Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

―Su prometido la necesita a su lado. Vaya y no deje de hablarle para que él recuerde por qué debe permanecer en este mundo y no partir.

―York, exijo una respuesta. Mi cabeza solo conjetura situaciones que atañen cosas dolorosas, especialmente para mí, y no encontraré la paz hasta que descubra lo que ocurre.

A su mente venían miles de esposos celosos que una y otra vez habían tratado de darle muerte.

Incluso damas desdeñadas que se sentían heridas.

Todas las cicatrices de su cuerpo demostraban que él había estado en peligro en demasiadas ocasiones.

Figuraba tan marcado que parecía un guerrero del Norte.

―Lo lamento ―reiteró, antes de bajar a toda prisa por las escaleras.

Margaret se sintió como si le estuviesen ocultando un gran secreto. ¿Qué estaba pasando? ¿Quién se atrevería a atentar contra un par del reino, más sabiendo que la horca era la pena?

Se dio la vuelta e ingresó de nuevo en la habitación. El médico, ayudado por Liam, lo había colocado boca abajo y estaba cosiendo la otra herida.

―¿Vivirá? ―preguntó con el corazón en un puño.

―Solo Dios lo sabe ―sentenció Banstorn.

Ella se acercó a él para sostenerle la mano. Liam se apartó. El médico se quedó unos minutos más atendiendo la herida.

―Tiene que vivir. Debe quedarse a mi lado. No puede dejarme sola cuando lo acabo de encontrar.

Liam y el señor Lumière no supieron qué decir al respecto. Así que dejaron que el silencio imperase.

Cuando acabaron de asistir al paciente, los dos se marcharon. Ella se colocó a su lado, sobre la cama y comenzó a llorar en silencio para no perturbar la paz del paciente.

―Yo te velaré, mi amor, mi duque Canalla, Phenton… pero no me dejes.

―Margaret… ―la llamaba en sueños―. Debemos es…tar jun…tos y no me que…da tiempo. La muerte… vie…ne a p…or mí. No quiero… ir al infierno… Dios… de…be absolver…me. York, no tar…des.

Lo escuchaba delirar en medio del dolor, cosas a veces ininteligibles sobre las demás mujeres que habían pasado por su vida.

Otras sobre lo que perdería si pereciese.

Le declaraba su amor incondicional y ella estaba conmovida.

Si cuando le hizo el amor horas antes dudó de él, eso tenía que terminar.

No podía evitar sentirse celosa por todas las mujeres que lo habían tenido antes que ella.

Mientras la tomaba con aspereza y ella disfrutaba, no podía negar que los celos la avasallaban sin descanso.

Él era un portento, el hombre más espectacular que una vez contempló.

Se preguntó por qué alguien así, capaz de tener a su lado a la mujer más inalcanzable del mundo, la había elegido a ella.

La inseguridad la asaltó. ¿Y si lo perdía?

¿Y si él se daba cuenta de que ella no era lo que necesitaba? Margaret se moriría sin él.

La noche fue del todo larga, incierta. Maggie le mandó una carta a su madre para que no se preocupase por nada.

Le pidió que confiase en ella. Poco importaba ya su reputación.

Lo fundamental era que él se recuperase.

Y cuando un ministro de Dios se presentó en el lecho ducal, llamado para absolver todos los pecados de su prometido…

Ella lloró, pataleó y gritó llena de desdicha y tristeza.

También de asombro, dado que el vicario, York y el propio Liam estaban completamente ebrios.

¿Por qué estaban borrachos mientras Phenton luchaba por su vida?

Margaret se dio cuenta de que el duque y su hermano eran grandes conocidos del hombre llamado en plena madrugada, y sin embargo no podía dilucidar qué uniría a dos disolutos de la peor clase con un supuesto hombre sagrado.

Y la cosa se puso más desconcertante todavía a medida que el sol comenzaba a brillar.

Pero eso era poca cosa comparada con lo que estaba por llegar, dado que cuatro días más tarde, cuando Phenton al fin sobrevivió a las fiebres, comenzó a desatarse el infierno más crudo.

Nadie sospechó nada, pese a que las señales estaban claras.

***

Sheyla había llegado aquella mañana con información.

No había esperado adentrarse en la habitación de Phenton y ver a la insulsa dama tendida a su lado.

A medida que la mujer entraba, se dio cuenta de que el duque estaba despierto.

Él se giró para mirarla. Abandonó su posición defensiva en cuanto la reconoció.

―Al final lo has logrado. Yaces con la hermana de Albemarle sin tan siquiera haberla convertido en tu duquesa ―le dijo, con un claro reconocimiento de orgullo en su voz.

―Me encuentro tan enamorado de ella, que poco me importa lo que digan los demás.

―Me dijeron que estabas a las puertas de la muerte, pero te veo como un joven lleno de energía. ¿Estás seguro de que no has estado retozando mientras nos engañabas a todos?

―Hoy es el primer día que abro los ojos, Sheyla, y me he despertado en el paraíso.

La mujer a la que amo duerme junto a mí y sé bien que me ha cuidado día y noche, atendiéndome por encima de sus necesidades.

¿Qué puede haber más dichoso para alguien como yo, que solo aspiraba a un matrimonio de conveniencia?

