Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 6 #6
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Capítulo 6 #6

―No es lo que crees. ―Había querido celarla al sostener a Sheyla cerca de él, porque ella lo enervaba.

Hasta el punto de que él no había tenido nunca necesidad de reafirmarse ante ninguna mujer y lo acababa de hacer solo para defenderse de lo que consideraba un desdén femenino por parte de Margaret.

La boca del duque seguía cerca de su oído, por lo que empleaba palabras susurradas en un murmullo que le hacía cosquillas en el pabellón auditivo.

―¿Se da cuenta de que en todas nuestras reuniones tengo que acabar exigiéndole que me suelte?

―¿Y tú no te das cuenta ―repitió la fórmula que ella había empleado― de que en todos nuestros encuentros necesito tocarte y tenerte cerca?

Hubiese matado a Berguren solo porque estaba acaparándote.

―Jamás volvería a decir ese título bien porque no le placía―.

York es mi mejor amigo, y por un momento he llegado a pensar que iría a buscar mis pistolas para retarlo por exhibirse frente a ti.

Y luego te habría llevado a mi habitación, para tumbarte sobre mis rodillas y colorear tu hermoso trasero por haberte quedado embelesada con sus tonterías.

No se dejaría llevar por él por mucha necesidad que tuviera de suplicarle que la invitase a su guarida y que… Ella carraspeó.

―Es curioso, yo he sentido ganas de agradecerle a su… amiga, que me haya abierto los ojos. Casi me sentí tentada a regalarle cualquier cosa que me hubiese pedido a cambio.

Lucien suspiró ante lo despectivo de su afirmación y la soltó.

Margaret no esperó más, se dirigió hacia la salida a la espera de que Marian, quien ya sostenía su capa entre las manos, la ayudase a ponérsela y marcharse de allí.

―Fenix ―tomó la palabra Lucien―, ve detrás de ella y ten cuidado de que lleguen bien a su casa.

Puesto que las damas no aceptarán nuestro carruaje para hacer el viaje, no lo ofreceré.

Cuando regreses hablaremos ―le dijo a su lacayo, quien asintió y se preparó para salir detrás de ambas, tal y como habían sido los deseos del duque.

El lacayo sabía que cuando regresase su patrón le pediría explicaciones por haberse dejado inmovilizar por una doncella que…

La culpa fue del jabón o lo que fuese a lo que ella olía.

Tenía fuerza y lo había sorprendido. Para Lucien trabajaban en su mayoría militares retirados, Tommie Fenix había sido herido en la batalla que dio la guerra por finalizada, en Waterloo, y lo enviaron a casa a morir de hambre.

Phenton había cobijado a muchos como él y le había fallado.

En el momento en el que la entrada de su casa quedó despejada, él regresó al despacho.

―¿Sabes lo cerca que has estado de la muerte hoy, York? ―preguntó enfurecido.

Su amigo agitó los hombros despreocupadamente.

―¿Qué más te dará lo que haga o deje de hacer, si tú la has desechado?

―La he dejado libre porque ella desea comprometerse con lord Bergen ―dijo al fin bien el título del maldito, y le dieron arcadas.

―Uhm… ¿Estás seguro de ello? ―indagó Sheyla.

―¿Vas a aportar luz sobre la cuestión, querida? ―señaló York.

―Mi función en esta… misión es estar atenta a todo lo que sucede. Al contrario de ti ―apuntó mirando a York―, que te pasas la mayor parte del tiempo acicalándote y mirándote el ombligo mientras señalas lo fabuloso que eres…

―Sí, bueno, no te olvides de que mi función, como tú dices, es organizar esas orgías en las que Phenton obra su magia.

Unas, en las que por cierto, ha dejado de participar activamente desde que su prometida apareció en escena.

Curioso, ¿no te parece, querida? ―York estuvo satisfecho cuando Lucien lo miró con fastidio.

―¿Qué decías sobre Berguren ? ―Phenton decidió ir hacia lo que le interesaba. El título de ese maldito sonaba mejor cuando él lo distorsionaba.

―Bergen ―repitió Sheyla.

―Debe de ser espectacular para que te acuerdes del título de un hombre, querida ―razonó York.

―Es muy espléndido. No te hace sombra, lo confieso, pero es un tipo muy popular. El más cotizado de las últimas dos temporadas, y ha anunciado hace un par de días su compromiso con lady Blanche Adquinson, hija de otro conde como él.

Sheyla y York observaron a Lucien caminar con enfado hacia la puerta. Parecía que se marchaba a grandes zancadas.

―¿Qué sucede? ―interpeló la mujer, mirando a Malcom.

―Preguntémosle. ―Se dispuso a alzar la voz hacia Lucien para inquirir―: ¿A dónde vas con tanta prisa, Phenton?

―¡A hablar con el tonto para que no cometa el error de su vida! ―masculló en medio de una ristra de maldiciones.

York se carcajeó mientras que Sheyla se quedó asombrada por la rudeza de su amigo.

―Supongo que la reunión queda aplazada. ¿Crees que ella le gusta?

―¿La hermana de Albemarle? ―preguntó Malcom. La señorita Malone cabeceó.

―Hace unas semanas, Phenton acudió a mí para pedirme que la apartase de lord Bergen en una fiesta. Me pareció raro verlo en un lugar decente y todavía me sorprendió más cuando me hizo dicha petición. Cuando vi a la joven me quedé atónita. No es la clase de mujer a la que él está acostumbrado.

―Soy consciente del efecto que la muchacha tiene sobre él.

Lo acabamos de ver hace un rato. Ella es fresca, delicada, aunque se aprecia el mismo atrevimiento que ostenta Albemarle.

Lo cual es tedioso en el hermano, pero a la dama le sienta de maravilla.

Además, no es nada mundana. Creo que nuestro querido Lucien ―usó su nombre de pila porque ameritaba con la ocasión― se ha debido cansar de comer donde antes otros lo han hecho.

―¿Insinúas que la desea porque es virgen? ―preguntó con los ojos como platos.

―Aseguro que es mucho más de lo que podamos imaginar.

―¿Hablas de amor? ―Ella comenzó a reírse, y cuando vio a Malcom observándola con el monóculo que había extraído del bolsillo de su chaleco cesó de reír.

―¿Y tú? ¿Ardes en deseos de…? ¿Cómo dijiste? ¿Comer donde otros no lo han hecho?

―Ah, yo nací siendo un libertino, moriré siendo un depravado, solo, y sin nadie que logre cambiarme. ¿Qué mujer en su sano juicio se atrevería a luchar contra el infame, apuesto, inteligente y rico duque de York, para convertirlo en un santo?