Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Prefacio #3
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Prefacio #3

―El Altísimo a tu lado quedaría reducido a la nada… Si un ministro de Dios te escuchase… te dejaría fuera de la fe.

―Soy un duque, uno importante, puedo darme aires divinos. Especialmente me gusta cuando me comparan con Zeus.

―¿Entiendes que el dios del trueno estuvo encaprichado de Ganímedes? ―inquirió para molestarlo.

―No me pescarán en una excentricidad así, menos después de tener a Afrodita a mi lado. No lo he entendido nunca. ¿Cómo un hombre podría no sucumbir a una mujer hermosa? No son pocas las fiestas en las que hemos estado…

―Muchísimas.

―Sí, y en cada una siempre había sujetos masculinos que se entretenían entre ellos.

No lo concibo, la verdad. ¿Qué más dulce, delicado y delicioso puede haber que el cuerpo de una mujer?

Lozana, delgada, mayor o joven, todas tienen algo único.

Así que, bien pensado, cuando me compare con un dios, no optaré por Zeus.

Él, dios, y yo, duque, discrepamos en ese aspecto…

únicamente prefiero a las mujeres en mi lecho.

―Se quedó un momento callado y Liam supo que había tenido una gran revelación.

Se preparó para escuchar lo impensable―: ¡Ra!

―exclamó York―. Sí. Eso es. Tal vez me parezco más a Ra que a ningún otro.

Los egipcios sabían mucho de estas cosas.

El dios del Sol me hará más justicia, pues es tan deslumbrante como cálido.

Incluso podría hablar con algún arquitecto y que me construyan una pequeña pirámide, con que tenga una altitud más elevada que la propia casa bastará.

Nada ostentoso, pero sí grandioso. York Park es lo suficientemente grande para albergar un monumento así ―sentenció con suma satisfacción ante su idea.

―¿Has terminado de componer sonetos sobre ti?

―Debo informar cuanto antes a Isobel sobre mis planes ―dijo, obviando la molestia que impregnaba la aseveración de Liam.

―¡York! ―lo llamó.

―¿Qué? ―preguntó cuando ya se marchaba en dirección hacia la puerta.

―Confío en que tu duquesa sea capaz de quitarte esa idea de la cabeza, porque será un gasto inútil cuando tus bienes pasen a mí, o a mi hijo, y tengamos que librarnos de tu pirámide. Ahora, atiéndeme, pues todavía no te he pedido el gran favor que debes hacerme. Jurarlo, mejor que prometérmelo.

Malcom regresó de nuevo para ponerse frente a su hermano.

―¿Qué necesitas que haga?

―No volveremos a nombrar a Regina nunca.

―¿Qué estás diciendo?

―Me marcho porque tengo que olvidarla. No quiero saber nada más de ella.

Nadie de la familia la nombrará en mi presencia.

Tú te harás cargo de que eso suceda. No necesito anclarme en el pasado.

Es algo que debo erradicar. Tampoco tratarás de reunirnos bajo un techo o bajo el cielo raso, las estrellas o lo que sea.

Lady Ranfield no será más que un recuerdo lejano del que nunca se volverá a hablar mientras esté presente.

―Entiendo tu petición, pero será motivo de separación para esta familia.

―Lo sé y lo aceptaré con pesar. Yo iré por mi lado sin problemas. Es la única solución que veo. ¿Hubieras querido que alguien te contase lo que hacía tu antiguo amor? ¿Que te reuniesen con ella a cada ocasión?

―Es cierto que durante muchos años Angela y yo estuvimos apartados.

Hasta que a mí se me pasó el berrinche y acepté que había algo mejor que tuve que descubrir.

―York suspiró―. Puedo aguardar tu momento.

Cuando estés felizmente casado no te importará cruzarte con Regina, así que lo haremos a tu modo.

A mí me funcionó y considero que estás en tu derecho al hacer la petición. Lo respeto y lo asumiré.

―¿Isobel lo hará? ―preguntó con suavidad.

―Lo entenderá.

―Bien. Ahora iré a avisar a mi niñera para que entre y despaches con Wilson las indicaciones oportunas.

Esta tarde saldremos los dos en dirección a Londres y tú seguirás en tu casa disfrutando de tu esposa en la cama.

Me gusta que no pierdas la esperanza. ―Observó a York tensarse y frunció el ceño ante el gesto de su hermano a sus palabras―. ¿He dicho algo malo?

―No. ―York desvió la mirada hacia la ventana.

Los jardines, con ese fastuoso cañón, captaron su atención.

En verdad era más que mantener la esperanza en el lecho, tal y como acababa de señalar Liam.

Isobel había perdido un bebé antes de las vacaciones navideñas y los duques no habían dicho una palabra a nadie.

Salvo el señor Wilson, la doncella de Isobel y algún que otro sirviente más, eran pocos los que estaban al corriente de eso.

Malcom e Isobel no sabían si se produciría un nuevo embarazo o si en caso afirmativo llegaría a término, dando como resultado un bebé sano.

Y sin embargo, ambos habían decidido seguir probando suerte y no rendirse en su empeño por procrear.

York no quiso desvelarle nada a Liam en ese instante. Era su único reemplazo en el ducado y tenía que buscar esposa y casarse. Si le diese esperanzas podría ocurrir que su hermano cometiese una temeridad que Malcom no deseaba que se produjera.

