Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 15 #3
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Capítulo 15 #3

Se marchó, pero dejó allí a Lumière. Su segundo estaría para cuidarla y protegerla.

Fue lo más difícil que una vez hizo. Estaba herida, no de muerte, su mayordomo se lo había jurado por su vida, y no podía quedarse junto a ella para cuidarla, velar su sueño…

Tenía que ponerse a trabajar de inmediato y hacer bien su papel.

Nadie podía darse cuenta del amor, la preocupación y la ternura que ella le despertaba.

Así sería hasta que el villano hubiera desaparecido del mapa.

El médico que se había quedado al cargo de Margaret se dispuso a ir a adecentarse, el señor Lumière lo acompañó porque quería preparar un ungüento especial, por lo que se quedaron solos en la habitación Jacob y Lawrence. Estaban cerca de la ventana. Margaret figuraba tranquila en la cama.

―Tengo problemas serios ―le dijo Jacob.

Ranfield lo miró con fijación.

―¿Qué puedo hacer?

―Debo ir a buscar a mi madre y explicarle… ―No pudo seguir hablando. El nudo en la garganta era inmenso.

―Puedes contar conmigo.

―Lo sé, pero esto es algo que debe pasar por mis manos.

―¿Qué sucede?

Jacob suspiró con profundidad.

―¿Recuerdas a mi prometida?

―La hermana de Darkworth, por supuesto ―sentenció Lawrence.

―Está viva ―dijo con serenidad.

―¿Qué? ¿Cómo? ―preguntó extrañado, pero lleno de ilusión porque se alegraba de la buena suerte de su amigo.

―Es lo que debo averiguar. Estaba en la fiesta de York. La vi un momento y no creí que fuese ella, pero… sí, resultó ser Atenea.

Ranfield le palmeó la espalda en un gesto fraternal.

―Deberías estar dando saltos de alegría. Tal vez, de los dos, tú sí logres la felicidad.

―Lo dudo mucho, ella acaba de prometerse a otro.

―¡Oh! ―No sabía qué más decir. Eso no resultaba nada bueno.

―Mientras tú le salvabas la vida a Margaret, yo presenciaba una preciosa estampa en la que alguien a quien no conozco se ponía de rodillas y ella cantaba todo su amor ante los presentes.

York convirtió la fiesta en una especie de jolgorio de compromiso.

El desconocido parecía muy cercano al pomposo.

―¿Quién es el hombre? ―Ranfield se emocionó. Pudiera ser que fuese el hermano de York el que… Se sintió mal al tener ese pensamiento. Su amigo, su único amigo estaba sufriendo. Se maldijo a sí mismo por no poder ser de otro modo, por siempre buscar su propio beneficio en cada situación.

―Un vizconde… Portman, creo recordar.

―Es uno de los disolutos.

―¿Me estás diciendo que el hombre es basura? ―preguntó incrédulo.

―Es el más decente del grupo de los cuatro.

―¿Hay grados de indecencia entre los amigos de York?

―Yo diría que sí. Para mí el peor es Banstorn, aunque sabes que eso es porque Regina y él…

―Sí, lo comprendo ―apuntó, cuando vio que Lawrence no pudo continuar.

―En fin, York está reformado, pero en su juventud fue casi idéntico a su hermano.

Luego está Phenton, quien ya puedes imaginarte que tiene muchos y serios problemas con la dama que se recupera ahí atrás ―señaló la cama―, y para terminar está Portman.

El vizconde es un tipo legal, pese a tener amistad con ellos tres. ¿Qué planes tienes?

―Aguardar noticias en Darkworth Park. Debo irme allí. ¿Puedes apañártelas sin mí un tiempo?

―Por supuesto, es un asunto importante. Lo entiendo.

―Si necesitas ayuda manda una nota. Si no, nos veremos después de las fiestas de Navidad, aquí en Londres o en tu casa.

―Confiemos en que Phenton y yo podamos alcanzar una tregua y trabajar juntos. ―Que fuese amigo de York era…

―Sheyla os ayudará ―opinó Jacob.

