Disolutos sin Corazón: Serie de Romance Histórico Capítulo 2 #2
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Capítulo 2 #2

―No miento. Si es usted el duque, mi prima se alegrará muchísimo de volver a verle.

Lleva diez meses alicaída sin saber nada.

Compartimos correspondencia y sé de lo que hablo, se lo juro.

―Tuvo la tentación de cruzar los dedos, pero Phenton la tenía sometida a tal escrutinio que no se atrevió.

Ella estaba salvando su vida. Al menos, eso era lo que sentía que sucedía.

―No me engañarás ―señaló, pero Margaret reconoció una fisura en su aseveración. Inseguridad. En su tono hubo un deje de vacilación. Minúsculo pero lo escuchó. Fue igual que cuando Ryan la amenazaba con un jaque mate que sabía que era falso.

―Habla de casarnos en medio de una fuga.

No tengo alternativa más que decirle la verdad.

No me lanzaré como una mártir de un carruaje en marcha, pero le prometo que se arrepentirá cuando vea que se ha equivocado de mujer.

Mi prima me odiará, usted se maldecirá a sí mismo por el error tan grave y esto será parecido a una gran guerra familiar.

La buena y dulce Maggie quedará devastada.

Tantos meses, añorándolo, pensando en su regreso…

Luchando contra su hermano para que aceptase su amor.

―¿Lucha contra Albemarle? Eso suena maravillosamente bien. ¿Amor? ¿Una noche y ella ya se cree enamorada?

Ah, ambas preguntas le dieron alas. La fisura podría ser más profunda si seguía con su papel. No tenía nada que perder.

―Nos confunden mucho, se lo prometo. Dicen que parecemos hermanas. Incluso los mal intencionados han llegado a verter injurias sobre si el anterior conde tuvo una relación ilícita con mi madre. Todo mentiras. Solo somos de la misma familia.

―¿Entiendes que la única manera de probar tu teoría es ir a buscar a tu supuesta prima? ―Él no podía creerse lo que ella tanto insistía en argumentar, pero había algo muy diferente en la muchacha que tenía enfrente y a la que vagamente recordaba.

Phenton solo estuvo en presencia de lady Margaret una noche y recordaba el cabello bañado por el sol y unos ojos claros muy ingenuos que denotaron un carácter tierno…

hasta que se marchó enfurruñada. La que tenía frente a él no simulaba ser la misma joven virginal que jamás había sido besada con anterioridad.

Esta muchacha no parecía la protegida hermana de un conde como Albemarle.

Había algo diferente, pero no conseguía dilucidar lo que era.

¿Estaría ella diciendo la verdad? Se sentía estúpido por tener tanta experiencia como espía al servicio de la Corona y no ser capaz de distinguir una simple mentira.

Había percatado en ella en Hyde Park. Los demonios se lo comían vivo cuando observó que un petimetre la llevaba de su brazo.

En especial porque la doncella no estaba cumpliendo su función de carabina…

Quiso gritar al imaginar que su prometida estaba siendo cortejada por otro hombre.

Hirvió de furia cuando se dio cuenta de que ella tropezaba y que su acompañante la sostenía por la cintura.

Y juró que le regalaría un puñetazo a quien la había hecho reír.

Phenton había deseado darle un empujón a la mujer que lo acompañaba y cargarse a Maggie al hombro para hacer lo que tuvo que haber hecho antes de marcharse a Francia.

No pudo llevar a cabo ni lo primero, ni lo segundo, ni lo tercero, dado que estaba atado de pies y manos al ir con la mujer que estuvo a su lado en Hyde Park.

Pero cuando se desembarazó de ella, pagó a un desconocido para que apartase a la hermana de Albemarle del mequetrefe alegando un robo ficticio.

Para luego darle otro par de monedas a unos chiquillos de clase más bien pobre, para que entretuviesen a la doncella y así poder salirse con la suya.

No se la cargó al hombro, pero sí la sostuvo entre sus brazos dispuesto a unirla a él en matrimonio lo antes posible.

Era cierto que la dama había pasado por su lado sin mostrar ninguna emoción o reconocimiento, cuando estuvieron cerca, pero…

También estaba el hecho de que había esperado preguntas cansinas sobre el motivo por el que la dejó atrás sin explicación alguna…

¿No era eso lo que hacían las damas? ¿Demandar, pedir, exigir y quejarse?

Si sus superiores lo viesen en semejante tesitura…

Si su último jefe de operaciones supiese que una muchacha bonita lo tenía al borde de la inseguridad…

Bueno, todos fallaban en alguna ocasión, dado que Contacto, el alias de su anterior enlace con el gobierno, acabó muerto porque alguien no hizo bien su trabajo.

Así que el más curtido era capaz de meter la pata.

Incluso había escuchado que uno de los mejores espías del reino, el marqués de Ailsa, estaba buscando a la mujer que amaba por medio mundo sin tener éxito…

Y eso que de Patrick ―así se llamaba lord Ailsa― decían que tenía un don especial, que brujas expertas lo habían adiestrado…

Sí. Los buenos y los mejores también erraban. Era algo inherente a la humanidad.