―El tiro que te alcanzó era para ella. Mis informadores me lo han confirmado.

Así que no te deleites en el Edén, levántate y acabemos el trabajo.

Tú tienes una dama a la que servir y yo quiero marcharme de Londres para continuar mi camino.

Ni York ni su depravación me agradan ya.

Me aburren sus fiestas y deseo regresar a París.

Así que sal de la cama y hagamos que Gerson caiga hoy.

Si te encuentras con fuerzas, esta noche mejor que mañana.

Liam y el duque ya están avisados. Solo esperábamos a que te encontrases con ánimo.

¿Acabamos hoy o te sientes débil como un gatito, Phenton?

Los cuidados de tu prometida pueden haberte ablandado ―se burló.

Margaret se removió a su lado. Era evidente que llevaba sin dormir tantos días como él había estado convaleciente. Le acarició el cabello, ella suspiró y se calmó. Estaba preciosa incluso mientras dormía.

―¿Cuánto tiempo he estado holgazaneando? ―preguntó en voz baja. No deseaba interrumpir el sueño de su dama.

―Cuatro días con sus respectivas noches. ―Él maldijo por lo bajo.

―¿Cuál es el plan esta vez?

―Podrías intentar que no te hiriesen, para empezar.

―Por supuesto, cosa fácil ―ironizó―. Dime lo que sigue.

―Confiamos en que Gerson crea que te ha quitado de en medio, así que seguramente volverá a unirse a una nueva fiesta en casa de York solo para presumir. Habrá un harén y esperamos que se vea tentado a acudir. Mis contactos me dicen que quiere demostrar que es más libidinoso que tu amigo.

―Pocos hay que le sigan el ritmo a York ―dijo convencido.

―Eso he visto, aunque su hermano no se presenta menos… capaz.

―Liam es joven y su vigorosidad y las ansias de ganar en todo a su hermano mayor le confieren poderes que no son de este mundo.

Sheyla lo observó levantarse y se sonrió.

―Siempre dispuesto a volver a la batalla.

―Lo haré, aunque mi cuerpo no esté todavía curado, pues cuanto antes termine con mi pasado, antes podré abrazar mi presente y atender mi futuro.

―Me engañaste, bribón ―le dijo, mientras lo observaba cubrirse con una bata la camisa de dormir, para después colocarse tras el biombo que le daba privacidad.

―¿Cuándo hice eso? ―inquirió, al tiempo que se adecentaba con un trapo limpio que había impregnado con agua que contenía la jofaina.

―La mujer que te acompañaba en Vauxhall no era una amante más, era ella ―dijo en alusión a Margaret, quien todavía dormía ajena a toda la conversación.

―¿Cómo lo sabes? ―Sintió curiosidad.

―York te descubrió y debo confesar que me sentí estúpida.

―Sí, te creo. Sé bien cuánto te gusta presumir de tu inteligencia.

―Soy más que una simple mujer, Phenton. Quienes me subestiman, caen. No lo olvides.

―Y doy gracias a Dios por estar en tu bando, Sheyla ―le señaló con reconocimiento.

Ella era una de las mejores.

―Aclara con York las cuestiones puntuales de lo que haremos cuando nos reunamos en su casa más tarde. Yo me quedaré aquí cuidando de tu linda flor ―apuntó en tono burlón.

―Es mía, no lo olvides. La besaste, a mí me disgustó que lo hicieras y a ella no le plació. Confío en que no trates de seducirla ―la avisó, con un tono de voz fiero.

La señorita Malone se rio con ligereza.

―La creí divertida cuando desconocía su identidad. No me agradan las mujeres de la alta sociedad. Demasiado estiradas. Ella no te conviene. Será tu ruina, Phenton ―le indicó convencida de la gran verdad que escondían sus palabras.

―Es mi salvación ―la corrigió.

―El tiempo lo dirá ―dejó que la discusión concluyese allí. Ella sabía que la hermana de Albemarle lo llevaría al infierno.

―Cuídala y no dejes que nadie le haga daño. Confío en ti para ese cometido.

―Estaré con ella todo el día, hasta que sea hora de reunirnos. Luego tendrá que valerse por sí misma.

Él cabeceó de manera afirmativa en cuanto salió del biombo perfectamente vestido.

―Dejaré recado a mis hombres para que te releven cuando te marches.

―No sabía que los lores ingleses supieran vestirse sin la ayuda debida.

―Soy toda una caja de sorpresas. Me inspira el hecho de terminar el trabajo para regresar a mi cálida cama, donde una mujer excepcional me esperará.

Se marchó a toda prisa para rematar lo que deseaba que fuese su última aventura.

Dolorido como estaba, tenía que seguir adelante.

Era un hombre fuerte y dos heridas que habían sido atendidas por el señor Lumière no supondrían un obstáculo insalvable.

A otras cosas más molestas se había tenido que sobreponer para lograr sus cometidos.

Esta vez, su vida entera, y la de ella, dependían de su pericia y no le fallaría a Margaret Adelaida Cross.

―Suerte ―musitó Sheyla, al tiempo que se acercaba a ver a la mujer que él había dejado a su cuidado.