Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 4 #2
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Capítulo 4 #2

Los unos y los otros no se habían matado porque Portman era el encargado de apagar fuegos.

York sabía que si la hermana de Albemarle estaba implicada y su mejor amigo la lastimaba le faltarían piernas para correr bien lejos.

Phenton era un espía, de los mejores, pero Albemarle y los suyos habían estado en la guerra luchando en primera fila, y regresaron a casa siendo los preferidos del reino por sus grandes hazañas.

Phenton estaba muerto hiciera lo que hiciera, en caso de que la dama acabase mal parada…

que así sería porque Lucien no tenía madera de esposo y menos sería uno bueno.

York comenzó a reírse con más fuerza. Phenton lo miró con enfado.

―¿De qué te ríes? La fidelidad no tiene que estar sobre la mesa necesariamente cuando se está casado. ¿Por qué habría de estar cuando se está prometido?

―Cuando Albemarle te rete, me darás la excusa perfecta para pedirle explicaciones a Monty, pues los amigos de tu némesis irán todos a por ti.

―Samuel Pierce era el hombre que cuatro años atrás le había quitado a su prometida y York no lo perdonaría jamás, pues nunca encontraría otra como Angela Stuart, la actual condesa de Monty, dado que nunca volvería a buscar a una dama para enamorarse.

―¡Quieres olvidarte de ti mismo durante un rato! ―Phenton sabía que su amigo tenía un resquemor malicioso contra el conde de Monty por lo que pasó tiempo atrás.

―Lo estoy haciendo.

―No.

―Sí, porque de todas las damas a las que podías haberles ofrecido un ducado, has elegido a la única que sospecho que va a querer tu corazón sobre una preciosa bandeja de plata, y eso me da mucho en lo que pensar. Me preocupas.

Vio a Lucien desviar la mirada y refunfuñar con descaro. York se rio todavía más alto.

―La cosa es peor de lo que puedas imaginar.

―¿Más malo que acabar muerto, Phenton? No debiste seducir a la hermana de Albemarle, comprendo que estés extasiado si ella te ha dejado en semejante estado, pero sin estar casado con ella no debiste…

―No la he comprometido ―lo cortó―. Solo la he secuestrado para llevármela a Gretna Green ―apuntó, como si secuestrar a una mujer fuese algo banal y que se hacía por costumbre.

―¿Cómo has dicho? ―York estaba atónito.

―Es muy frustrante todo lo que me ha pasado hoy. No quisiera contártelo.

―Lo harás, si quieres mi ayuda.

―¿Cómo podrías socorrerme tú, si estás ansioso por marcharte a una orgía en cuanto acabes de conocer mis miserias?

―¿Tan mal amigo me crees? ―preguntó indignado.

―¿Cuánto tiempo he estado en Francia, o es que no sabías que me marché hace meses?

―¿Has estado en Francia? ―inquirió sorprendido.

―Tengo ganas de estrangularte, York. Y no pienso decir ni una sola palabra agradable en tu funeral.

―¡Qué horror! Privar a la humanidad de un hombre como yo… Dios te castigará, aunque no veo qué más malévolo podría haber que acabar unido a la hermana de tu enemigo acérrimo.

―Yoooork ―lo avisó de que estaba colmando su paciencia.

―Vamos, hombre, estaba bromeando. Sé que te marchaste a París a jugar a los espías hace diez meses y trece días.

―No es un juego.

―A mí me parece uno más sencillo que el que estás llevando a cabo con Albemarle, su esposa y su hermana.

― Touché . Y debo agregar que me sorprende que lleves tan bien la cuenta.

―Sin olvidar a los amigos del conde ―siguió Malcom con sus cavilaciones sin atenderle―.

Tengo entendido que Kensington es un animal temible si se le da un solo cuchillo.

―Sacudió la cabeza. No quería ver a Phenton degollado―.

Además, eres mi mejor amigo, es lógico que sepa el día exacto en el que te marchaste.

Eso y que conocí a una rubia con unos pechos descomunales, cuya boca era una delicia, y desde aquel momento no la he vuelto a ver.

La echo terriblemente de menos, tanto que cuento los días que hace que me premió con sus dotes amatorias.

―No me estás ayudando ―expuso cansado.

―Porque tú no me cuentas lo que ha sucedido.

―Sé que solo tienes curiosidad por conocer los detalles escabrosos. No confío en ti.

―Tedioso, Phenton. ¿Cuándo te he fallado yo?

―Nunca.

―Ahí lo tienes.

―Nunca, porque jamás he necesitado tu favor.

―Hasta ahora ―puntualizó con satisfacción.

Lucien suspiró. Un poco de luz le podría decir cómo actuar. York era inteligente, aunque eso no se lo diría en alto o comenzaría a componer un soneto sobre ello.

―Ella está en peligro.

―Tú estás en peligro, no la dama ―razonó York. Albemarle era… Había que tener cuidado con él, especialmente porque Lucien y Ryan sentían una animadversión infinita el uno por el otro.

―Escúchame. El Ministerio vino a buscarme una última vez por un caso… ―Dejó de hablar porque no tenía que dar información sobre la cuestión y finalmente decidió seguir―: Es secreto, no necesitas saberlo, pero sí te diré que se me escapó uno de los villanos que me odia tanto o más que Albemarle.

