Capítulo 17 #3
―¡Maldita sea! ―Él se dio cuenta de que al fin veía todo el rompecabezas bien compuesto.
Sheyla siempre lo llevaba por el camino que deseaba. No la cuestionó porque no tuvo razones. Ella había matado a tantos o más hombres de Gerson que él mismo. Todo una ilusión para que le brindase su confianza.
―¿Qué es lo que tratas de decirme? ¿Por qué tu amiga querría verte muerto? ―Lo veía menos alterado. Lo sentía… ¿aterrado?
―Eso es lo que voy a averiguar de inmediato.
Una vez más nuestros asuntos van a tener que esperar.
Lo cual es bueno para ti, dado que estoy tan enfadado por lo que nos has hecho, que te vendrá bien que yo me distancie de ti y enfríe toda la cólera que has despertado.
Lo primordial es detenerla. Debo interrogarla para que me diga quién demonios es Gerson.
Luego seguiremos exactamente donde lo hemos dejado, es decir, tú arrodillada, suplicando mi perdón mientras yo valoro la conveniencia de otorgártelo.
―Pero… ―Ella continuaba sin saber qué sucedía. ¿Quién era Gerson?
―Dices que eres mi esposa y te creo. Ni te imaginas los años que te quedan por delante, Margaret Maldith, duquesa de Phenton, para subsanar tus errores.
Vivirás para mí y solo para resarcirme hasta que considere que has pagado por ocultarme la verdad.
En mi benevolencia nos encerraré a los tres en Eye Hill, en cuanto todo esto acabe.
Más te vale estar aquí cuando tenga todas las respuestas, porque de lo contrario te aseguro que ni todo el amor y protección que despiertas en mí, y que no mereces, podrán salvarte de lo que te haré.
Volveré para conocer a mi hija y desvelarle quién soy.
Me parte el alma no ir a verla, besarla y abrazarla, pero es crucial que arregle el estropicio que sospecho que hay detrás de mí.
Es de vital importancia que actúe rápido, porque el tiempo es mi aliado ahora que he descubierto por qué Gerson siempre me lleva ventaja.
Espérame aquí, Margaret, no vuelvas a llevarte lejos a mi hija.
Lucien la pegó a su pecho, buscó sus labios y le dio un beso rudo, no tierno, sino cargado de dureza y posesión para demostrarle a quién pertenecía ella.
No hubo más palabras. Lucien se dio media vuelta y comenzó a caminar hacia su carruaje. Ella rodó los ojos. Una vez más le ocultaba lo que estaba sucediendo. Bueno. Al menos había logrado salir relativamente indemne de la situación.
Se quedó mirando cómo el vehículo partía con él en su interior.
―Yo también te amo, Phenton ―le susurró al viento, confiando en que el aire llevase sus palabras hasta él.
Se oyeron unas fuertes palmadas en algún lugar. Margaret buscó el origen del sonido. De pronto vio que una mujer se levantaba del suelo y le apuntaba con una pistola. La intrusa había estado oculta en una parte llena de maleza de bastante longitud.
Margaret abrió la boca para pedir auxilio. No pudo hacerlo. Alguien por detrás acababa de darle un fuerte golpe en la cabeza y todo se oscureció.
***
Lucien se tuvo que haber dado cuenta antes. Si repasaba los acontecimientos más próximos, Sheyla le había relatado que a Margaret le habían disparado por la espalda. Él nunca se lo había contado y dudaba que Ranfield o Donaldson hubiesen abierto la boca sobre eso.
Siempre huyendo de la mujer que amaba. Siempre alejándose el uno del otro.
Una hija. Calista. No la había querido mirar demasiado porque no estaba cómodo sabiendo que la pequeña era de otro hombre.
No se le había pasado jamás por la cabeza que ella hubiese podido estar embarazada, porque cualquiera en su lugar le habría informado mucho antes…
Margaret era tanto o más orgullosa que su hermano.
Pero era suya. Una niña a la que no quiso pararse a abrazar y besar, dado que en caso de haberlo hecho, jamás se hubiese marchado para terminar el trabajo.
―Calista ―susurró el nombre en voz alta.
El duque de Phenton maldijo otra vez en cuanto se dio cuenta de la identidad del loco que lo seguía a caballo y que estaba en el lado derecho de su carruaje.
Dio un golpe para que el cochero se detuviese y justo cuando el vehículo se paró, Phenton bajó para ver qué diantres quería el conde de Albemarle.
―Desata los caballos, Phenton, y toma prestado el que más rápido corra. Confío en que sepas montarlo sin silla. Ya llevo mucho tiempo de retraso y de no ser porque necesito refuerzos…
―¿Qué quieres?
―No solo yo te he seguido. He visto a una mujer meter a punta de pistola a mi hermana en esa casa donde la tienes prisionera, seguida de varios secuaces.
―¿Qué? ―No daba sentido a lo que escuchaba. Ese día había recibido demasiada información insospechada. Su cabeza no estaba en su mejor momento.
―¡Haz lo que digo de una vez! ―lo urgió.
Albemarle había estado atento a los movimientos de Phenton desde hacía mucho tiempo, justo desde que su madre, su hermana y su sobrina desaparecieron.