―No me fío de ella lo más mínimo.

―¿Por qué? Siempre nos ha guiado por buen camino.

Ranfield le sonrió.

―Suelo desconfiar de las mujeres que no disfrutan con los hombres. Me ha parecido de lo más extraña desde que la conocí.

―Suerte ―le dijo Donaldson, antes de marcharse y dejarlo al mando de todo. Comenzó a avanzar hasta la puerta y se giró para mirar a su amigo y se dio cuenta de que no le había hablado de un asunto importante―. Ranfield ―lo llamó.

―¿Qué?

―Antes de partir traeré a la madre de Margaret y a… su hija aquí.

―Recuerdo que me hablaste de una niña.

―Es la hija de Phenton.

―¿Te creerás que lo suponía? ―Él recordaba que su amigo, cuando se encontraron en Escocia, le había comentado que la dama era viuda y que estaba a cargo de una niña.

―No se lo digas a Phenton. Aunque deduzco que no le has hablado de Calista, ese es el nombre de la niña, porque de otro modo, él… digamos que no mencionó el asunto cuando recomendó que buscásemos a la madre de Margaret.

―No me gusta entrometerme en situaciones ajenas, especialmente si son las de los amigos de York. No diré una palabra. ―Lawrence ya tenía suficientes problemas como para atender más.

―Bien.

***

Lucien se había marchado con reticencia, pero la había dejado en las mejores manos ―después de las suyas―.

Lumière la cuidaría y protegería con su propia vida.

El duque se vio en la necesidad de detenerse en la residencia de Sheyla Malone.

Era la única que tenía pistas sobre Gerson y resultaba fundamental recabar información.

Lo recibió en bata. Era consciente de la hora, del estado de su ropa, de su humor… No pudo evitar hacer esa parada nocturna.

―Siempre es un placer verte, Phenton, pero no especialmente esta noche. Tengo grata compañía y has interrumpido un juego de lo más… apasionante. ―Dos mujeres muy hermosas estaban entreteniéndose solas mientras ella tuvo que ausentarse para atender a su viejo amigo.

―Te veo especialmente contenta.

―Digamos que estoy de celebración, pero tú te ves… espantoso.

―Para mí no es un buen día. No te lo discutiré. Me siento todavía peor por dentro que por fuera.

―¿Qué ha sucedido? ―se preocupó su compañera, quien le sirvió una copa de brandy y se acomodó a su lado para escuchar su explicación.

―Tenemos que terminar el trabajo. Gerson tiene que morir. No me importa cómo, pero debe ser ya. Dime la mejor manera de hacerlo.

―Ya te dije que al que más odia es a ti. Mis contactos no me mienten. No te ofendas, pero todavía no me creo que sigas vivo. Parece que él está jugando al gato y al ratón contigo.

Él frunció el ceño.

―¿Crees que no me ha matado porque es más divertido verme caer y levantarme todo el tiempo?

―¿Qué otra explicación podría haber?

―No lo sé, pero es hora de que esto termine de un modo u otro.

―Estás irritado, y tu aspecto, como he dicho antes, es lamentable. ¿Qué sucede, Phenton?

Él suspiró.

―¿Recuerdas a la hermana de Albemarle?

―Por supuesto. Te advertí sobre ella y no hiciste caso a tu buena amiga, es decir, a mí. Supe que no era la adecuada en cuanto la vi.

―No puedo tener su muerte sobre mi conciencia, Sheyla. Le han disparado y es más urgente que nunca que Gerson sea descubierto.

―¡Santo cielo! ―exclamó―. ¿Ella… ha…? ―No quiso hablar de muerte y decidió cambiar su pregunta―: ¿Está bien?

―Solo me he asegurado de que esté a salvo.

―Lo lamento mucho, Phenton. Un disparo… ―musitó―. ¿Quieres que la ponga a buen recaudo? Conoces mis muchos contactos, puedo ocultarla donde nadie la encuentre. ―Se le ocurría un lugar excelente donde hacerlo.

Phenton la miró durante un largo rato.

