Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 4 #3
76%

Capítulo 4 #3

Los dos se despidieron. Liam se sirvió una copa para olvidarse un rato de lo que suponía ser el reemplazo de un ducado. Por su parte, Theodore se marchó de allí sintiendo que su amigo era un tonto por no haber querido escuchar que su hermana era una preciosa viuda libre.

***

Liam no sabía de quién era la fiesta a la que Snow le había acompañado.

Alguien importante la estaría dando si el señor Wilson aprobó que acudiese.

Su querida supuesta niñera se vio feliz cuando le dijo que el hijastro de Isobel sería su contraparte.

Banstorn intuía que el buen hombre esperaba que Theo acabase pronto casado y así sus obligaciones como casamentera finalizarían, puesto que todos sospechaban que York lo mandaría más pronto que tarde al servicio de Snow.

Aunque en verdad Wilson no se ponía jamás a las órdenes de nadie, pues de un modo discreto ―y muchas veces no tan sutil― era él quien se las daba a su empleador.

De súbito un cabello negro perfectamente atado en lo alto de una cabeza altiva captó su atención.

―Snow… ¿Esa señorita Pharma está en la fiesta?

―Sí. ―Él había visto a Liberty desde el otro extremo del salón y deseaba que ella no se percatase de la presencia de él, porque se ponía muy pesada cuando lo veía. ¿No había algo, como una loción o poción para librarse de las molestas hermanas menores de los mejores amigos?

―Necesito que averigües el nombre y el apellido de aquella muchacha de allí. ―Liam señaló con el dedo sin pudor a la joven que tenía su mirada sobre la de él. La muy descarada no desvió la vista ni cuando el dedo de Liam le apuntó desde la lejanía.

―¿No sería más fácil que le pidieses a la anfitriona que te la presentase? ―preguntó Theo. Eso era lo que solía hacerse en ese tipo de fiestas… ¿no?

―Eso implicaría tener que averiguar quién nos ha invitado y sería el doble de trabajo… para ti. Sé un buen chico y trata con la pequeña arpía.

―No hablaba de broma cuando dije que se cobra los favores.

―Paga prenda. Para un galán como tú será fácil.

―Te odio por ponerme en esta tesitura, Banstorn. ―Usó el apellido para darle más dramatismo a sus palabras.

Liam se sonrió.

―Creo que os viene de familia ―señaló en clara alusión a Regina, dado que ella lo había odiado muchísimo al principio, pero su compañero de sociedad no pudo oírlo, ya que se dirigía a buscar a la hermana de su amigo.

Liam observó el intercambio entre Liberty Pharma y Snow. Se saludaron, él le dijo algo al oído y ella le respondió. En pocos minutos Theo llegó de nuevo hasta su posición.

―¿Y bien? ―preguntó al ver que su acompañante estaba mudo y seguía mirando con fijación a la arpía, quien correspondía a su mirada con una dulce y amplia sonrisa. A Liam le daba en la nariz que ellos habían hecho un trato… No se atrevía a definir el acuerdo.

―La muchacha por la que preguntas se llama Jenna Walsh.

Hija de un magnate de la producción de jabón y sobrina de una vizcondesa.

Es americana, de Boston. Una rica heredera a la que todos quieren echarle el guante.

Tiene veinte años, su lengua es mordaz y se deshace de todos los candidatos a su mano de un modo…

Tiene fama de ser inteligente y Liberty asegura que lo es.

Desde los trece años ha estado ayudando a su padre en el negocio y puede tener apariencia de remilgada, pero no lo es en absoluto.

―Un trabajo del todo completo. ¿Cómo sabe tanto tu amiga?

―Liberty es la hermana de mi amigo, no es amiga mía. ―Le pareció interesante puntualizar ese hecho―. Al parecer se han hecho compinches. Lo cual no debería sorprenderme porque apuesto unas cien libras a que son igual de arpías y que por eso se llevarán bien.

Liam se quedó mirando una vez más a Snow. Él no dejaba de contemplar a Liberty, quien estaba iniciando un baile con un joven caballero que le sonreía embelesado.

―¿Qué te ha pedido a cambio de la información? ―Sentía mucha curiosidad por lo que había empeñado Theo con la muchacha. Según recordaba Liam, York en algún momento le dijo que ella había apuntado que aspiraba a ser la condesa de Snow algún día. ¿Habrían pactado eso?

―Nada.

Banstorn frunció el ceño.

―¿Sin pago? ―Se quedó decepcionado.

―Hubiera preferido que me hubiese pedido la mano derecha como anticipo por su ayuda.

―¡Pero si no ha querido nada de ti! ¿Por qué estás tan sombrío y afirmas algo así?

―Porque sé cómo es y tarde o temprano pagaré. No la conoces en absoluto ―sentenció con tirantez.

Liam le palmeó la espalda y le sonrió.

―No te desanimes. Eres un disoluto. Uno joven, pero uno de los nuestros al fin y al cabo, quiero pensar que hice un buen trabajo y que sabrás manejar a una muchacha, pese a que ella se perciba demasiado inteligente para su propio bien.

―Liam obtuvo un gruñido por respuesta―. Si me disculpas, iré a atender un asunto pendiente.

Entonces dejó a Snow solo mientras este último miraba a Liberty danzando, toda sonrojada y batiendo sus pestañas ante su compañero de baile.

