Capítulo 4 #4
―Ella está en peligro mortal. ¿Olvidas eso?
―Dejaría de estarlo en cuanto rompiese el compromiso y se casase con otro hombre. No la conozco, pero tengo entendido que es bonita, con una dote excelente y buenos contactos.
―No puedo hacer eso.
―Lo sé.
―No lo entiendes. ―Ni él mismo lo comprendía.
―Sí, lo hago. Aunque no quieras admitirlo, sé exactamente que no te la sacarás de la cabeza así como así porque te ha deslumbrado.
―Estás siendo tedioso y absurdo, York. En todo caso me ha dejado humillado. ―Eso sonaba todavía peor que lo que dijo su amigo. Hubiera sido mejor callarse.
―Bien, haz lo que te plazca, como sé que harás.
Te prometo que te honraré en tu funeral.
Diré un discurso tan emotivo y profundo que todos saldrán de allí llorando.
Tan magnífico será, que incluso lograré conmover a Albemarle y lo haré sollozar.
―Lucien resopló. Albemarle bailaría sobre su tumba y tal vez hiciera cosas peores que esa.
York se levantó, le palmeó la espalda y luego se marchó dispuesto a disfrutar de las ventajas de ser un disoluto sin corazón que no tenía el más mínimo interés en saber nada del matrimonio.
Lucien se quedó solo y pensativo. Todo estaba resultando un verdadero desastre.
Había construido un muro para separarla.
Sabía que era su prometida, pero no se permitía verla como a una persona que sentía y padecía.
Todo era más fácil si lo hacía así. Pensar en ella como su esposa y la madre de sus hijos fue un acierto…
hasta que compartió un carruaje con la dama y se dio cuenta de que no había previsto que pudiera gustarle.
Y dejó de ser un pensamiento, alguien a quien solo vio una noche.
Ella era un regalo que se moría por desenvolver.
Solo era lujuria. Estaba seguro de eso y de que cuando se acostase el hechizo se rompería.
Si ella le hubiese permitido en el carruaje tenerla, ya estaría pensando en otra cosa.
―¡Lucifer maldito! ―exclamó en alto, sin darse cuenta de lo que decía.
―Es una blasfemia temible, pero también me gusta evocarlo cuando algo no va bien ―dijo una voz masculina desde detrás de donde había estado York sentado.
Lucien alzó la cabeza para ver quién acababa de hablar.
Tragó saliva cuando vio a Kensington, Kirk Baldrick ―más conocido como el duque Demente―, alzarse y colocarse frente a él.
Phenton y Kensington habían estado juntos en algún que otro caso de espionaje y sabían lo que hacían y lo buenos que eran cada uno en su campo.
Phenton era inteligente, ladino si había de serlo y en el cuerpo a cuerpo era un fenómeno.
De hecho, en la penúltima misión, Kirk le salvó la vida a Lucien y a la esposa de Albemarle, también a este último.
La rivalidad entre ambos grupos de amigos se quedaba al margen cuando había asuntos más serios contra los que luchar.
―¿Por qué tengo la sensación de que has escuchado una conversación privada, Kensington? ―No le tenía miedo, solo a cuánto hubiese oído.
―Lo que te ha salvado de que no interviniese ha sido la narrativa sobre lo que la dama te ha hecho. Considero que es suficiente castigo para ti, aunque… Albemarle es algo parecido a un hermano para mí, así que me debato entre retarte o ayudarte.
―¿Tú me ayudarías? ―preguntó con sorpresa.
―Soy un hombre felizmente casado, Phenton.
Mis demonios duermen y solo veo el bien en el mundo.
Eso es obra de mi querida Beth ―así se llamaba su duquesa―.
Todo cambia cuando un hombre cae y creo que tú estás ya medio enamorado de Maggie.
―Kensington la conocía muy bien, pues él y Albemarle habían sido muy amigos desde pequeños y ella entraba en el paquete.
―Lo que dices no es correcto. No has debido escuchar con la suficiente atención.
―Yo diría que te conviene que haya sacado esa conclusión, Phenton, porque estoy felizmente casado y mi duquesa me inspira a obrar el bien, como he dicho hace un segundo, pero todavía siento una profunda lealtad hacia la familia de Albemarle y tú mismo me has visto luchar.
