuando Liam era su hermano, su familia.
―Me has sentenciado y condenado. Pese a ello voy a defenderme y te lo explicaré claramente.
En primer lugar, mi esposa perdió un bebé antes de Navidad.
Fue un duro revés que no nos permitió saber cómo reaccionar.
Existían muchas dudas sobre si de nuevo podría quedarse embarazada y si la gestación llegaría al final sin inconvenientes.
No lo compartimos. Nos guardamos el mal que sufrimos y lo llevamos en silencio.
Ella me pidió que no lo comentase con la familia y siempre haré lo que ella me pida.
Liam jadeó. Otro secreto más que añadir a la lista.
―¿Lo sabía Wilson? ―inquirió con los dientes apretados. La pregunta fue un mero trámite, dado que recordaba bien que York le pidió el regreso de su secuaz en aquellos meses.
Malcom sabía que su hermano no iba a perdonarle la respuesta, y pese a ello decidió no mentirle. Así que respondió:
―Sí.
Liam comenzó a negar con la cabeza y se dispuso a caminar hacia la puerta de salida mientras mascullaba cosas ininteligibles.
―Por favor, Liam… ―York se había levantado de su asiento y a toda prisa se había dirigido hasta Liam para sujetarlo por el antebrazo, a fin de detener su marcha. Si se iba sabía que su hermano no regresaría.
―¡No! ―negó, al tiempo que se desprendía con una sacudida del brazo para sacarse de encima el agarre de York.
Cuando llegó hasta su destino y abrió la puerta, Liam se dio cuenta de que Isobel estaba allí, seguramente con la oreja pegada hasta hacía un segundo y sujetaba en brazos un precioso bebé que dormía plácido envuelto en una manta.
Liam volvió a maldecir. Una cosa era hacerle el desaire a su hermano y otra muy diferente a Isobel y al pequeño bulto silencioso. Sangre de los Banstorn.
Isobel acomodó mejor a la niña y le dio un ligero empujón a Liam para que volviese a entrar en el despacho. A continuación cerró la puerta tras de sí y se quedaron en la estancia ambos hermanos, ella y Gwyneth. Isobel extendió los brazos y le ofreció al bebé.
―¿Esto estaba también planeado? ―Se giró para mirar a su hermano mayor, quien estaba pegado a su espalda―. ¿Pretendes hacerme claudicar azuzándome a tu esposa y a tu hija?
―No ―respondió Malcom―. Isobel tiene sus propios planes y me alegra mucho que así sea.
―Liam, he venido a presentarte a tu sobrina.
Gwyneth Wallarica Banstorn. ―La duquesa había reducido los nombres a dos, dado que la pequeña tenía algunos más, puesto que era la hija de un duque―.
Tu sobrina se muere por conocerte. ¿Vas a sostener en brazos a tu ahijada o te irás de aquí dejando de lado a tu familia, Liam?
Porque insisto en que te quedes, tu hermano tiene que desvelarte algunos secretos más, en especial el que atañe a Mason Wilson.
―Isooobel ―la avisó su esposo.
―Esta familia no se fragmentará a causa de Mason Wallarico Banstorn, un apellido que le habría sido entregado en caso de haber nacido en el lado correcto de la cama.
No, cuando todos le debemos tanto a ese hombre que saltaría al vacío si se lo pidiésemos.
Tampoco lo hará porque te presioné para no explicarle a nadie lo de la pérdida de nuestro hijo y te supliqué no hablar del embarazo que siguió.
―Isobel levantó su ducal nariz, todavía con su pequeña en sus brazos extendidos en dirección a Liam.
Se vio tan presionado por los grandes ojos del color del whisky de Isobel, dos orbes que lo miraban en muda súplica, que Liam hizo lo que se esperaba de él.
Tomó en brazos a su sobrina, la miró con atención y la acunó con suavidad.
Nunca antes había sostenido un bebé. Lo fascinante fue que le salió todo de modo natural, pero con decisión, sin temor.
Liam suspiró mientras repasaba cada palabra que le acababan de decir.
―¿Es nuestro hermano? ―preguntó sin desviar la mirada hacia Malcom. La niña tenía toda su atención. Incluso le había hecho sonreír cuando la escuchó hipar con suavidad. Estaba tan a gusto dormida… Tan bonita, tan perfecta… tan, tan, tan… ¡todo!
―Es nuestro tío. Indiscutiblemente lleva nuestra sangre, pues es igual de orgulloso y reservado que ambos.
No me confesó la relación que le unía a nosotros, lo averigüé por casualidad a través de unos documentos de padre, y Mason me exigió que nadie conociese la verdad.
¿Qué podía hacer yo después de descubrir que el heredero no debería ser yo, ni nuestro padre?
¡Maldición! Wilson debió haber sido el próximo duque, si la ley no fuese clara sobre la procedencia de un niño.
Mason era su hermano mayor. La abuela descubrió lo que el abuelo le hizo y lo desterró.
Acabó en un hospicio donde pudo haber muerto.
Fue nuestro padre quien lo buscó y lo trajo de regreso.
Mason se quedó al servicio de la familia porque sabía su lugar e insistía en que debía ser el que se empeñó en ejercer como sirviente.
No solo fue el ayuda de cámara, confidente, secretario y amigo del anterior duque, lo fue mío también.
Siempre ha estado avergonzado de su procedencia, y yo jamás haría algo para contrariar a un hombre que, como bien ha expresado Isobel, haría lo que fuese por su familia.
Por todos nosotros ―precisó con orgullo.