―Piense en Maggie y en mi prometido, se lo suplico.

Su acción nos costará la infelicidad a los cuatro.

¡Cualquier cosa que aclare que le digo la verdad nos servirá para remediar una catástrofe!

―imploró, con los dedos enlazados los unos sobre los otros y las manos bajo su barbilla, en señal de oración.

Casi pensó que la muchacha estaba en misa de mañana rezando a Dios.

Maldijo por lo bajo. Lo había hecho. Ella había conseguido que dudase sobre la identidad de su prometida. Esto no estaba resultando como previó.

Después de desembarcar en Inglaterra, Phenton consideró que llegaría a casa de Margaret, le informaría de que las amonestaciones serían leídas y de que en un par de semanas se casarían.

Por descontado, ella aplaudiría encantada.

Estaba cansado de estar solo, de no tener la descendencia asegurada, por lo que casarse con la hermana de su peor enemigo mientras Albemarle sabía lo que le haría por las noches, le pareció una idea fantástica.

No. Lo que se encontró fue con una muchacha siendo cortejada en el parque mientras él iba del brazo de una mujer a la que no debía contrariar porque… Bueno, eso no venía al caso. Así que las circunstancias imprevistas le hicieron cambiar sobre su proceder y raptarla con discreción.

―¿Qué propones hacer? ―preguntó, sin tener una respuesta clara.

―Vayamos a casa de mi prima. Ella bajará y todo se aclarará en cuanto nos vea a la una junto a la otra. Puede incluso usar una pistola para retenerme. ―Le pareció buena idea decir lo último porque así él se inclinaría a considerar que decía la verdad.

―¿Esperas que entre en casa de mi prometida amenazando a su supuesta prima con un arma de dos cañones? Si hiciera algo así… sí debería estar encerrado en Bedlam ―se quejó, ofendido.

Él tenía una preciosa creación alemana muy moderna de doble cañón e incrustaciones de madreperla que era una auténtica obra de arte, escondida bajo uno de los cojines del carruaje, y no la usaría jamás para amenazar a una joven… que no lo mereciese.

Por su parte, ella, ante la explicación dada, inspiró con cansancio.

Claro, él veía que lo que acababa de relatar era una locura, pero secuestrarla para huir a Gretna Green y casarse frente a un herrero, en un lugar donde no hacía falta el permiso de su tutor ―en este caso el de su hermano Ryan― era algo perfectamente natural.

―Solo digo que sé que no miento, le doy garantías para que me siga reteniendo aunque sea de un modo cuestionable. Usted parecía muy seguro acerca de que yo estaba faltando a la verdad. No sé cómo, pero debo convencerlo de que no soy la dama que cree.

La miró durante unos largos instantes y ella pensó en Ryan. Era como si su hermano estuviese a su lado diciéndole que se mantuviese serena y no dejase que la pescasen en las mil mentiras dichas. Únicamente había una gran verdad en toda la situación y esa era que él era un canalla. ¡De los gordos!

―Le voy a dar una oportunidad, señorita…

¡La estaba invitando a darle un nombre! Margaret se felicitó al fin por la argucia. Había una posibilidad para salir de eso indemne.

―Cross. Laura Cross. ―Improvisó el nombre pero no el apellido.

Para contar mentiras había que tener mucha memoria y Maggie sabía lo que se hacía.

El duque la miró con una ceja alzada como si la acabase de pescar en media falsedad―.

Mi padre y el difunto lord Albemarle eran hermanos, ya le he dicho que la sociedad acusó a mi madre de ser…

En fin, Maggie y yo somos muy parecidas, demasiado, según veo por su mirada acusatoria que desvela que sigue pensando que miento ―musitó.

Phenton se lamentó al momento por no estar al corriente acerca de la familia de su archienemigo y de su prometida.

Había permanecido tan obcecado con Olivia, la mujer por la que ellos lucharon, que lo sabía todo de ella, no así del hombre que se la ganó por la mano.

Sonrió con el pensamiento al darse cuenta de que él estaba manco…

Dejó de sonreír cuando se imaginó a Ryan Cross diciéndole que manco y todo había logrado robársela.

El duque dio un golpe en el techo para que el carruaje se detuviese y cuando el lacayo se acercó a la ventana, Maggie lo escuchó decir que tenían que regresar a Londres a comprobar un asunto importante.

Ella le sonrió y le dijo:

―Gracias. Le prometo que pronto usted mismo me las dará.

―Sí, en cuanto lo echase de casa, después de darle un escobazo o algo así.

Si se casaba con él le haría la vida imposible por todas las cosas terribles que le había hecho, lo cual era una lista que comenzaba a ser más grande que la de cualquier niño que pedía regalos el día de Navidad.

―Ya veremos… ―dijo, a modo de advertencia.