Capítulo 4 #2
―Tal vez haya esperanza para usted, milord. Sabias palabras las que acaba de ofrecer. ¿Por qué no hace lo mismo?
―Su problema, Wilson, es fácil de solucionar. Usted ha elegido a la mujer que su corazón necesita, y… ya que estamos entre amigos, me permitiré la licencia y lo diré: que su cuerpo ansía. Mi caso es completamente diferente.
―Premiaré su sinceridad y atrevimiento haciéndole la observación de que desde que regresamos ha salido más bien poco de su casa. ¿Así como va a conocer a la dama que lo dejará plantado en medio de una pista de baile? ―preguntó con diversión, en una clara alusión a lo que hizo Isobel con York.
Liam se rio sin contención.
―Ahí está de nuevo sermoneándome mi niñera. Una bonita forma, poco sutil, señor mío, de decirme que si no salgo a buscar, no encontraré. Supongo que podría hacer algo fructífero.
―¿Como disfrutar de una fiesta social esta noche? ―interrogó con una ceja alzada. Liam le sonrió.
―Lo haré. Solo para que vea que en verdad me he propuesto casarme en un corto periodo de tiempo.
―En ese supuesto le recomiendo que busque a una dama que le agrade, porque a veces, el amor no es algo crudo e instantáneo.
Puede aparecer con el tiempo y la paciencia necesaria.
Lo he visto antes. No desespere. Lo que el destino haya determinado para usted llegará.
Fíjese en mí. A mis años y… ―No siguió porque en ese momento llamaron a la puerta del despacho que estaba cerrada.
Liam dio permiso para acceder y el señor Wilson se levantó para marcharse y seguir con sus obligaciones.
Al llegar a la puerta, el hombre de confianza de Liam se topó con Theodore Dreyer, actual conde de Snow, hijastro menor de la duquesa de York y…
en opinión de Mason, demasiado amigo de lord Liam.
Los malos hábitos se contagiaban con suma facilidad y ese muchacho, a su corta edad, tenía una gran carrera como disoluto.
Theodore y Wilson se saludaron como marcaba el protocolo. El ayuda de cámara de Liam suspiró. Esperaba que cuando este hermano Banstorn se casase no lo pusieran al servicio del joven Snow porque… ¡Ya no estaba para seguir obrando milagros! Los años pesaban.
―Ah, señor Wilson… ―saltó el hermano de York antes de que se fuese.
―¿Sí? ―Mason se ladeó para ver qué deseaba su patrón.
―Añada a ese par de ramos de flores un bonito anillo y dé el paso. ―El aludido no dijo ni hizo nada al respecto, pero Liam sabía que su afirmación lo dejaría un par de horas meditando.
El conde de Snow entró y se sentó en una silla. Justo en la que el señor Wilson había dejado libre.
―¿Una copa? ―le ofreció Liam, mostrando su vaso vacío.
―No. Estoy aquí porque te he enviado tres invitaciones y no has aparecido en ni una sola de esas fiestas.
Liam sabía qué tipo de reuniones eran. Suspiró. ¿Se había convertido en un viejo amargado antes de los treinta? ¿Sus excesos le estaban pasando factura tan pronto? Se encontraba desconcertado consigo mismo.
―No encontraré a una esposa en…
―¿Sabes lo que me ha costado obtener esos pases que tan alegremente has desechado? ―lo cortó con su pregunta.
―Estoy seguro de que alguna otra amistad tuya los aprovechó. Estáis en edad de hacer maldades, mientras que yo… Supongo que estoy en otro punto.
―¿Qué más importante puede haber que la fornicación? ¿El disfrute? ¿Saborear la depravación mientras se cometen actos impuros con orgullo? No hace demasiado tiempo tú mismo pregonabas esas mismas frases, Liam ―le tuvo que recordar Snow.
―Las prioridades cambian.
―¿Esto es por mi hermana? Porque si es por ella, Regina está…
―¡No! ―lo frenó de inmediato. No quería oír ese nombre y de pronto todo el mundo tenía que hablar de ella.
A Theodore Dreyer no le importaron demasiado los asuntos privados de sus dos hermanas, en especial porque él era bastante joven cuando ellas comenzaron a incursionar en el mundo prematrimonial y él tenía otros asuntos que atender, como sus estudios y la diversión.
Sin embargo, estaba muy al tanto de que Regina y su querido amigo Liam, quien fue siempre todo un gran ejemplo al que seguir para él, tenían una relación de lo más complicada.
De hecho, las últimas Navidades fueron un torbellino para toda la familia.
Theodore no estaba seguro de si en Francia le habría llegado la noticia del fallecimiento del esposo de Regina.
―Iba a decirte que mi hermana es ahora…
―¡Basta! ―alegó con enfado―. Ella es el pasado y no deseo saber nada más.
―Pero es que ella es… ―trató de insistir.
―Theo ―usó el apelativo por el que lo llamaban sus allegados―, lo digo en serio. Si quieres seguir siendo mi amigo, te abstendrás de mencionar cualquier aspecto sobre tu hermana. Salvo para decirme que está en peligro, no comentarás nada. ¿Entendido?
―Como desees. ―Lo vio tan inflexible que no se atrevió a desafiarlo. Si Liam estaba decidido a pasar página, lo mejor sería olvidar el asunto. Theodore era joven pero no estúpido.
―Bien. Ahora que has venido… tengo planes para ti.
El joven Snow se emocionó y mostró una amplia sonrisa en su rostro.