Así que te daré una única oportunidad que no vas a desperdiciar, pues de otra forma, el que te desafiará a duelo, por lo que…
no voy a recordar que has hecho en cuanto salga de aquí, seré yo y no el hermano de la muchacha.
―¿Cuál es el motivo por el que algunos hombres como tú, en cuanto os casáis llenos de amor, comenzáis a creer que el mundo está lleno de arcoíris, unicornios, ninfas y pamplinas de esas, y consideráis que todos deben ser iguales a vosotros?
―Alaba tu suerte, porque de otro modo tú estarías muerto ahora mismo.
Una oportunidad, Phenton, y espero que no la desperdicies, porque te juro por el amor de mi maravillosa esposa, que el duelo será una exhibición de mi puntería, y acabarás con tantos agujeros que un queso gruyère será poca cosa con lo que te aguardará.
―Ella podría robarte la idea, Kensington. En cuanto me vea amanecer, estoy seguro de que tendré que ponerme a cubierto ―se sinceró, dado que no le quedaba otra alternativa.
―Conozco bien a Maggie, si Albemarle no está en la ciudad en un par de días significa que no te quiere muerto porque no le habrá contado lo que has hecho, y tienes una posibilidad de hacer las cosas bien esta vez. Aprovecha la oportunidad si ella decide dártela.
―¿He hecho algo mal? ―preguntó.
Se dio cuenta de que fue un error en cuanto el duque Demente se sacó un pequeño cuchillo de un bolsillo de su elegante chaleco gris oscuro bordado con flores blancas para examinarlo a conciencia.
―Además de lo que le has relatado a York, te has cargado la reputación de la dama estando fuera de Inglaterra diez meses.
―¿Perdón?
―Se extendió el rumor de que la dejaste abandonada para estar en París… disfrutando.
―Si has escuchado bien, no he estado disfrutando en Francia, más bien todo lo contrario. Sabes lo que es estar al servicio del reino y lo que hago. Los villanos no visitan precisamente lugares civilizados y debo seguirlos de cerca. Tú mismo me has visto desempeñar mis funciones.
―Al igual que tú has sido testigo de mis… habilidades en la batalla.
―Me fui de aquí dejando muy claro que lady Margaret Cross sería mi esposa.
―Si lo que pretendías era darle más solemnidad a tu discurso, deberías haber usado también el segundo nombre de la joven. ―Kirk lo observó cerrar la boca en una fina línea blanquecina―. ¡No lo sabes!
―Solo la vi una vez, una noche en un baile. No he tenido ocasión de conocerla mejor. Estuve muy ocupado cumpliendo con un bien mayor ―se excusó.
―Han pasado diez meses. ¿No has dispuesto de tiempo para escribir una carta o de interesarte por su vida?
―Evidentemente no. He estado ocupado ―repitió con retintín― evitando una conspiración y manteniéndome con vida.
―Tienes mucho trabajo que hacer, Phenton, y espero no equivocarme con lo que he percibido en tu interesante historia, porque Albemarle me pedirá explicaciones por mi intromisión y yo le sujetaré la pistola cuando decida matarte si fallas…
Eso si no acabo yo lanzándote un cuchillo.
Tengo en gran estima a lady Margaret Adelaida Cross.
Él se dio cuenta de que le acababa de facilitar un dato muy importante, aunque todavía no lo entendía.
―Conoces bien mi reputación. Además me has escuchado sin tener derecho a hacerlo. Un matrimonio real no entraba en mis planes.
―Pero averiguarás si eres capaz de tenerlo o harás que ella rompa el compromiso.
Todos nos conocemos bastante bien. ―Phenton sabía que hablaba de los integrantes de ambos grupos de amigos que siempre habían estado enfrentados―.
York dice muchas tonterías, especialmente cuando habla de sí mismo, pero coincido con él en cuanto a tus opciones. Son solo dos.
―No soy un hombre que ceda a coacciones ―lo avisó.
―No te obligo a que te cases con ella, sino a todo lo contrario si no eres capaz de darle lo que busca. Tu amigo te lo ha explicado bien. Maggie no se conformará con menos y si aspiras a su mano tienes mucho trabajo que hacer, pues eres la causa de que su reputación se resienta.
―Su hermano sabía perfectamente que el matrimonio estaba sobre la mesa. Firmé el contrato antes de marcharme. La dejé aquí en calidad de mi prometida, una futura duquesa. No sé cuál es el maldito problema con la reputación de ella.