―Entonces, mi nueva vida se inicia y estoy ansioso por emprenderla.

Liam le tendió la mano a su hermano. Malcom lo miró en ese momento y acto seguido abrió los brazos para estrecharlo contra su pecho.

―He descubierto que es muy placentero esto de darse abrazos con los miembros de tu familia.

Liam no había esperado esa muestra tan efusiva, pero se dejó llevar y correspondió al gesto con una sonrisa. Ambos se palmearon la espalda y se separaron.

Malcom tomó asiento en su escritorio mientras Liam salía de la estancia. Cinco minutos después entró Mason Wilson y se sentó frente al duque.

El señor Wilson era mucho más que un empleado. Era el tío carnal de los hermanos, un hijo ilegítimo del que fuese su abuelo, y siempre había estado con Malcom y Liam cuidándolos. Solo York y su duquesa estaban al corriente del parentesco, dado que Wilson así lo deseaba.

―Excelencia ―se presentó con el debido respeto el ayuda de cámara.

―Ah, mi querido señor Wilson, parte de inmediato en dirección a Francia.

―Eso tengo entendido. ―Liam le había comentado sus planes.

―Espero que mi hermano no se meta en problemas y, usted, lo cuide.

―Así será.

Los dos eran conscientes de que Banstorn traería muchas dificultades, especialmente para el hombre que custodiaba a su hermano.

Lo bueno era que Mason Wilson tenía mucha práctica tratando con hombres tiranos, pues había estado muy en contacto con Malcom y seguro que podría apañárselas con Liam sin demasiadas dificultades… O tal vez no. York esperaba que sí.

―Señor Wilson… ―La voz le falló. Su hermano. En un viaje tan largo como el que pretendía emprender cualquier cosa podía sucederle a Liam. La mera idea de perderlo hizo que sus ojos se pusiesen acuosos.

―Lo sé, excelencia. ―Su hombre de confianza, quien lo había cuidado siendo pequeño, guiándolo cuando sus padres fallecieron, lo entendió sin necesidad de añadir nada más.

―Bien. Subiré a entretenerme con mi esposa y que me haga olvidar que mi único hermano zarpa para, Dios sabe cuándo, regresar.

―Estará bien, yo me ocuparé. Aunque debo pedirle una cosa antes de marcharme.

―Soy todo oídos, mi querido Wilson ―añadió al ver que su amigo se quedaba en silencio.

―Trate de recordar un poco sus obligaciones, excelencia. Me alejo un par de años de su servicio y andar en bata por su casa se convierte en algo habitual que debo reprocharle ―le dijo con severidad.

―¿Qué puedo decir? Soy el rey del castillo y tengo una apariencia que todo lo que me pongo me hace verme excepcional. Una sábana atada con un viejo cordel e incluso así sería un adonis. Dé gracias, mi querido señor Wilson, pues casi opté por exhibir mi cuerpo al desnudo…

―De lo que deberé de dar gracias va a ser de marcharme con lord Liam ―apuntó con seriedad.

―Ah, señor Wilson, antes usted era más sutil y delicado en sus amonestaciones. La edad le pasa factura.

―Me hago viejo, excelencia, sí, y la paciencia parece que no es una de mis virtudes ya. Usted debió haberla consumido y ninguno de los dos nos dimos cuenta.

York se carcajeó.

―Pues debe buscarla, porque presiento que mi hermano será un cachorro ansioso durante ese viaje y va a tener que hacer acopio de su mejor estoicismo si quiere superar la travesía que le espera.

―Cierto, no sé cuál de ambos hermanos es… peor ―añadió en tono cansado.

―Oh, señor Wilson, cambie peor por mejor y me tendrá de nuevo contento.

―Bueno… si acaba leyendo en el periódico que un sirviente asesinó al hermano de un duque… ―señaló con una ceja alzada.

―Lo comprenderé, solo trate de aguantar lo suficiente. Hasta que se case y engendre a un varón. Luego es libre de hacer lo que guste, incluso cuente con mi ayuda para retorcerle el pescuezo, dado que sospecho que nos dará a los dos muchos quebraderos de cabeza.

―No le prometo nada… excelencia. No puedo prometérselo.

―No desespere. A mí no acabó matándome y ambos sabemos que tenía muchos motivos para ello.

―Es cierto, pero como hemos señalado antes, mi paciencia no es la misma. El buen Dios no me da tregua, primero me puso a cargo de un niño malcriado y llorón, que empeoró con los años pese a que hice mi mejor esfuerzo, y luego me condujo a custodiar al hermano que es idéntico al primero.

York volvió a carcajearse.

―No se hubiese marchado tranquilo de viaje si no saca a relucir que los dos nos asemejamos a un par de chiquillos. ¿Cierto?

―No me iría tranquilo, como usted dice, si no pusiera de manifiesto que los honorarios que se me otorgan me los gano con muchísimo esfuerzo.

Y de nuevo el duque explotó en un mar de risas.

***

Liam estaba frente al espejo en esos momentos y su ayuda de cámara volvió a resoplar. El sonido era habitual, no tanto el número de veces que lo había hecho ya. Era como la séptima.

―Señor Wilson, más se asemeja usted hoy a un caballo que a un abnegado sirviente.