Tenía a varios hombres que lo vigilaban.
Cada vez que le informaban de que había sido visto en un burdel o una fiesta indecente, Ryan se contenía para no asesinarlo.
Después de haber ido a visitar a Phenton a caballo y al fin hablarle de la niña, él confiaba en que diese un paso en falso llevado por la curiosidad y lo condujese hasta Margaret.
Ryan mismo había relegado de sus obligaciones al hombre encargado de vigilarlo en aquellos momentos y se dispuso a ocupar su lugar.
Lo siguió hasta casa de ese conde de Ranfield del que Phenton se había hecho muy amigo y mientras vigilaba el carruaje del duque, comenzó a impacientarse.
Hasta que lo vio subirse a su carruaje y poner rumbo fuera de Londres.
Albemarle se cuidó mucho de no ser visto, pero Phenton había cambiado de vehículo una vez, para luego volver a subirse en otro y cambiarlo después de nuevo por el inicial.
Tenía que admitir que era precavido, pero Ryan había trabajado con él y conocía algunos de sus trucos.
Le perdió la pista unos pocos minutos, pero pronto siguió unas huellas desconocidas que lo pusieron otra vez en el rumbo correcto.
Se dio cuenta de que no era el único que acechaba a Phenton.
Un número mayor de hombres, con una mujer al frente, también a caballo, le seguía la pista.
Ser uno solo le dio cierta ventaja para que no lo detectasen los otros ni el duque.
Llegó justo para ver cómo tomaban prisionera a Margaret y se dio cuenta de que él solo no podía enfrentarse a los villanos. Así que cuando vio que el carruaje de Phenton desaparecía de su vista para tomar la primera curva, se subió al caballo y fue a buscarlo sin demora.
Albemarle no tuvo que repetirle la orden. Phenton escuchó lo que le acababa de pedir mientras unía las palabras: pistolas, mujer y hermana, y se dio cuenta de que su esposa estaba en peligro.
Phenton se subió a lomos del caballo de Ryan. No había tiempo para desmontar el tiro y tomar prestado un caballo. No estaban demasiado lejos de la casa.
Albemarle refunfuñó cuando lo percibió pegado a su espalda.
―Sabías que era mi duquesa y jamás me lo dijiste.
Tenía una esposa y una hija… Apuesto mi fortuna a que me tenías controlado para que no me casase de nuevo…
Eras el informador de tu madre y la viuda le trasmitía las nuevas a tu hermana, ¿verdad?
―Todo estaba colocándose en su lugar. Había tardado en comprender lo que sucedía bajo sus narices, pero lo veía claro.
Albemarle ladeó el rostro para observar el perfil de Lucien, al tiempo que ponía al trote a su semental.
―Al fin estás al corriente de todo. Para ser un espía, mi hermana te lo ha ocultado todo bien.
Lo hicimos como tú dices. Un compromiso con otra dama hubiese hecho que mi hermana se presentase ante ti.
Ni te imaginas las veces que recé para que ninguna mujer quisiera casarse contigo ―le dijo con seriedad.
―Te odio, lo mismo que tú a mí.
Albemarle agitó los hombros y colocó de nuevo la vista en el camino.
―Lo sé. Y no me importa.
―Cuando esto termine pienso ajustar cuentas contigo.
―No lo creo.
―¿Qué te hace pensar que saldrás indemne de toda la situación?
―Tienes mucho de qué hablar con tu esposa.
Cuando encontré a Olivia y supe lo que ella escondía, estuve…
en verdad sigo estando a su lado, descubriendo cada secreto.
No tengo tiempo para otras cosas, más que para ella.
Eso fue lo que te permitió acercarte a mi hermana en primer lugar y eso será lo que me libre de tu venganza.
Phenton gruñó. Tal vez él tuviese razón. Solo deseaba encerrarse en su finca de campo, hasta el fin de sus días, con ella y Calista para que nadie los molestase. Le gustaba mucho el nombre y se moría por reencontrarse con la niña.
Antes de llegar a la casa, Phenton y Albemarle desmontaron del caballo y lo dejaron atado a un árbol.
Escucharon una pistola martillear a su espalda.
Se dieron la vuelta con las manos en alto y cuando lo hicieron, vieron a un hombre que no conocían caer al suelo con un tiro en el corazón.
Se agacharon de inmediato, tras escuchar el disparo, para protegerse de quien había hecho eso.
Segundos después tuvieron a Ranfield y a Donaldson frente a los dos. El duque y el conde de Albemarle se incorporaron.
―¿Qué hacéis aquí? ―inquirió Phenton.
―Supongo que lo mismo que su hermano ―habló Jacob.
Todos conocían la identidad de los allí presentes.
―¿Y eso qué es? ―se interesó Ryan.
―Protegerla de tu ira ―dijo Ranfield mirando a Lucien.
―Pues me alegro mucho de que estéis aquí ―agradeció Phenton.
―Hay una mujer… ―comenzó a explicar Ryan.
―Sabemos lo que sucede en mi casa ―razonó Lawrence―. Y es peor de lo que creéis, porque Lumière está atado y amordazado en los establos y no nos puede ayudar.
―¿De quién es ese carruaje que hay en la puerta? ―preguntó Phenton―. El blasón parece el de…