Cuando la música cesó y él estuvo harto de ver cómo ese mequetrefe devoraba con la mirada un escote que ella llevaba demasiado bajo…

Dio un par de pasos y la tomó de la mano para llevársela a un lugar apartado, dejando tan sorprendido al caballero que estaba escoltando a la muchacha que aquel no se atrevió a hacer o decir nada al respecto.

Theodore la observó fruncir los labios y cuando estuvieron tras una viga de estilo jónico, a buen recaudo, la soltó y cruzó los brazos sobre su torso en un gesto de enfado.

―¿Se puede saber qué haces? ―preguntó con severidad la joven.

―¿Y tú? Pareces una… con… y ese… ―Las palabras le fallaban. Se quedó callado un largo momento y ella le sonrió con esa estúpida sonrisa brillante que la hacía parecer buena, cuando en realidad era todo lo contrario.

―¿Te comió la lengua el gato? ―se mofó con suavidad.

―¿Dónde está tu hermano?

―En el salón de cartas.

―¿Quién te custodia mientras él se divierte? ―inquirió en un tono todavía más mordaz.

―Soy una invitada especial de la vizcondesa Thunder.

―¿Quién es esa? ―No tenía la menor idea.

―La tía de la joven por la que me has preguntado hace unos momentos.

―¡Cómo no!

―No me gusta tu tono, lord Snow ―lo regañó, pero esa sonrisa radiante femenina no desaparecía de las comisuras de sus labios.

―¿Sabe tu padre que llevas ese vestido?

Ella se separó de él y giró sobre sí misma.

―¿Qué hay de malo con la seda rosa que me viste? ―Estaba muy satisfecha de su atuendo.

―Tus pechos están a punto de desparramarse sobre la tela ―dijo mirando esa parte de ella. Liberty se sintió desnuda bajo su mirada―. Apuesto mi título a que ese estúpido con el que bailabas estaba esperando a que eso ocurriese.

Liberty sintió la tentación de taparse el escote, pero no lo hizo. Iba acorde a la moda y había muchachas con la tela más baja que ella.

―Estás siendo ridículo. Mi modestia es igual que la del resto de muchachas en edad casadera. Y no me puedo creer que hayas hablado de mis senos en un lugar público. ―Theo estaba siendo irracional y ella no entendía el motivo hasta que… Liberty abrió los ojos con sorpresa.

―Como si no hubieras irrumpido en mi habitación y tú me hubieras visto sin una puntada de ropa. Ahórrate la falsa modestia porque sé que careces de ella.

―¿Estás celoso? ―preguntó incrédula. La relación entre ambos era un poco peculiar.

―Tu reputación repercute sobre tu hermano, y por ende sobre mí ―improvisó. No eran celos, pero no se le ocurría otro motivo para haber actuado del modo en el que lo estaba haciendo. Solo era porque se preocupaba por ella, trató de convencerse. ¡No eran celos!

―¿Por qué no vas a hablar con Jenna? Supuse que lo harías dado tu interés en mi querida amiga.

Él se sonrió de lado.

―La que suena celosa ahora eres tú.

―¡Ajá! Así que admites que has sentido celos…

―Eres tan obtusa, pequeña arpía. ¿De qué conoces a la señorita Walsh? Imagino que las travesuras os han unido.

―Nada de eso ―dijo levantando el mentón―. Mi padre está ayudando a su familia con los asuntos económicos. Te he dicho que es una rica heredera, ¿recuerdas? Necesita a un buen abogado y mi padre es el mejor.

―No debe de serlo tanto cuando tú haces de él lo que se te antoja.

―No es verdad ―negó con el rostro contrito, para luego mostrar una dulce sonrisa angelical y añadir―: Hago lo que quiero solo con mi hermano.

―Eres una calamidad.

―Si has acabado de regañarme, tengo mi carnet de baile bastante lleno y mis pretendientes me estarán buscando. ―Ella mostró la pequeña hoja que colgaba de su muñeca. Theo observó que ahí había muchos nombres. Demasiados.

―¡Haz lo que te plazca! ―Levantó más de lo que quiso la voz―. Es tu reputación la que está en juego. ―Después se marchó de allí airado y ella se quedó con los ojos abiertos de par en par.

¿Qué acababa de suceder? ¡Si Liberty había sido de lo más servicial al ofrecerle información sobre su amiga Jenna!

Ella se recompuso de la sorpresa y salió de su improvisado escondite para regresar a un lugar más visible. De inmediato, su siguiente pareja de baile dio con ella y volvió a estar tranquila mientras un joven apuesto coqueteaba con Liberty de un modo muy discreto.

Mientras Snow tenía su momento de furor con la hermana de su amigo, Liam asumía sus propios asuntos con una joven que de vez en cuando lo había mirado de modo penetrante desde que entró en el salón.

Estaba seguro de que ella lo recordaba. No le extrañaba lo más mínimo que la amiga, conocida o hermana del amigo de su amigo…

o lo que fuese la pequeña arpía, hubiera acabado haciendo buenas migas con la heredera del jabón.

Las dos carecían de docilidad o buen temperamento.

Definitivamente había una plaga azotando Londres y llenando la ciudad de criaturas ardientes e insolentes. ¡Todas unas descaradas!