―No hay necesidad. Lo tengo controlado. Ranfield, Donaldson, tú y yo acabaremos de una vez por todas con el maldito villano.

―Uhm… ―Le tocó a ella poner su mente a trabajar.

―¿En qué estás pensando?

―¿Te fías de ellos dos?

―Nunca confío del todo en nadie.

Ella rompió a reír.

―Lo sé bien. Me costó mucho trabajo que lo hicieras conmigo.

―Entregaste a parte de la cúpula de Gerson. Estaba claro que eras de los nuestros.

―No mientas. Siempre te he causado recelo.

Él agitó los hombros.

―No más que otros.

―A mí nunca me gustó Ranfield. He trabajado con él cuatro veces y las cuatro… Lo detesto. No me fío de él. Es un villano de los peores. Podríamos empezar por ahí.

―Me consta que le ha salvado la vida a Margaret.

―¿Cómo lo ha hecho? ―se interesó.

―Estaba cerca y la socorrió de inmediato.

―¡Ah! ―exclamó―. ¿No te parece extraño que Ranfield estuviese convenientemente colocado en el momento en el que le dispararon?

―¿Qué quieres decir?

―No lo sé. La primera vez que te apuñalaron, él era uno de los invitados a la fiesta de York, cuando decidiste que deseabas ser Baco.

―¿Estás segura? ―Estaba inquieto, aunque sabía que su mayordomo no era fácil de engañar. Ella estaría bien. ¡Tenía que estarlo!

―Tú no lo recordarás porque en aquel instante no era el esposo de la hijastra de tu mejor amigo, pero estuvo allí. Ahora que lo pienso, todos los que están cerca de él acaban muertos.

―El Ministerio lo puso a investigarnos, a mí incluido.

―¡Qué conveniente! ―repitió―. ¿No te parece?

―Tú eres la única que sabes el aspecto que tiene Gerson. ¿Es Ranfield? ―le preguntó cansado.

―Por supuesto que no. No es ni la mitad de inteligente que Gerson, pero sí podría trabajar para él. Cualquiera podría estar trabajando para Gerson. Incluida yo ―dijo con suavidad.

―¿Trabajas para los bastardos, Sheyla? ―inquirió directamente.

―Yo no, pero… ¿Ranfield? Veo muchas casualidades.

Tenía alguna que otra duda, de todos los que lo rodeaban, pero era preciso mantener la cabeza fría, por más que los demonios se lo llevasen. El amor de su vida… herida por un malvado hijo de una mala mujer.

―Comenzamos mañana. Investigaremos bien a todo el mundo y…

―¿Seguro que no quieres que me ocupe de Margaret? Nunca me gustó, lo sabes, pero puedes contar conmigo.

―No es necesario. Ocupémonos de empezar. Vuelve a tu cama y sigue festejando lo que sea que te da alegría con tus… amantes.

―¿Quieres unirte? No te tocaré un pelo, pero sé cuánto te agrada mirarnos.

―No tengo humor para la depravación que me propones. ―Margaret. Su amor, su preocupación y su inquietud estaban con ella. No podía volver a ser más aquel hombre.

Le había hecho el amor esa misma noche, antes de que le disparasen.

La dejó antes de marcharse malhumorado y fue cuando la hirieron, no sabía si podría perdonarse eso.

Ranfield se lo había contado todo. ¡Tuve que haber estado con ella y salvarla!

Sheyla hacía bien en sospechar del esposo de Regina, pero Lucien creía tener razón al pensar que era inocente.

De haber querido rematarla, el conde lo habría hecho sin problemas en la oscuridad del jardín.

No concebía que fuese él el responsable.

Demasiadas molestias, aunque… ¿Y si la había dejado a cargo de un lobo?

¿Y si también deseaban jugar con ella y no matarla, para hacerlo sufrir?

Lumière estaría con ella en Ranfield Manor, no tenía de qué preocuparse.

Su mayordomo era un militar médico excepcional. La protegería en su ausencia.

―Te despido pues.

―Buenas noches, Sheyla. Mañana…

―Empezaremos ―terminó ella por él.