―¿La orgía de lord Hamilton? ¿Iremos allí?
―No. Siento aguarte la fiesta, pero dado que York, Phenton y Portman no están disponibles para acompañarme en sociedad…
―¡Ni hablar! No. No y no. ―Theodore sabía lo que le estaba proponiendo. Acompañó su negativa con varios e insistentes movimientos de cabeza para dejar muy claro su punto.
―¿Eres mi amigo o no? Porque recuerdo muy bien cómo juraste serme de ayuda en cualquier situación. Dijiste claramente que tu vida me pertenecía ―precisó con más ahínco.
―Estás sacando ese agradecimiento de contexto. Yo estaba tan emocionado por brindarme la oportunidad de ensalzarme en un combate con esas dos preciosas pelirrojas que te hubiese prometido a mi primogénito como pago. No estás siendo justo, Liam.
El hermano de York se sonrió. Snow tenía veintiún años y estaba demostrando que dentro de él habitaba un muchacho de lo más seductor y libertino. Si Isobel se enterase de las cosas que Liam había hecho por él de modo desinteresado… acabaría con un tiro en sus partes más nobles.
―Como sea. No quiero pasearme solo por los salones de baile y tú vas a acompañarme.
Theodore gimió con desespero.
―Pero puedes pedírselo a otro. Phenton está con su duquesa en Londres ―le sugirió.
―Tú lo has dicho, con su duquesa. No. Vas a ser tú quien me ayude a deslumbrar a una muchacha que desposaré. ―Se quedó pensativo un momento―. ¿Cómo se llamaba aquella joven que estuvo en York Park en Navidad?
―¡No! ―gruñó de inmediato Theo―. De ninguna manera vas a poner tus miras en ella.
Liam se quedó asombrado con la vehemencia con la que el hijo de Isobel habló. Theodore sabía que se estaba refiriendo a Liberty Pharma, la hermana de Bruce, su mejor amigo. Ella era demasiado joven y demasiado… ¡todo! para Liam.
―¿Estás interesado en aquella dama? ―preguntó incrédulo.
―Desde luego que no ―dijo convencido―. Lo que ocurre es que es la hermana de mi mejor amigo y me rebanará el cuello si permito que tú…
―No estaba pensando en lo que supongo que imaginas. Solo iba a decirte que tal vez ella podría darnos alguna indicación sobre algunas muchachas a las que debería conocer.
―No.
―¿Por qué te enfurruñas? ―No entendía del todo la actitud de Theodore.
―Porque si le pido ayuda a Liberty, ella…
―¡Eso era! Liberty Pharma. Al fin me acordé de su nombre ―saltó Liam.
―Pues ya lo deberías estar olvidando. Ella es una pequeña arpía, tal y como la renombró York.
Como te decía, si le pedimos un favor, nos podría costar la propia vida.
Más que una arpía, ella parece el diablo cuando se trata de intercambiar favores.
Mejor déjala fuera de esto. Nos arreglaremos tú y yo por nuestra cuenta.
―¡Ah! Me gusta que hayas decidido aceptar mi ofrecimiento para disfrutar de la temporada.
―No has ofrecido nada. Me lo has ordenado. Los Banstorn no estáis acostumbrados a que nadie os niegue nada y es mal hábito el que habéis cosechado ―apostilló con seriedad.
―¡Como si tú no fueses un conde de lo más consentido!
―Lo niego tajantemente.
―¿No haces lo que te place sin darle cuentas a nadie, tal y como York y yo mismo hacemos? ―lo desafió a negar lo evidente.
―Tu hermano se somete a la voluntad de su esposa y mi caso es distinto.
―Seguro que sí ―ironizó sobre la segunda cuestión expuesta.
―Dime a qué hora y dónde hay que ir esta noche y nos veremos allí. Más te vale encontrar una esposa pronto, porque las fiestas decentes no son de mi agrado y sospecho que cuando vean a un conde, uno rico y tan apuesto como yo…
―¿Quién se parece ahora a York? ―lo interrumpió con una ceja alzada.
―…las muchachas y sus madres no me darán tregua ―siguió sin hacerle caso.
―Eso sin olvidar a la cantante de ópera que te calienta la cama…
―¡Oh ―exclamó de súbito al darse cuenta de un detalle que no previó―. La señorita White es muy exigente, no le agradará en absoluto que me codee con damas casaderas.
―¿Hablas de la mujer a la que te gusta observar mientras otros la poseen? ―La relación de Theodore con esa cantante era bastante infame. Definitivamente el conde de Snow estaba a la altura de Liam y el resto de sus amigos disolutos.
―Es terriblemente celosa cuando se trata de hacer fechorías y no estamos juntos ―le informó.
―Dile que es por una buena causa. Si pones todo tu empeño en ayudarme, me veré casado en un abrir y cerrar de ojos, y pronto regresarás a las fiestas por las que sientes predilección.
―Sería más fácil si me dejases explicarte que mi hermana… ―comenzó a decir para ver si…
―¡Alto! ―Liam levantó una mano y se puso de pie―. Esta conversación se termina aquí. No volveré a repetírtelo.
Snow alzó ambas manos en señal de rendición y también se incorporó.
―Como quieras ―desistió―. Manda a mi casa a un lacayo con las señas y la hora de ese evento social al que me obligas a ir. Una vez allí veremos si haces como York y quedas subyugado rápidamente. ―El conde recordaba algunos retales de lo que fue el noviazgo del duque con Isobel.