Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 8 #4
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Capítulo 8 #4

―No sé de qué te preocupas. La recuerdo porque te sometió a la bufonería cuando la secuestraste. Así que en un par de meses me la cruzaré por la calle, ella me admirará desde la distancia y yo no recordaré ni haber besado su mano ―expuso en su característico tono perezoso.

―¿Se lo contaste? ―le preguntó Margaret a Phenton.

―¿Cómo no iba a hacerlo? ―tomó la palabra York―. Es poco común que una mujer rechace a nuestro Lucien, al hombre, y más llamativo cuando lo hace después de saber que será duquesa. Era evidente que necesitaba mi ayuda y considero que he cumplido mi cometido.

―¿Me has ayudado de algún modo? ―interpeló Phenton mientras bufaba. Su amigo no había movido ni un solo dedo por él.

―Por supuesto que sí. Los periódicos rellenan las columnas con el futuro enlace del duque de Phenton y la hermana de Albemarle.

Una vez más he obrado mi magia con poco esfuerzo.

Ya ves, mi querido amigo, tú te casarás y me tocará a mí seguir siendo un disoluto sin corazón.

¡Qué tedioso será tener a todas esas mujeres para mí solo!

Margaret se rio con ligereza. El duque de York era un hombre incatalogable. No sabía cómo tomarlo en cuenta.

―¿De qué te ríes? ―le preguntó Phenton con curiosidad a su prometida.

―Sabiendo que he conseguido reducir a un canalla hasta convertirlo en el más atento de los pretendientes, sin proponérmelo además, estoy tratando de averiguar qué aspecto y comportamiento tendrá la mujer que logre poner de rodillas al duque de York.

―¿El duque de York en semejante posición? ―habló Malcom de sí mismo en tercera persona, porque adoraba hacerlo. Lo hacía parecer más importante.

―Lo estará, excelencia. Tarde o temprano lo estará. Lo he visto antes. Mi hermano mismo es el ejemplo más próximo ―señaló la joven en alusión a Albemarle. Sabía que estaba dominado por su esposa, dado que seguía encerrado en el campo con ella.

York sacó su monóculo del bolsillo de su chaleco y lo levantó para observarla. No le gustaba que ella se viese tan segura de sí misma.

―Le concederé, milady , que todos los hombres tienen en el pasado algún pecadillo.

Su hermano incluido, no importa que sea un héroe de la Corona, pero debe creerme cuando le digo que las hazañas de soltero de Albemarle están lejos de asemejarse a las mías.

El único momento en el que yo me pongo de rodillas es cuando…

―¡York! ―lo llamó al orden Phenton, intuyendo la gran grosería que acabaría diciendo.

―… soy recibido por el príncipe regente y me veo obligado a inclinarme. ―York alzó una ceja y Lucien supo que él había cambiado su explicación sobre la marcha.

Margaret miró primero a su prometido y luego al duque.

―¿Por qué tengo la sensación de que su alusión iba a terminar de otro modo muy diferente?

―Chica lista ―susurró Malcom―. Cuando la vi me di cuenta de que era una joven virginal.

―Yoooork.

―¿Qué? ―preguntó molesto Malcom―. Todavía no he dicho nada inapropiado.

―Supongo que es cuestión de tiempo que lo hagas ―razonó Phenton.

―Iba a decir que se ve que la has adiestrado en las cuestiones sobre las que todas las mujeres, desde las más sencillas a las más adineradas, deberían estarlo.

El placer no tendría que ser algo exclusivo de nuestro género, y sin embargo lo es.

Tu prometida ha comprendido perfectamente que yo iba a insinuar que un hombre debe ponerse de rodillas cuando saborea lo que su acompañante de cama esconde entre las piernas, y solo debo felicitarte por ello, mi querido amigo.

Las jóvenes casaderas siempre me han parecido tediosas y esta ya no lo es en absoluto.

Phenton gimió en alto. Margaret comenzó a reírse sin contención. Sus mejillas estaban al rojo vivo, y tenía que confesar que él era irreverente pero divertido.

―¿No tienes a nadie en mente para ponerte de rodillas? Haznos un favor, York, y ve a buscarla. No dejes que te robemos la diversión ―terció Phenton con disgusto.

―Ah, sí, por supuesto. Lo haré de inmediato.

Y eso me recuerda que he venido a decirte que aquel al que esperamos llegará posiblemente en una hora.

Mientras tanto, te recomiendo que le muestres a tu prometida las bondades de tener césped bajo tus pies.

Tus rodillas también te lo agradecerán. Es más mullido que el mármol o los caminos empedrados.

Lucien gimió lleno de irritación. York le guiñó un ojo a la dama y después, ambos duques intercambiaron una mirada cómplice.

El plan estaba trazado. Sheyla les señalaría su objetivo, York se ocuparía de la seguridad de Margaret y él al fin podría matar al hombre que asesinó a su compañero Jared.

Aquel joven muchacho le salvó la vida y tenía una deuda de sangre con él.

Aunque estuviese muerto, Phenton cumpliría con su deber.

Gerson dejaría el mundo de los vivos esa noche.

Lucien no se quedó allí más tiempo. Tomó de la mano a Margaret, quien todavía se reía sin contención, y se la llevó. Oh, sí, él iba a seguir la recomendación de su indiscreto amigo. Vauxhall tenía mucho que ofrecer y Margaret iba a conocer un lugar muy secreto.

Pasión y venganza en una misma noche y lugar. ¿Qué había mejor que eso?