―Te he explicado los rumores que hay. La consideran una mujer abandonada.
―Y son todo mentiras.
―Como te he dicho, tienes responsabilidades que atender.
Margaret ha sido invitada a una fiesta que dará mi esposa en un par de días en mi casa.
Haré lo posible para que venga. Te aconsejo que olvides la picardía y te conviertas en un dechado de virtudes para cortejarla.
Es tu mejor baza si en verdad te ha deslumbrado como ha dicho York.
―¿Dónde está Albemarle? ¿Por qué eres tú quien la guarda y no él?
―Tiene asuntos importantes que atender con su esposa.
―¿Se han casado?
―Es complicado de explicar, pero están bien ―observó Kirk. La historia de su amigo Albemarle con Olivia era… muy compleja, aunque parecía que todo estaba ya solucionado.
―¿Y la hermana no merece su atención? ―rebatió molesto―. Tu amigo debió haber acallado los rumores en cuanto nacieron. Es mi prometida ―sentenció de nuevo con rotundidad.
―Esa es la actitud. Creo que te divertirás con la muchacha. No es lo que esperas, te lo garantizo… ―recapacitó en cuanto se dio cuenta de una cosa―: Aunque eso ya lo has comprobado.
―Creo que no entiendes el problema que converge en esta situación. Alguien viene a por mí.
―Sí, por eso mandaré a un par de mis hombres a casa de la joven para que la vigilen. ¿Debo hacerlo o ya te has ocupado tú? ―tanteó, cuando se dio cuenta de que Lucien lo miraba despectivamente.
―Mi lacayo se quedó allí y en cuanto llegue a casa estableceré un turno de vigilancia.
―Todo hubiera sido más fácil si no lo hubiese engañado.
Después de hacer la parada en Gretna Green ambos llegarían a Eye Hill para disfrutar de una triunfal noche de bodas.
Oh, sí. Por supuesto que la habría convencido para que aceptase ser su esposa.
No podía pensar en el modo en el que lo habría logrado, pero seguro que lo hubiese conseguido.
Aunque por otro lado no importaba esa cuestión, dado que no llegó ni a la frontera con Escocia.
―¿Solo un lacayo? Entendí que ella podría estar en serio peligro.
―El muchacho que dejé a cargo es… Ella estará bien.
Kensington comprendió que era algún tipo de militar experimentado. Se fiaba del criterio de Phenton a ese respecto. Sobre lo demás… habría que esperar.
―De acuerdo, te dejo para que medites y olvida la tentación de volver a apresarla para llevártela a Gretna Green, o pronto será una bonita viuda si es que esta vez ella consiente en que te salgas con la tuya ―se burló. Phenton resopló como un toro tejano enfadado.
Kensington se dio media vuelta dispuesto a marcharse. No sabía si haría bien o no, pero sí que percibió en la conversación, que escuchó sin ser invitado a hacerlo, que había esperanzas para esa pareja en concreto.
―Los hombres enamorados sois peor que una plaga ―musitó con enfado.
―Por cierto, Phenton… ―Kirk se dio la vuelta justo antes de salir por la puerta del salón.
―¿Qué?
―Ni Albemarle ni yo lloraremos en tu funeral, aunque York se ponga a orar como los ángeles.
―Sé bien lo que haríais sobre mi tumba, descuida, porque es lo mismo que yo haría sobre la vuestra si estuviese en el lado opuesto. ―En el mejor de los casos orinarían y en el peor, defecarían… aunque estaba seguro de que harían ambas cosas después de danzar con una botella de whisky en una mano.
Kirk cabeceó afirmativamente y se marchó de allí satisfecho con su actuación, mientras que Lucien se dio cuenta de que no había opuesto resistencia ante las sugerencias de York o de Kensington, porque la alborotadora liberal se le había metido bajo la piel.
Estaba en problemas y no sabía si prefería enfrentarse a Margaret o a su hermano y sus compinches.
En cualquier caso la cosa no pintaba nada bien.
A esas horas su padre se estaría revolviendo en su ataúd, y no porque alguien estuviese haciendo cosas indebidas sobre ella, sino por la situación en la que él solo se había metido.
El duodécimo duque de Phenton acababa de echar por tierra todas las enseñanzas de su progenitor en un solo día…