Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 4 #6
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Capítulo 4 #6

―Lord Ranfield nos visitó en Navidad, mientras yo era la invitada de su hermano en York Park… ¿lo recuerda?

―¿Qué tiene que ver eso con esto? ―No veía la conexión y estaba muy alterado.

―Pues que la sociedad distribuye chismes maliciosos que yo sé que son verdad, aunque mi boca está sellada, se lo juro ―pronunció la oración con un toque de solemnidad.

―No te andes por las ramas. Di lo que tengas que decir. Sé, de buena fuente que no eres una muchacha al uso.

―Se lo diré, pero no mate al mensajero ―le advirtió.

―Empieza a hablar de una vez, muchacha. Estás acabando con mi paciencia.

Ella rodó los ojos. Banstorn no era agradable. Era como su hermano: un autócrata.

―Todo el mundo asegura que el hermano de York, usted, suspiraba por la esposa del conde de Ranfield y que era habitual que ambos llegasen a los puños cuando se encontraban.

El hombre que ve allí, ese que acaba de dejar plantado Jenna ―dijo Liberty mientras observaba toda la escena frente a sus ojos.

Liam también estaba viéndolo―, es el mejor amigo del conde.

―¡Infierno! ―exclamó antes de marcharse de allí sin despedirse, aunque alegrándose porque la americana hubiese contrariado al que acababa de colocar como su segundo rival más acérrimo, puesto que el propio Ranfield era el principal de su lista.

―¡Lord Liam! ―lo llamó Liberty. Él se dio la vuelta con desgana.

―¿Qué?

―Felicitaciones, aunque son un poco tardías.

Le ruego que se las dé también a su hermano cuando lo vea.

Dígale… ―Ella se acercó hasta su posición para hablarle en confidencia―: Dígale a York que la futura condesa de Snow se alegra de la feliz noticia.

―Fue osada al decirle esas palabras exactas, pero ella sabía que Liam Banstorn estaba más que preparado para escucharlas, puesto que a buen seguro, el duque de York le habría contado cómo llegó hasta la posada de la que la rescató, lugar en el que conoció a ambos hermanos.

La de Navidad era una historia de lo más interesante, que no venía al caso en esos momentos.

¡Pero qué encantador todo lo que Liberty vivió allí!

En especial cuando vio desnudo a Snow en su habitación por equivocación.

Él resopló tras escucharla. Snow sí estaba en terribles problemas, porque la señorita Pharma parecía que acababa de decir algo muy parecido a una profecía.

―¿A qué te refieres? ¿A qué vienen las felicitaciones? ―No la seguía.

―A su recién estrenada paternidad.

―¿Disculpa? ―Estaba totalmente perdido.

―¿Qué es lo que no entiende? ―Liberty no sabía qué tenía que explicarle con exactitud.

―¿Por qué tengo que felicitar de tu parte a mi hermano?

―Sí, no solo a su hermano… es verdad. Debe decirle a York y a su duquesa que me alegra mucho que hayan tenido una niña.

Cuando Snow hablaba con mi hermano ―no añadió que ella tenía el vicio de espiarlos―, solía decir que el tema de la procreación le preocupaba mucho a su nuevo tutor.

―Lo último también se lo dijo en confidencia.

―¿Qué? ―No lograba darle sentido a las palabras de la chica.

―¿Está usted bien? ―Veía a lord Liam pálido como la nieve de la que disfrutaron en York Park la última Navidad. ¿Estaría aquejado de alguna enfermedad?, se preguntó Liberty.

―¿Insinúas que mi hermano…? ―Se le trabó la lengua y no pudo seguir.

―Que su hermano… ¿qué?

―¿Una niña?

Ella al fin se dio cuenta de lo que sucedía.

―¿Acaso no sabía que era usted tío? ―Él negó con la cabeza incapaz de responder. Ella se quedó perpleja. La familia de Snow era… muy, pero que muy compleja.

―El muy bastardo… ―susurró Liam con sumo enfado. Una ira que enmascaraba su alegría por la noticia. No sabía el juego al que estaba jugando su hermano, pero pronto lo averiguaría.

¿¡York era padre!? ¿Cuándo? ¿Cómo? Bueno… El cómo no era importante del todo, Liam ya suponía cómo se daba la cuestión de la procreación. ¿Por qué no sabía nada al respecto? Asesinaría a Malcom muy pronto. Y no solo a él.

Su siguiente parada, cuando salió a toda prisa de la fiesta echando espuma por la boca, estaba muy clara. En lo que pareció una larga travesía en carruaje, Liam bajó, accedió a su hogar y dejó que su malhumor y su cólera se desatasen sin refrenarlos.

―¡Wilsoooooon! ¡Wiiiiilsooooon! ¡Señoooor Wilson! ―Así era. Liam entró gritando sin contención en su residencia de soltero.

El hombre de confianza supuso que algo malo sucedía cuando escuchó un portazo atronador seguido de gritos muy iracundos que evocaban su nombre.

¿Qué habría descubierto al fin Liam?, se preguntó Mason Wilson, quien se apresuraba a salir de su cama y ponerse una bata para atenderlo en cuanto entrase por la puerta de su humilde habitación.

―¿En qué puedo servirle, milord? ―inquirió sin perder la seriedad y negándose a preocuparse más de lo necesario.

―Dígame que los duques de York no han sido padres de una niña.

El señor Wilson lo miró a los ojos y se cuadró, dispuesto a que todo el enfado de su sobrino recayese en él.

―Me temo que es imposible hacerlo.

―¿Porque es verdad? ―interrogó, sabiendo que la respuesta lo haría enfurecerse todavía más.

―Exactamente ―desveló sin inmutarse.

―¡No puedo creerlo! ¿Por qué demonios no se me informó de esa situación?

―Lo hubiese sabido si hubiera ido a visitar al duque nada más llegó a la ciudad.

―No juegue conmigo, señor Wilson. No esta noche. Usted mantiene correspondencia continua con mi hermano. York no iría ni a orinar sin informarle. No me diga que no estaba al corriente del embarazo o le juro que… ―No supo cómo continuar su amenaza y optó por silenciarse.

―No me correspondía a mí dar ese tipo de información. Debería hablar con su hermano ―le recomendó sin temor y sosteniendo la mirada furibunda de su empleador.

―Es usted… Es… ¡Maldito infierno! ―increpó con fuerza.

―Si esto es por lady Ranfield, todavía está a tiem… ―se atrevió a comenzar a decir.

―¡Silencio! ―le gritó, mientras se pasaba una mano por el pelo. Miró al espía que le había colocado su hermano con rabia, se dio media vuelta y se marchó de allí.