―Efectivamente, parece que la dama está en peligro.

―Te lo he dicho, pero no quieres atenderme.

―Sigue, te escucho. ―Agitó la mano para darle pie a que siguiese hablando.

―Ese hombre que debí haber liquidado porque es… pura escoria, dejémoslo así, vendrá a por mi prometida y por eso quería llevármela a Gretna Green para casarnos y encerrarnos en Eye Hill, en mi casa de campo.

El maldito Gerson, así se llamaba el hombre que podía atentar contra Margaret, había asesinado a su compañero, Jared, a quien estaba muy unido y sabía que el siguiente sería él y que no se detendría hasta verlo muerto.

Eye Hill era lo más parecido a una fortaleza. Su personal estaba dotado de antiguos espías y militares, y allí su esposa estaría protegida.

―Entiendo lo que me dices. Sí. Eye Hill es inexpugnable y tus hombres la habrían protegido. Admito que eres inteligente. Casarte, dejarla embarazada y a buen recaudo en tu finca para luego regresar a la ciudad a fin de seguir con tus… actividades.

―Haces que suene como algo… una cosa que no está bien.

Cierto que lo dicho sobre Margaret era precisamente el pensamiento exacto de Phenton, pero pensarlo y oírlo en alto era dos cosas diferentes.

York le había hecho sentir remordimientos.

¡Él no tenía conciencia con respecto a las mujeres!

Olivia acabó con todo eso cuando se marchó con Albemarle.

Era la alborotadora que había dejado claro que él era todo lo opuesto a lo que buscaría en su futuro esposo, la culpable de todo.

¡Santo Lucifer! Estaba tan irritado por haberla besado, acariciado y desearla tanto…

―¡Al contrario, mi querido Phenton! Yo huyo de las garras del matrimonio como si fuese El Maligno viniendo hacia mí para sepultarme bajo tierra y dejarme ardiendo por toda la eternidad.

Tu plan me parece muy acertado. Tanto, que tomaré nota de él y llegado el caso lo pondré en práctica, dentro de muuuuchos años.

―Confieso que la idea me pareció excelente cuando la concebí. Sin embargo no conté con un detalle que… ―suspiró.

―¿La dama no es lo que creíste que sería? ―se burló.

―Maldita sea si estaba preparado para lo que se presentó ante mí. Y sospecho que no será el tipo de esposa que me permita seguir con mi libertad. Pero sobre todo ella es…

―Una diosa…

―No la he comprometido… No del todo ―puntualizó.

Sus besos todavía podía saborearlos. Era dulce, pese a tener más veneno que una avispa en sus comentarios e insinuaciones.

¿No quedaban muchachas calladas y que no contrariaban a los hombres?

Seguramente las habría, pero al ser ella hermana de quien era…

¿Cómo no se dio cuenta de que sería tan fastidiosa como Albemarle?

―Ah, bribón, pero tú y yo sabemos que hay más de mil formas de disfrutar de una dama sin arrancarle la virtud.

―Estás hablando de la hermana de Albemarle ―tuvo que recordarle.

―Y por eso mismo no comprendo cómo pudiste pensar que ella estaría dispuesta a aceptar tu plan de recluirla con alegría.

Los padres de los dos hermanos tuvieron un matrimonio lleno de amor.

Así que ella sabe lo que va a demandar en su unión.

No debiste inmiscuirte en la vida de una joven dama casadera que lo querría todo, porque tú no se lo vas a poder dar.

―¡No sabía que era la hermana de él cuando la vi! ―se excusó.

―Ah, interesante. Así que no se trata de venganza por quitarte a la mujer que amas.

―No del todo. ―Phenton sonrió de lado llegados a ese punto―. Aunque sí pensé que yacer con ella… y que su hermano supiera lo que hacía… Pongamos que el destino se portó bien conmigo cuando hizo que ella se cruzase en mi camino.

―No me has aclarado cómo llegaste a estar comprometido con la hermana de lord Albemarle.

―Digamos que me olvidé un poco de ser un caballero en un jardín oscuro y le aseguré al hermano que me casaría con ella.

En ese momento recordó cómo Margaret lo había acusado en el carruaje de no haberle preguntado nunca al respecto.

¿Desde cuándo las damas tenían que ser tomadas en consideración?

Los hombres elegían su destino y ellas lo aceptaban.

Así se lo había enseñado su padre. La madre de Phenton fue un epítome de la docilidad, siempre complaciente con su padre, jamás se interpuso en lo que hacía el anterior duque o dejaba de hacer.

Para Lucien eso era lo normal. ¿¡Por qué se molestaba tanto ella con la decisión que había tomado respecto a su futuro!

? ¡Si la iba a convertir en duquesa! ¿Quién entendía a las mujeres en estos nuevos tiempos de pensamientos tan adelantados pensados para alborotar a las masas… ?

York comenzó a reírse y le palmeó la espalda.

―¡Y sigues vivo! No digas que los milagros no existen porque tu enemigo te perdonó la vida. No tengo hermanas y no sé lo que hubiese hecho en su lugar, pero sospecho que mi benevolencia no hubiese sido igual. Te hubiera cortado tu…

―Sí, sí. Me queda claro que fui un canalla. Pero solo fue un beso, no nos descubrió desnudos retozando bajo la luna.